Por Beatriz López López.
La rebelión silenciosa: los números que confirman la muerte del sindicalismo
Tendencias mundiales. Una transformación masiva está ocurriendo en el mundo del trabajo: Brasil se ha convertido en el segundo mercado de freelancers más grande del mundo, solo detrás de Estados Unidos, mientras que el ecosistema fintech latinoamericano creció 340% entre 2017-2023, pasando de 703 a 3,069 empresas. Las startups unicornio se multiplicaron por 18 entre 2017-2021, y el mercado global de plataformas freelance creció de $5.58 mil millones en 2024 a una proyección de $14.39 mil millones para 2030 —un crecimiento anual del 17.7%.
Los Datos Más Reveladores
El cambio es profundo: 75% de freelancers estadounidenses dicen ganar más que en su posición anterior asalariada, y más del 50% de la fuerza laboral de EE.UU. estará involucrada en alguna forma de freelancing para 2025. En Estados Unidos, el número de freelancers aumentó 90% entre 2020 y 2024.
No es casualidad. Es la manifestación estadística de la «animalidad humana» (somos animales, mamíferos bípedos y los únicos que hemos hecho genocidios en el mundo de los seres vivos) pero algunos hablan de ser cada vez más humanos… Sería mejor cultivar nuestra animalidad, y no es broma: millones de personas recuperando su autonomía porque trabajar para otro, literalmente, va contra nuestra naturaleza.
La ciencia detrás del rechazo al trabajo tradicional
¿Cómo salir hacia círculos virtuosos? Ya está sucediendo hace muchos años. ¿Han notado que cada vez hay más emprendedores? Cada vez más gente busca «trabajar por cuenta propia».
No es casualidad. Simplemente sucede de forma espontánea ya que los seres humanos funcionamos desde la autonomía, y esta es la gran disrupción que está sucediendo en el mundo hoy. Los cambios vienen dados por los medios de producción y esto sucede hace ya 30 años.
¿Qué significa realmente la autonomía?
Autónomo significa «auto-norma»: te riges por tus propias reglas. Pero hay algo más profundo aquí que explica por qué millones rechazan la subordinación laboral.
La autonomía es la condición constitutiva del vivir. Un ser vivo se distingue de cualquier otra cosa por su autonomía: cambia desde sí, actúa desde sí, y el sentido de lo que hace no es externo sino propio de él. Es pura naturaleza biológica de los seres vivos. (Maturana-Varela-Mpodozis).
Incluso como humanos, somos seres sociales y existimos en relación con otros, no dejamos de operar como entes autónomos. Por eso, cuando alguien está «en subordinación respecto de otro» es comprensible que surja esa «emoción incómoda, ingrata» porque los bichos se corren de ahí, no les gusta eso, los bichos actúan desde sí en la conservación de su autonomía.
En el trabajo tradicional eres subordinado, dependes de otro, y eso va a contrapelo de nuestra naturaleza biológica más fundamental. La pandemia ayudó a que esto se acelerara, pero el fenómeno viene de mucho antes.
El sindicalista como válvula de escape del sistema
Por eso existe esa cantidad de gente que nunca estará contenta con su trabajo. No es pereza. Es «animalidad humana». Es la tensión constante entre nuestra necesidad de autonomía y la realidad de la subordinación laboral.
Aquí viene la parte incómoda: muchas veces el sindicalista se convierte en el lugar donde la gente va a quejarse. Y puede pasar toda su vida así, – ¡arriba los que luchan! repiten- siendo usados como receptáculo de frustraciones, sin darse cuenta de que su rol se ha vuelto funcional al sistema que dice combatir a través de narrativas que sostienen la ceguera.
La paradoja es brutal: usa la fuerza para defenderse de un sistema, pero esa fuerza terminará siendo contra él mismo, porque cuando la naturaleza habla, nadie puede con ella. Simplemente sucede. Y jugar a ser Dios prometiendo «pública felicidad» es para terminar incendiado en corto y mediano plazo… Realmente, es un deporte de alto riesgo.
La complejidad humana que nadie entiende
A nivel empresarial se dice: «Vamos a mejorar la calidad con un nuevo manual.» «Vamos a cambiar la cultura organizacional con un workshop.»
Todo esto se llama complejidad humana, y los decretos, manuales o el lenguaje simplemente no alcanza, queda corto para gestionar la multidimensionalidad, multisensorialidad humana entrecruzada en el multiverso en el que habita y esto es lo que sucede en el vínculo sindicatos-empresas.
Hay conocimiento, pero ausencia total de entendimiento «animal-humano».
¿Y ahora qué? El futuro del sindicalismo
La pregunta no es cómo hacer que sindicatos y empresas se entiendan mejor. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a reconocer que el problema es más profundo y que se requiere un entendimiento con herramientas que aborden la complejidad? Uruguay parece el ouroboros (la serpiente que se come la cola) donde el sindicalismo tradicional aún predomina, precisamente porque no tiene la masa crítica para la revolución freelance que vemos en mercados más grandes.
El sindicato va a pelear cada vez más porque en su fuero íntimo sabe que esos mundos están por terminarse -esto se ve en el efecto Temu o en la pesca entre otros- y cuanto más vemos que algo que queremos se termina más, nos aferramos a ello, sobre todo cuando éste nos alimentó la tentación de la vanidad o la adicción al placer que el poder cree que le otorga.
Tal vez sea hora de dejar de buscar culpables y empezar a entender que estamos luchando contra la naturaleza humana misma y esto es como el casino: la banca gana siempre.
¿Se habla de esto? No. Pero quizás sea hora de empezar.
La «rebelión silenciosa» contra la subordinación laboral en América Latina no es una moda pasajera sino una transformación estructural profunda del mercado laboral. Brasil se ha convertido en el segundo mercado de freelancers más grande del mundo, el ecosistema fintech creció 340% entre 2017-2023, y el mercado global de plataformas freelance crecerá de $5.58 mil millones en 2024 a $14.39 mil millones para 2030. El 75% de freelancers estadounidenses ganan más que en empleos tradicionales, y una nueva generación prioriza autonomía sobre estabilidad. Esta revolución laboral está redefiniendo permanentemente el contrato social entre individuos y organizaciones en América Latina. Uruguay no es ni será la excepción.
