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Contraviento

URUGUAY, un peligroso juego de tronos y el vaciamiento institucional

29 noviembre, 2025

 

Esta columna se fragua al calor de los hechos políticos acontecidos en la presente semana, pero que, vistos en perspectiva, marcan una deriva política e institucional, que a lo largo de los 8 meses de gobierno que transcurren, avanza, en apariencia lenta, pero consistentemente.

Para analizar tal estado de situación, nos valdremos de dos de los hechos que pueden considerarse paradigmáticos:

  • respecto del Presidente y de la Institución Presidencial, la muerte de un efectivo policial a manos de delincuentes, de la que no se da cuenta al Presidente sino hasta casi 12 horas después del hecho y tras haber sido interrogado sobre el particular, admitió, como lo hace habitualmente, que no sabía del incidente.
  • en relación con la Institucionalidad, la Interpelación que llevó a cabo la oposición de la Coalición Republicana – a través del Diputado Gerardo Sotelo- a la Ministro de Salud Pública Dra. Lustemberg, a raíz de la flagrante inconstitucionalidad del nombramiento del Dr. Danza al Frente de ASSE.

 

Orsi, el Presidente, la Presidencia y el juego de tronos

 

El despotismo de la facción no es menos temible que el despotismo de un individuo. Alexis de Tocqueville

 

Hasta la última década del pasado siglo, Uruguay mantenía -respecto de la Presidencia- un sistema de elección de múltiples candidatos bajo un mismo lema (lo que daba como resultado, presidentes electos por minorías relativas como la del segundo mandato de Sanguinetti que lo obtuvo con el 32% de los votos).

Era un sistema que había sido puesto en cuestión, el de una presidencia débil y sin respaldo, como parte de la debilidad institucional que llevó al quiebre democrático de febrero de 1973.

Restaurada la democracia en 1985, con un sistema político dividido en tercios que había puesto en jaque a los dos gobiernos anteriores -e influenciado por una corriente continental que buscaba gobiernos fuertes frente a décadas de inestabilidades- el entonces presidente Sanguinetti en su segundo mandato (obtenido con apenas el 32% de los votos) impulsó la reforma que instauró la figura del “ballotage”. Una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, para obligar a que el Presidente, en esa instancia, obtuviera una mayoría.

El propósito -declarado- de la Reforma fue el de dotar al Presidente de una mayoría propia. Un segundo objetivo -no declarado, pero demasiado evidente- fue el de cerrarle el paso al gobierno al Frente Amplio.

Fracasó en el segundo, porque apenas un período de gobierno después el Frente Amplio accedió al gobierno en 2004, ballotage mediante.

Y fracasó, con mucha menor espectacularidad y más tiempo, pero con un efecto pernicioso y permanente, con el primero de los propósitos, producto de un error de base, conceptual, que hasta hoy se mantiene y del que se dice poco y nada: que un presidente surgido de un ballotage, al día siguiente de la elección, tiene los mismos votos que 30 días antes: los propios. Los votos de la segunda vuelta serán siempre prestados.

Tales aspectos resultan de toda evidencia, tras la elección general de octubre de 2024 donde el Frente Amplio obtuvo un 4% menos de votos respecto del resto de las fuerzas políticas coaligadas en la llamada Coalición Republicana, aún cuando un mes después en el ballotage se impusiera.

El Juego de Tronos frenteamplista: de la Estancia lechera al gabinete de sombras y el Triunvirato de facto

 

La sociedad no puede existir sin el poder de coerción, y donde no hay autoridad, hay anarquía.” Edmund Burke

 No pocas veces se ha dicho, y no sin razón, que la realidad imita a la ficción.

En el proceso, iniciado en junio de 2024 con la elección de Orsi como el candidato único de la coalición Frente Amplio, y su posterior elección como Presidente de la República en noviembre, se han ido concatenando una serie de hechos que recuerdan a la exitosísima serie “Juego de tronos” inspirada en la Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin.

Como se recordará, la serie está llena de elementos con alto contenido simbólico, tales como “el Trono de Hierro”, símbolo del poder absoluto por el cual se obsesionan los que aspiran a hacerse de él.

Ese perverso juego pareció estar presente desde la campaña misma, y con mayor crudeza tras la elección, y posterior asunción del Gobierno, transformándose en una despiadada guerra civil interna luego de la muerte del único líder indiscutido que aún pervivía.

Dejando de lado la larguísima lista de desatinos y marchas y contramarchas -producto de una indisimulable improvisación y una lucha intestina de alto voltaje-, cuya enumeración abrumaría al lector, centrémonos en el acto de gobierno más extravagante -dentro de muchos- sucedido en este período de gobierno: la compra de la Estancia María Dolores.

Un desatino llamado María Dolores

Constituyendo un desatino indefendible y de dudosa motivación, lo que esta columna quiere resaltar en él, es su indudable significación simbólica. Por varios motivos.

En primer lugar, por la forma y oportunidad elegida para anunciar la estrafalaria “compra-homenaje”: dónde se anunció, por quién lo hizo y por cómo lo hizo. Y claro, además, por todo lo que siguió en materia de nombramientos exprés, votos conseguidos a las apuradas, todo ello en medio de una acusación de capricho político que se llevaría puesta por delante toda norma que impidiera su concreción.

