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Contraviento

Lo importante NUNCA fue la gente

28 junio, 2025

Marcelo Martín Olivera

En las últimas semanas, Uruguay ha sido testigo de una tragedia que golpea la conciencia colectiva: al menos seis personas en situación de calle han muerto por el frío implacable del invierno. Mientras el termómetro baja, suben las críticas ante la ineficiente respuesta del gobierno de Yamandú Orsi, que asumió el poder el 1 de marzo de 2025 bajo la bandera del Frente Amplio. Este gobierno, que se jactaba de tener la solución para todo, hoy enfrenta un escándalo que pone en evidencia su ceguera ideológica: la negativa a aplicar herramientas prácticas por aferrarse a principios que, en la práctica, han costado vidas.

El Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) declaró una Alerta Roja por frío extremo, y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) ha abierto nuevos refugios bajo el «Plan Invierno» Pero estas medidas, tardías e insuficientes, no han evitado la muerte de personas vulnerables.
La ley de internación compulsiva, heredada del gobierno anterior, permitía trasladar a refugios a quienes estuvieran en riesgo vital, con evaluación médica. Sin embargo, el Frente Amplio, en un alarde de purismo ideológico, se negó a aplicarla, argumentando que vulneraba la autonomía individual.

Ahora, en un giro que raya en la hipocresía, el gobierno dispone que sea obligatoria la «evacuación» de personas en situación de calle. Para no dar el brazo a torcer, no le llaman «internación compulsiv»,  le pusieron «evacuación obligatoria». Qué conveniente cambio de narrativa. Cuando el gobierno anterior hablaba de obligatoriedad para los mismos casos, el Frente Amplio puso el grito en cielo y tierra, aduciendo que era un atropello a los derechos humanos y tejiendo mil relatos sobre la dignidad de la libertad individual.

Ahora, a los que tenían la solución para todo, haciendo lo mismo que criticaban, pero con un envoltorio discursivo que pretende maquillar su contradicción.

La ceguera ideológica del Frente Amplio no solo se evidencia en su rechazo inicial a la internación compulsiva, sino en su incapacidad para adaptarse a la urgencia. Mientras el gobierno se enreda en debates sobre la autonomía, las personas mueren de frío. La izquierda progresista, que siendo oposición hacia gárgaras de “Estado ausente”, “muertes evitables” y la machacona frase “medida tardía e insuficiente”, parece más preocupada por mantener su terca coherencia discursiva que por salvar vidas. Es inadmisible que, con la catarata de pesos que los uruguayos aportamos vía impuestos, el gobierno no haya previsto una respuesta más robusta ante un invierno predeciblemente duro. Lo que más indigna es que llegaron haciendo gárgaras de “honestidad”, pero lo único que hemos visto son renuncias bochornosas, despilfarro de recursos por doquier y enroques de compañeros de un puesto a otro, pero no renuncias efectivas. Hacen gárgaras de honestidad, pero no se sacan un peso (nuestro) del bolsillo.

No se puede perder una sola vida más por negligencia, y sin embargo, los uruguayos seguimos contando muertos. El «Plan Invierno», con sus nuevos lugares en refugios, suena bien en los titulares, pero no llega a quienes duermen bajo cartones en las calles. Casos como estos no pueden pasar, y menos en un país que se precia de su tradición de bienestar social.

La pregunta incómoda es: ¿cuántas vidas más deben perderse para que se tomen medidas efectivas?

Uruguay merece un gobierno que priorice la vida sobre los dogmas. La internación compulsiva, con todas sus imperfecciones, es una herramienta que, bien aplicada, podría haber evitado esta tragedia. En lugar de rechazarla por motivos ideológicos, el gobierno debería haberla adaptado, garantizando que se implemente con respeto a los  derechos humanos. Pero no: prefirieron el discurso altisonante y la inacción, hasta que la presión pública los obligó a dar un paso que disfrazan de novedad.

Es hora de exigir resultados. No más refugios improvisados que no llegan a todos, no más discursos que justifican la ineficiencia, no más vidas perdidas por la ceguera de un gobierno que actúa con negligencia. La pregunta no es solo cuántas vidas más se perderán, sino cuánto tiempo más toleraremos un gobierno que pone su ideología por encima de la humanidad.

A cada día que pasa, queda claro que “lo importante” NUNCA fue la gente.

 


 

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