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Contraviento

Defender a Yamandú Orsi es muy difícil debido a…¡Yamandú Orsi!

28 noviembre, 2025

La figura del presidente Yamandú Orsi ha sido objeto de análisis y debate, especialmente en relación con lo que algunos sectores perciben como contradicciones entre su discurso y algunas acciones de su gobierno, así como la impresión sobre su nivel de autonomía en la toma de decisiones.

El Caso de la Estancia María Dolores: Preocupación por los pobres Vs gasto a lo loco                                                                       

Una de las críticas más citadas que apuntan a una aparente contradicción es la polémica generada por la adquisición de la estancia María Dolores por parte del Instituto Nacional de Colonización (INC).
Con un discurso que promete cuidar a los vulnerables y administrar con pulso sobrio, aparece la inversión de 32 millones de dólares para beneficiar a 16 productores. Un gesto noble, claro, si uno vive en una dimensión paralela donde la matemática se usa como decoración. La compra de esta estancia ilustra además la contradicción relacionada con políticas medioambientales: la decisión de instalar tambos en los terrenos adquiridos, especialmente en los bajos del río Santa Lucía, mientras al mismo tiempo se impulsa la represa de Casupá en la misma cuenca para abastecer de agua potable al Área Metropolitana, es una verdadera burrada porque aumentar la producción lechera en esa zona podría incrementar la contaminación por residuos, haciendo más difícil y contradictorio el objetivo de asegurar la calidad del agua para el consumo humano.

Orsi dice que le encanta que crean que no manda
No existe una declaración donde Orsi diga que lo manejan, claro, no hace falta.
La percepción está ahí, quieta y obvia, como un semáforo en rojo en una calle vacía…
Sus defensores, fieles guerreros del teclado, sostienen que es solo estilo colaborativo, que la horizontalidad es virtud. Pero a veces la horizontalidad se parece demasiado a la dependencia, y el relato del “líder profundo y dialogante” empieza a sonar a folleto de autoayuda.

La agenda presidencial: versión escondé-lo-que-puedas
Presidencia decide dejar de publicar la agenda en el portal oficial y pasarla solo por WhatsApp, “para evitar confusiones”. Una frase diplomática para decir: “cada vez que anunciamos algo, pasa otra cosa”.
La oposición lee esto como un intento de proteger la imagen del presidente. Y ahí entran los defensores, dando manotazos en el aire para justificarlo:
“Es para ser más eficientes”, “para no saturar al público”, “para mejorar la comunicación directa”.
Claro, claro, claro. Y yo soy astronauta en mis tiempos libres.
La defensa ya parece un deporte extremo: salto ornamental hacia la excusa más conveniente, nado sincronizado en el mar del autoengaño, levantamiento de argumentos livianos como espuma.

Bukele según Orsi: la postal incómoda que sus defensores tratan de esconder bajo la alfombra
La declaración de Orsi sobre que Bukele era “un ejemplo a tener en cuenta” quedó flotando en el aire con la delicadeza de una bolsa de basura volando por la rambla un día de viento.
Y ahí se encendieron todas las alarmas, menos en el campamento de sus defensores, que inmediatamente entraron en modo control de daños.
El guion fue más o menos así:
1. “No dijo eso.” Lo dijo. Está grabado. No es opinable. Pero ellos te miran como si vos fueras el delirio colectivo.
2. “Lo sacaron de contexto.” Claro, porque la frase “es un ejemplo a tener en cuenta” debe tener un contexto oculto donde en realidad significa “no lo tomen de ejemplo nunca”. Una alquimia semántica que solo manejan los intérpretes profesionales del disparate.
3. “No se refería al autoritarismo, se refería a la seguridad.” Como si el problema fuera semántico y no ético. Como si uno pudiera partir un gobierno en porciones, elegir la parte linda y desechar la parte donde se lleva puesta la institucionalidad. Es como elogiar un incendio porque te calienta la casa.
4. “Todos los países miran a Bukele.” Sí, lo miran. Como cuando uno mira un choque en la ruta: con curiosidad morbosa y esperando que no se les ocurra copiarlo. Pero los defensores lo presentan como si Orsi hubiera revelado un secreto de Estado en un acto de lucidez estadista.
La defensa fue tan torpe que hasta dio pena, pero pena del tipo que provoca vergüenza ajena, esa que te obliga a mirar para otro lado como si no conocieras a nadie en la sala.

La frase de Orsi fue un sincericidio incómodo; lo que vino después fue una procesión de acólitos intentando armar explicaciones que se deshacen como polvorones mojados.
Un líder puede equivocarse.
Pero la gente que se mata para justificarle la metida de pata…
Esa sí que merece un premio por ingeniería narrativa aplicada al autoengaño.

Resumiendo
La figura de Orsi genera debate, sí. Pero lo verdaderamente fascinante es observar el ritual de quienes salen a justificar cada contradicción como si estuvieran recibiendo puntos por creatividad. La devoción los lleva a proezas lógicas que desafían la física, la química y, en varios casos, el sentido común.
Son capaces de negar la gravedad, la matemática, las leyes administrativas y la propia biología si con eso protegen el relato.
Se indignan a pedido.
Aplauden a pedido.
Justifican a pedido.
Y cuando uno les muestra lo evidente, te responden como si hubieras insultado a la abuela.
Son la última línea de defensa de un castillo que se cae a pedazos, y no se dan cuenta porque viven debajo de los escombros.
Si alguna vez se otorgara un premio a la gimnasia discursiva, ya habría un podio asegurado…

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