Las imágenes del desaforado discurso pronunciado por el Jefe de Campaña de Orsi, Alejandro “Pacha” Sánchez, convertido ya en Secretario de la Presidencia, pero dueño del micrófono en calidad de presunto heredero político del fallecido Mujica, son de las que se ganaron el derecho de permanencia en toda hemeroteca que se precie de tal.

Para este columnista, en el episodio María Dolores concurren todos los elementos que nos llevaron al símil del Juego de Tronos de George R.R. Martin que, para los estudiosos de su obra, contiene por lo menos cuatro aspectos:

  1. el juego del Poder en torno al Trono de Hierro, símbolo donde se sienta el monarca, pero que expresa su verdadera naturaleza por quiénes y con qué propósito acceden a él;
  2. fragilidad institucional: todo el affaire María Dolores con su secuela de nombramientos, renuncias, marchas y contramarchas, no hizo otra cosa que dejar en claro, desde el inicio mismo que estaban dispuestos a usar las normas legales como P.H. y a la Constitución abusarla con amenaza de penetración carnal. Cosa que terminaron haciendo, al fin;
  3. Ética y moralidad relativas, o directamente inexistentes;
  4. Los tiempos históricos: tal como sucedía con los reinos, la caída o muerte de un monarca o dinastía, inauguraba un tiempo nuevo, en general más sediento de poder y menos apegado a cualquier cortapisa que atentare contra su uso discrecional. Tal lo que anunciaba Sánchez, junto al féretro de Mujica.

El fantasma De La Rúa planea sobre Torre Ejecutiva

Desde entonces, haciendo parte de un Triunvirato de hecho, la fuerza política que lo llevó al trono, y la opinión pública expresada a través de las Redes, no ha hecho otra cosa que horadar la escasísima credibilidad presidencial, en un peligroso proceso de “delaruización”, preguntándose cada vez con mayor insistencia y fundamento ¿quién manda en Uruguay?

El episodio de su desconocimiento del horrible asesinato de un Agente policial a manos de la delincuencia, tras cerca de medio día de producido, llevó a que medios y redes volvieran sobre el tema con particular insistencia.

Como suele decirse con frecuencia, Orsi contribuyó a oscurecer la incógnita, tratando de aclarar, cuando expresó que “la instancia última de decisión es mía”, lo que viene a decir que, hasta los márgenes mismos del Trono, los que deciden son los otros.

Y, por si fuera poco, a posteriori Sánchez -metido en la auto-controversia diaria, esta vez con el Bukele sí, Bukele no– contribuyó con unas buenas paletadas de tierra cuando declaró a la prensa “que el presidente está enterado de todos los hechos considerados relevantes en el gobierno”. No aclares que oscurece, dice la sabiduría popular. Porque la pregunta que todo el mundo se hace, a partir de esta afirmación, no es menor: ¿quién determina qué es “relevante” para ser informado al presidente o no? ¿Sánchez? ¿Díaz? ¿Quién?

En resumen, sobre el primer punto planteado en el inicio de la nota, el análisis somero de los primeros ocho meses de presidencia nos muestra a un Orsi errático, contradictorio hasta rozar el ridículo (caso Bukele sí en la mañana, Bukele no en la tarde) y que genera más dudas que certezas. Queda claro que, la concentración de áreas de competencias y poder que lleva a adelante el triunviro Jorge Díaz, tiene más que ver con su propio proyecto de poder, que con la de la institución personal.

las 19 preguntas de Sotelo a Lustemberg

Constitución, Interpelaciones y vacíos institucionales

“Donde no hay ley, no hay libertad” John Locke  

Tanto o más preocupante para la salud democrática de una república que se precie de tal, es la de la plena vigencia de su Carta Magna -el Contrato que nos une como Nación-, su irrestricto respeto por todos los actores políticos en toda circunstancia, y el funcionamiento pleno de toda la institucionalidad democrática, sin condicionamientos partidarios ni, mucho menos, conflictos de intereses.

No vale la pena extenderse en lo que motivó el llamado a Sala, propuesto por los Representantes de la Coalición Republicana, respecto al nombramiento por parte de la Ministro Lustemberg del Dr. Danza en la Presidencia de ASSE, ese mega mutualista que el Estado mantiene para competir con el sector privado de la salud.

Lo que en el caso se le cuestionaba al Ejecutivo es que tal designación -y la defensa del nombramiento a capa y espada- violaba flagrantemente, entre otras normas, el Art. 200 de la Constitución de la República el que, a texto expreso, prohíbe a directores de Entes Autónomos o Servicios Descentralizados (como ASSE) ser nombrados o desempeñar cargos -ni aún honorarios- que dependan directa o indirectamente del Instituto del que forman parte.

Crónica de un «JUTEPicidio»

La proliferación de cargos, funciones y roles médicos en diversas instituciones que interactúan, contratan e intercambian servicios con ASSE por parte del Dr. Álvaro Danza, motivaron el pedido de su renuncia.

