El verdadero drama insoluble

 

Argentina frente al peor de todos los enemigos y de todos los peligros: el Narco

 

En este mismo momento Argentina se enfrena ante el que acaso sea el mayor problema en su vida institucional desde 1853. Aún peor que la guerrilla y las dictaduras. Peor que las hiperinflaciones, los defaults, los 5 presidentes en once días de 2001, la guerra con el Reino Unido o cualquier otro hito desgraciado de su historia.

Una de sus ciudades más importantes, Rosario, una de sus provincias más importantes, Santa Fe, están en manos del Narco. Su población asesinada impune, cruel, deliberadamente, al azar, sus gobernantes amenazados con datos precisos de sus familiares, su policía y guardiacárceles comprados o chantajeados con amenazas sobre sus seres queridos, sus jueces impasibles, impotentes o imputables,  sus cárceles convertidas en cuarteles generales de las mafias, con el gobierno federal que por lo menos hasta el domingo a la noche la dejó librada a la canalla tal vez en una suerte de revancha política, aunque tampoco cuenta con los elementos imprescindibles para una acción contundente.

Tampoco las pasadas conexiones del gobierno provincial con los mafiosos dan muchas esperanzas, aunque ahora harán fila los arrepentidos para rasgar sus vestiduras y prometer una lucha más terrible que la de Elliot Ness. Sólo 60 gendarmes de la Nación había ayer al mediodía en la provincia.

Una lucha a muerte sin equipamiento ni capacidad de inteligencia

El equipamiento policial santafesino es vetusto, escaso, ineficiente y fuera de condiciones de operación, fruto del generalizado deterioro producido sistemáticamente por el peronismo y sus socios socialistas durante muchos años y su tarea de desmoralización generalizada inducida de las fuerzas de seguridad.

Las huestes federales no están en mucha mejor condición. Al punto que se piensa en solicitar el apoyo del ejército para la logística y el transporte, que tiene el mismo problema de anemia de equipamiento. También se baraja, fruto de la desesperación, la idea afiebrada de recurrir a las fuerzas armadas para el combate contra la mafia, lo que fulminan todos los expertos en el mundo.

Las mafias, enojadas porque el gobierno provincial intentó hacer más seria y severa la custodia en las cárceles para impedir las amenazas y extorsiones a las familias de los guardias y evitar que los copten, que amenazaron con hacer sentir su represalia matando gente al azar. Lo que están cumpliendo. Conductores de taxis, de ómnibus, modestos trabajadores son asesinados sólo para demostrar el poder y el enojo de los bandidos.

La ciudad paralizada por el miedo

La reacción de la población ha sido la realización de paros que se van generalizando en protesta por las muertes, el miedo, la parálisis, hasta el ruego al gobierno de ceder a los requerimientos de la Cosa Nostra telúrica para evitar las represalias. La ciudad está detenida, vacia como en una película distópica, como en el peor momento de la pandemia.

El gobierno nacional sabe que tiene que reaccionar contundente y fulmíneamente si quiere mantener el respeto de la población y un cierto orden en un país ya avasallado por el piqueterismo, el sindicalismo y otros delincuentes que se sienten dueños de la propiedad y la vida de sus habitantes.

Patricia Bullrich es probablemente la funcionaria más idónea que tiene el país para la tarea, aunque se enfrenta al resultado de muchos años de corrupción, de compra de jueces, policías, funcionarios, financiamiento de campañas, participaciones, y a los muchos años del imperio del criterio permisivo y abolicionista simbolizado y potenciado por el ex ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, apoyado por el peronismo y muchos políticos desde lo intelectual, lo político y la coparticipación en el negocio. También de algunos que se hacen llamar empresarios.

Como en los años 20, pero peor

Lo que ocurre en Santa Fé no es tan solo una triste remake de los años 20, donde se ganó con justicia el apodo de la Chicago argentina, con don Chicho Grande, don Chicho Chico y Agata Galiffi, hija del primero, a la cabeza de una mafia de cabotaje pero igualmente asesina, repartidora de favores y miedo. El conurbano bonaerense, está también copada por los narcos, sus Tony Soprano propios, con igual o mayor nivel de importancia y capacidad de sometimiento y corrupción que en Rosario.

