Saltar al contenido

Tú no sabes lo que es sufrir

8 junio, 2024

Silvio Moreira

Casi en la esquina de la calle 51 oeste con la Séptima Avenida existe desde hace décadas un pequeño edificio de frente bastante estrecho, con una puerta que expresa fuertemente el art-decó y tiene una chapa de bronce oscurecida que dice simplemente S.M.E. Millones de neoyorkinos y turistas pasan por esa puerta, pero sólo una selecta minoría proveniente de los cuatro puntos cardinales, se atreve a tocar el timbre porque sabe que exactamente ahí es el Sacher-Masoch Emporium.

Jeques, millonarios, play-boys, bon vivants y toda clase de personalidades excéntricas lo conocen, y a todas ellas las une una oscura y secreta pasión: la frenética búsqueda del sufrimiento masoquista en sus más perversas, sutiles y exquisitas expresiones. Y el Sacher-Masoch Emporium es la meca de la parafernalia, a la que se accede por invitaciones y pruebas selectivas previas que hacen empalidecer a los más complejos rituales masónicos.

Hasta aquí llegó nuestro protagonista, y luego de tocar el timbre y ser atendido por un recepcionista parco pero de modales elegantes que verificó todas sus credenciales, accedió al tercer piso donde verificó una decoración elegante pero clásica, una iluminación bastante tenue que dejaba entrever sillones de cuero elegantes, y algunos muebles cristaleros con piezas de formas atemorizantes. La música de fondo era, por supuesto, las variaciones Goldberg de Bach. De pronto salió al encuentro del visitante un caballero muy alto, impecablemente vestido de etiqueta y de ojos clarísimos. Le dijo en un perfectísimo castellano:

Viene usted desde muy lejos, y recomendadísimo, señor. Será un placer poder atender vuestras necesidades, para lo cual, me anticipo a proponerle que sea usted extremadamente explícito con sus deseos, de modo que el Sacher-Masoch Emporium pueda una vez más estar a la altura de las exigencias de nuestra selectísima clientela.

-Bien. Quisiera que me mostrara algo de lo más nuevo en experiencias dolorosas. Algo que yo pueda comprar, llevarme en una valija, pasarlo por la aduana sin problemas y usarlo en la más absoluta intimidad de mi casa sin molestar a nadie.

Comprendo. Todos nuestros productos cuentan con envío garantizado y entrega privada en el domicilio que usted nos indique. No será necesario dar explicaciones burocráticas durante su tránsito.

-Sensacional. Empecemos con algo fuerte, por favor.

El vendedor chasqueó los dedos y un sector del cuarto se iluminó parcialmente. Apareció algo que era entre indescifrable e indescriptible, pero ciertamente metálico, ocupando una mesa de terciopelo rojo de tamaño mediano.
Este es Polish Sailor Sigmoid Colon Killer, famoso porque un antecesor de este producto fue utilizado por la KGB durante la guerra fría… como premio para sus espías de mayor éxito.
-Mmmm… Confieso que no me seduce.

El vendedor volvió a chasquear los dedos y se iluminó otro sector del vasto salón. En el piso apareció algo que tenía una remota similitud a un Alien pronto para largar una carrera de 100 metros, pero era difícil interpretar la forma real de aquello.
Xenomorph Amoral Impaler. Su sola mención evoca la leyenda detrás de este destello de inspiración convertido en un verdadero pain provocateur… Es la manifestación astrofísica del slogan de la película: “en el espacio nadie te oye gritar”.
-No sé… Yo estoy convencido de que estos objetos primero deben provocar una impresión, una sensación inexplicable… No es el caso.
Inmutable, el vendedor chasqueó nuevamente sus dedos y cuatro asistentes trajeron con mucho esfuerzo una bandeja que portaba algo voluminoso y ciertamente pesado, cubierto por una magnífica pieza de seda roja. El vendedor tiró de ella con elegancia y quedó al descubierto algo que -para el lego- podía confundirse con el bloque de motor de un Lamborghini Murciélago, pero de color negro metalizado.
Con esto, el Sacher-Masoch Emporium va a jugar fuerte. Se trata del Mandingo Black Mamba Anihilator. Es mi deber informarle que para usarlo debe firmar primero una declaración indicando que será decisión única y unánime de su persona involucrarse con esta obra de arte.
-Caramba. ¿Será que estoy acostumbrado a un nivel de dolor altísimo? Veo estas cosas y no me conmueven…

El vendedor chasqueó una vez más los dedos, y se abrió una puerta que dio paso a un salón de paredes negras sin ninguna decoración, dentro del cual había “algo” que ya no solo era mecánico, si no que parecía tener elementos vivos. No había forma de describirlo. La música ahora era una horrorosa letanía en órgano.

Su precio es elevadísimo porque además incluye a cuatro sacerdotes expertos en exorcismos que deberán mudarse con usted y vivir por el resto de sus días bajo su techo. Esto es Baphomet Pure Blasfemy Soul Analizer F35… Esto es el Grado 33 del dolor, estimado caballero.

-Lo dije y lo repito… Esperaba otra cosa…
El rostro del vendedor, hasta entonces impasible, mutó rápidamente en una expresión de sorpresa y algo de fastidio.
Señor! ¡Debo confesarle que nunca vi algo así! ¡Su nivel de tolerancia al dolor es, entonces, enorme!
-Caballero, en mi fuero íntimo soy masoquista… pero vivo en Uruguay, un país donde una diputada comunista afirma que en Cuba hay Democracia, donde los dirigentes de la central sindical comunista admiran a Maduro, a Cuba y a Irán, donde los gays son antisemitas y se enarbolan con banderas palestinas, donde las militantes feministas solo gritan si la muerta es de izquierda, donde si un edificio lo hace la izquierda termina costando 4 veces lo que vale, donde asesinos procesados son considerados héroes mediáticos, donde la justicia solo es justicia si tiene un solo ojo para ver la historia, donde si se presenta un paquete de leyes, si no le agrada a la izquierda hace campañas mintiendo olímpicamente aunque luego se compruebe que nada aconteció como se dijo… ¿Quiere que le siga contando? ¡Mi capacidad de sufrimiento no tiene límites…!!!
Plop…!