Contra la batería de argumentos y acusaciones que esgrimió el interpelante Diputado Gerardo Sotelo, la defensa -pobre defensa- de la Ministro y representantes del partido de gobierno, se limitó a esgrimir el fallo de la JUTEP, el organismo encargado de velar, precisamente, por la transparencia y ética pública. Fallo viciado desde su origen, votado exclusivamente por los 2 miembros frenteamplistas -y voto en contra del representante de la oposición- y cuya resolución implicó, inclusive, ignorar el informe negativo de su propia Asesoría Letrada.

Si había tema en el que la Academia y los expertos en derecho constitucional coincidían era, precisamente, en el carácter inequívoco del Artículo que inhibía al Dr. Danza para asumir la Presidencia de ASSE, o de lo contrario, le obligaba a renunciar a la totalidad de vínculos privados preexistentes.

Tanto y tan clara era la incompatibilidad, que efectivamente Danza tuvo que renunciar a tales puestos, bien que tarde, porque ya hacía meses que desempeñaba el cargo en un obligado part-time, y donde podría haber configurado la figura penalmente reprochable de la conjunción del interés público y privado, toda vez que, por ejemplo, intervino en el cese de un convenio de una mutualista competidora de aquellas con las que Danza tenía vínculos de dependencia.

Tan clara era y es la incompatibilidad que el mismo Frente Amplio en el poder, durante la Presidencia del Dr. Tabaré Vázquez en 2008 cesó al Dr. Baltasar Aguilar de ese mismo cargo al comprobarse su vinculación como médico clínico de una mutualista de San José.

Clara, clarísima incompatibilidad compartida y entendida por el gobierno anterior, cuando designó al Dr. Leonardo Cipriani en dicho cargo, para lo cual debió renunciar a su vínculo con el Círculo Católico, y mantener dicha situación por un mínimo de un año luego del cese.

Sacando conclusiones

Al término de la Sesión, la oposición no contó con los votos necesarios para declarar insatisfactorias las respuestas ministeriales, algo que en lo previo podía preverse.

Sin embargo, lo que resultó más llamativo y políticamente relevante -como muy bien lo marcara el Diputado Sotelo en posterior entrevista con Contraviento (  https://www.youtube.com/watch?v=esnPtJfEF0s ) es que por segunda vez en este período un ministro del gobierno se retira de una interpelación sin el apoyo explícito de su fuerza política porque tampoco contó con los votos necesarios.

Dicho esto, es aquí donde queremos detenernos, en la actitud política de este Frente Amplio que no es el de los tres gobiernos anteriores, ni siquiera lo es el del propio Mujica que acuñó la vergonzosa frase (que es, en sí misma, una definición de su relación con la institucionalidad democrática) de lo político por sobre lo jurídico.

Al contrario de lo que pudiera pensar el ciudadano común, sobre lo que bien podría entender que son cuestiones de “leguleyos” que ni le importan ni le afectan, conviene tener presente que la senda por la cual suelen transitar los sistemas democráticos hacia los regímenes totalitarios está empedrada de estos incumplimientos. La historia reciente está poblada de ejemplos de esta deriva autoritaria a la que hacíamos mención en el inicio de la nota.

Los peligros que nos acechan

La Venezuela chavista, iniciada formalmente por vías democráticas en 1998, está plagada de estos “pequeños” desvíos -verdaderos semáforos en rojo- que fueron ignorados una y otra vez, hasta que un día se encontraron ante el hecho consumado de que Venezuela era un matón instalado en Miraflores dispuesto a gobernar a sangre, fuego, secuestros y torturas.

Pero, si no se quiere recurrir a ejemplos del exterior -no faltará algún despistado que piense lo que pasa o pasó allí aquí nunca pasará- también tenemos nuestro propio ejemplo: el Golpe de Estado de Febrero de 1973 cuando las FFAA impusieron al entonces presidente constitucional el llamado Pacto de Boiso Lanza que creó el COSENA (Consejo de Seguridad Nacional), mecanismo por el cual el poder militar ingresaba al ejercicio real del poder, aún cuando desde el punto de vista formal, hasta junio de ese año, el Parlamento continuara funcionando.

También en aquel tiempo el sistema político estaba desprestigiado, las instituciones desgastadas tras una década de guerrilla y subversión, y tras realizar elecciones en medio de ese estado de guerra interna, la elección de un presidente débil y sin apoyo político que rápidamente se vio vaciado de poder.

No se trata, como dijera el Diputado Sotelo en la entrevista que citamos (y recomendamos) de salir a asustar viejas.

De los que se trata de tener conciencia del lugar donde estamos, las amenazas y riesgos que corremos, y de estar siempre alertas, dispuestos a denunciar y combatir lo que parece ser un hecho consumado: la de un gobierno dispuesto a ignorar los marcos institucionales, con una presidencia donde no deja de planear la duda acerca de dónde reside en verdadero poder.

 Los tiempos por venir nos lo exigen. La memoria de los que lucharon por más de una década para recuperar las Instituciones, hace casi medio siglo atrás, nos lo reclaman.

Sepamos cumplir.

 

 

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