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«Somos obreristas. No del Pitcnt»

16 mayo, 2023

Por Juan R. Rodríguez Puppo

La lucha de clases puede tener su justificación en ciertos pueblos europeos, donde se hallan de un lado los que mandan y los que explotan y del otro los que obedecen y son explotados; pero no entre nosotros, donde no se podría encontrar la línea divisoria entre una y otra clase; estaría bien en aquellos pueblos, donde las clases desvalidas están privadas de todos sus derechos y no hallan otro camino que el de la sumisión; pero no entre nosotros, donde, aunque imperfectamente aplicado, tenemos el sufragio universal y la forma republicana de gobierno, que ponen el destino de las multitudes en ellas mismas, si saben darse cuenta de lo que son y de lo que les conviene. Nosotros nos llamamos obreristas, y no socialistas, en cuyo concepto algunos quieren que entre el de la lucha de clases, porque no aceptamos dicha lucha, que no puede llevar sino al predominio absoluto de la clase que resulte más fuerte y la sumisión de la más débil, y a embarcar a los obreros en aventuras a veces desastrosas, que no siempre son las de sus intereses. » («El Día”, Noviembre 30 de 1919, José Batlle y Ordoñez)

Esta definición por demás clara ya tiene casi 104 años. ¿Es válida hoy?
Claro que sí. Pero como declaración de principios. Hay que aggiornarla al mundo que vivimos.
¿Somos obreristas? Claro que sí. Pero te aviso que pronto ya los obreros serán cada vez menos en su concepción tradicional. Toda la mano de obra se irá adaptando a las nuevas tecnologías, al mundo de la Inteligencia articicial (IA) a la robótica, al 5G y luego al 6G. Entonces ¿Qué es lo que aplica de estas definiciones de hace 100 años?
La primera y la más importante: al igual que don Pepe somos obreristas pero no socialistas y mucho menos defensores del PitCnt. Batlle ya avizoraba el riesgo y el daño que genera esa ideología de lucha de clases que aún hoy persiste en nuestros dirigentes sindicales vernáculos. Por tanto ser batllista es una responsabilidad que nos obliga a entender y apoyar al laburante y sus sufrimientos pero eso poco tiene que ver con la agenda política de nuestra actual central obrera.
Ser obrerista y batllista hoy es preocuparse en reestructurar la educación pública para que los gurises aprendan menos ideología anti capitalista y más de herramientas para progresar en el mundo del trabajo que se viene.
Ser obrerista y batllista hoy es adelantarse al cambio que todos imaginamos y orientar a nuestra gente a adaptarse y hasta a ser líderes en la región y en el mundo.
Ser obrerista y batllista hoy no es enfrentarse al patrón. No siempre quedará tan claro quien es el patrón y muchas veces no habrá explotación del hombre por el hombre en nuestras ocupaciones. Tal vez haya explotación del hombre a la máquina. Y ese hombre podemos llegar a ser nosotros o nuestros nietos.
Ser obrerista y batllista hoy es empujar al que la vida lo ha jodido más naciendo en contextos complicados pero jamás anestesiar esos espíritus «asalariandoles la pobreza». Te empujo, ayudo pero luego…mi amigo…es tu responsabilidad el construir tu futuro.
El Pitcnt nuestro sabe que se le viene la noche. Su discurso no esta preparado para enfrentar el cambio que se viene. Por eso se vuelca con todo a la política. Por eso cada vez más su agenda se vuelve idéntica casi a la agenda de «los públicos». Son los únicos que pueden parar y joder al resto sin sufrir consecuencias en sus laburos.
El batllismo del siglo XXI si es que quieren rescatarlo deberá aggiornarse a esos nuevos desafíos. Entre ellos superar la «cuestión de género». Distinguir entre la lucha por la igualdad sustantiva de la mujer y el oscuro feminismo que esconde tras su discurso de discriminación positiva un burdo interés de cuadros y «cuadras» por ocupar carguitos rentados para perseguir causas reales y otras inventadas. Quiero al batllismo luchando por los derechos de las minorias discriminadas. Pero no corrigiendo discriminación con privilegios absurdo y a tiempo indeterminado.
Don Pepe era reformismo, anticipación, sensibilidad. Jamás odio entre clases sociales. Odiaría vernos repitiendo hasta sus propias frases. ¡Vaya falta de creatividad luego de 100 años!
Si reviviera Don Pepe y nos viera interpretando sus anhelos abrazados de un Marcelo Abdala o de un Fernando Pereira pensando que eso es «obrerismo», nos demandaría a todos penalmente por homicidio a su memoria.


Foto José Batlle y Ordoñez, 1906, por Fitz Patrick