Desequilibrio fiscal en Uruguay

Desequilibrio Fiscal, o por qué Uruguay no puede darse el lujo de gastar más

El país crece cada vez menos y el Estado gasta cada vez más. Esa combinación tiene un nombre técnico —desequilibrio fiscal— pero en la práctica significa una sola cosa: no hay margen.

Una economía que frena, no que arranca

Los números del Banco Central no dejan mucho lugar para el optimismo. En 2025, el crecimiento se derritió trimestre a trimestre:

  • I Trim: 3,6%
  • II Trim: 2,3%
  • III Trim: 1,2%
  • IV Trim: 0,1%

De crecer al 3,6% a no crecer casi nada. Esa no es una desaceleración cualquiera: es una economía que llegó a fin de año prácticamente parada.El promedio de 2025 cerró con un magro  1.8 %

Y las perspectivas para 2026 son muy malas , cae la inversión , la pérdida del agro de 800-1000 millones se hará sentir en las exportaciones

Y sin embargo, mientras la actividad se frenaba, el gasto público seguía su marcha. Los egresos primarios del sector público pasaron de 23.107 a 27.432 millones de dólares en el último año. Un salto de más de 4.000 millones, justo cuando la economía real dejaba de generar la riqueza necesaria para sostenerlo.

Pronóstico de crecimiento para 2026

 El gobierno proyecta casi el doble de crecimiento que la Cámara de Comercio para este año. Y no es una diferencia menor: estamos hablando de un punto entero de PIB, algo que en la economía real se traduce en miles de millones de dólares de actividad, empleo y recaudación.

Los hechos le vienen restando margen al optimismo

El problema para el gobierno es que la realidad viene jugando en contra de sus propias proyecciones. La consultora Exante ya lo advirtió: el crecimiento de 1,8% en 2025 se explicó en gran medida por un «efecto arrastre estadístico», no por dinamismo genuino de la economía.

A esto se suma otro dato incómodo: la propia Encuesta de Expectativas del Banco Central mostró que los analistas e instituciones consultadas recortaron sus proyecciones para 2026, ubicándolas en 1,6% —muy lejos del 2,2% oficial—. Y el propio ministro de Economía, Gabriel Oddone, reconoció públicamente que la actividad viene por debajo de lo previsto y que es probable una revisión a la baja de la meta de crecimiento del gobierno.

Es decir: el propio gobierno empieza a dar señales de que su optimismo inicial podría no sostenerse.

Por qué importa esta brecha

No es solamente un ejercicio de pronósticos. Las proyecciones de crecimiento del gobierno son la base sobre la que se calculan los ingresos fiscales esperados, el déficit proyectado y el margen de gasto público planificado. Si la economía crece 1,2% en lugar de 2,2%, la recaudación esperada no llega, y el déficit —que ya está en niveles altos— se agranda todavía más de lo previsto.

En otras palabras: cuanto más optimista es la proyección oficial, más grande es el margen de error si la realidad la desmiente. Y con un cuarto trimestre de 2025 que cerró en apenas 0,1%, la brecha entre el discurso y los datos ya no es solo teórica.

El déficit no es un detalle contable, es una advertencia

El resultado: el déficit fiscal saltó de -3.121 a -4.692 millones de dólares. Un incremento de casi 50% en doce meses. Como porcentaje del PIB, ya está en -5,3%, muy por encima de cualquier margen prudente para una economía que crece al 0,1%.

Cuando un país gasta cada vez más mientras produce cada vez menos, hay una sola palabra para eso: insostenible.

No es una opinión, es aritmética. Los ingresos no alcanzan a cubrir los compromisos asumidos, y la brecha se tapa con más deuda.

La deuda ya no es un número lejano

La deuda bruta del sector público llegó a 64.129 millones de dólares, equivalente al 45,8% del PIB. Hace apenas un año era 54.599 millones. En doce meses el país se endeudó casi 10.000 millones de dólares más.

Y esto ocurre en un contexto donde las tasas de interés internacionales vienen subiendo, según reconoce el propio Banco Central en su último comunicado de política monetaria. Endeudarse hoy es más caro que hace un año. Cada punto adicional de déficit se paga más caro mañana.

El discurso de «hay que reactivar con más gasto» ignora la matemática básica

Cuando la actividad se enfría, es tentador pedir que el Estado «empuje» con más gasto público. Es un argumento clásico y tiene defensores serios: sostener el consumo, sostener el empleo, evitar que la desaceleración se profundice.

Pero las cuentas nacionales de Uruguay hoy no dan ese margen. Con un déficit que ya escaló a -5,3% del PIB y una deuda que crece a un ritmo insostenible frente a un PIB que casi no crece, cualquier impulso adicional de gasto no sale de una economía sana: sale de más endeudamiento, en un momento en que endeudarse cuesta más.

La proyección de crecimiento de la propia Cámara de Comercio para 2026 es de apenas 1,2%. Si la economía crece a ese ritmo y el gasto sigue expandiéndose como en el último año, la brecha entre lo que el país produce y lo que el Estado gasta no se va a cerrar sola.

Opinión Personal

 

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