In memorian: Hugo Fernández Faingold

In Memoriam: Hugo Fernández Faingold (1947-2025)

Este 22 de Mayo, a sus 78 años, ha fallecido Hugo, hijo de Julia Faingold y del Profesor Hugo Fernández Artucio.

Al retorno de la democracia en 1985, tras cursar sus estudios en Columbia en EEUU, donde residía, volvió al país convocado por el Presidente electo, Julio María Sanguinetti, para desempeñar el cargo de Ministro de Trabajo durante 4 años seguidos.

Para HFF volver al país y servir a la República, tanto desde el ministerio como luego desde el Parlamento y posteriormente como Embajador, le supuso un largo paréntesis. Ese largo interregno de 2 décadas culminó en 2005 tras desempeñarse como Embajador uruguayo ante el gobierno de los Estados Unidos de América.

Los avatares de la política le llevaron a que, entre 1998 y 2000 se convirtiera en Vicepresidente de la República tras el fallecimiento del Dr. Hugo Batalla.

Hombre de profundas convicciones republicanas y democráticas, supo entregar su gran formación técnica, su don de gentes y una extraordinaria capacidad de diálogo y negociación, para enfrentar un Ministerio, como el de Trabajo y Seguridad Social, a donde convergían todos los demonios del pasado de conflictos nunca resueltos. A todos les hizo frente, siempre con el mismo talante, con una sonrisa de ojos entrecerrados que les quitaba hierro a los puños crispados.

A este columnista, por entonces joven como el mismo HFF, le tocó desempeñar un rol político de mucha menor enjundia que el suyo en aquellos tiempos que nos parecían prometeicos, que, no obstante, le permitieron conocerle personalmente.

Siempre encontramos en él, la esencia de lo que Vargas Llosa consideraba el mayor diploma de honor al que podía aspirar un ser humano, el calificativo de un hombre bueno.

En esencia, eso fue Hugo, un hombre bueno, que enfrentó los reflectores del poder, y, como Carlos Alberto Montaner decía de sí mismo, hizo lo que pudo y luego volvió a disolverse en el discreto encanto del anonimato.

En tiempos donde la decencia escasea por doquier, hombres como Fernández Faingold nos recuerdan que las cosas pueden, y deben, hacerse de otra manera.

A su manera, y en su tiempo, bien pudo para parafrasear al César con “vini, vidi, vici”.

Descansa en paz. Os lo ganásteis.

 

 

 

 

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