El partido de La Matanza, emblemático  y abigarrado conglomerado kirchnerista que le ha dado tantos triunfos electorales, está plagado de narcos y soldaditos, de miedo y amenazas. Todos saben quiénes son y donde viven, pero nadie se anima a señalarlos. En las villas miseria tienen además derecho de pernada, como es fácil imaginar.

Los capos de la droga viven durante la semana en modestos ranchos en las villas, pero el fin de semana van a sus mansiones en los countries y barrios cerrados.

La corrupción generalizada en el país, como ocurrió en Colombia y México, hizo más fácil la propagación de esta suerte de poder paralelo, poder blue, podría llamarse. Como el dólar. También en Brasil es un hecho, aunque en el vecino del norte hay como un pacto de no agresión tan corrupto como cualquier mecanismo de negociación o tolerancia del delito más disolvente que existe.

La corrupción, alimento de la mafia

No es entonces casualidad que una parte de la sociedad esté reclamando que se negocie una tregua, una locura desesperada y esclavizante simplemente inaceptable en un estado de derecho. Es también la confesión de que la población se siente desprotegida, justamente una de las pocas funciones en que hay coincidencia de que corresponde al estado el monopolio de semejante garantía mínima. Justamente el estado, los políticos, la justicia, los empresarios y el sindicalismo corrupto han allanado el camino al venderse a las mafias.

Ningún delito de las últimas décadas atribuidos al Narco ha sido esclarecido. Ha habido muertes desembozadas para silenciar a los testigos, denunciantes y arrepentidos sin ninguna consecuencia. En la ciudad de Buenos Aires cuelgan los championes de los cables de luz, letreros luminosos de la venta de droga, sin que medie ninguna acción policial para investigar siquiera esos quioscos minoristas, que también colaboran con el bienestar del policía del barrio.

La pobreza, materia prima de las mafias

La pobreza es la materia prima del Narco. Por eso el peronismo es su abono natural. Con todos los significados de esa palabra. Una constante en todos los lugares donde impera la droga. Los chiquilines son “soldaditos” que salen a matar a los 15 años para conseguir pasta base, o ya tomados por la alucinación. Buena parte de todo el delito que asuela al Conurbano con preferencia, plagado de asesinatos inútiles e inexplicables, es cometido por esos soldaditos que ni siquiera pueden ser penados, acción sancionada por una sociedad buenuda, sensiblera y particularmente estúpida.

¿A cuánto se está de que lo que pasa en Rosario pase en la Ciudad de Buenos Aires, en el Conurbano o en cualquier otra ciudad o pueblo argentino? Si no está pasando ya. ¿Qué capacidad le resta al sistema de seguridad argentino luego de la deliberada destrucción de los últimos 20 años desde el poder, y de la destrucción de la moral pública mediante la corrupción?

Una amenaza más grave que todas

La amenaza es mucho mayor que la de cualquiera de los desastres económicos y políticos que supo construir la sociedad argentina. Es más disolvente que cualquier guerrilla, más empobrecedora que cualquier inflación, capaz de esclavizar más que cualquier dictadura, causar más muertes que cualquier Malvinas, dividir más que cualquier partidismo mesiánico.

¡Pobre Javier Milei! Creyó que el problema más grande con que se enfrentaría era el económico. Nunca pensó que se enfrentaría al riesgo cierto de una desmembración nacional. Tampoco es probable que cuente con el equipamiento y la dotación necesaria para luchar contra semejante amenaza.

Un cisne negro, que todavía no ha sido dimensionado totalmente, pero que puede afectar la vida de los argentinos por muchos años y del peor modo.

Lo que ocurre en el vecino no es una exclusividad. Ha venido creciendo en todo el sur del continente casi siempre tolerado, apañado o tapado por los gobiernos. Y por supuesto, con la materia prima de una pobreza creciente.

Frente a estos hechos Uruguay puede elegir: como es su costumbre, seguir pensando que su caso es distinto, y que nunca le ocurrirá semejante tragedia, a riesgo de no advertir que ya le ha comenzado a pasar, y desde hace bastante tiempo.

También podría elegir subsidiar todavía más con algún formato la pobreza, con lo que obtendrá el mismo resultado que Argentina, además de empobrecer a todo el país y eliminar cualquier chance de empleo, inversión, crecimiento y educación, que es justamente lo que le sirve al Narco. La lotería con que sueña el Frente Amplio: reinar sobre las mafias.

Mientras, la esperanza argentina se llama Patricia Bullrich.