…Rayan se basa en la historia real de Frederick Niland, rescatado durante el Desembarco de Normandia y regresado a su casa ante la muerte de sus hermanos. Dicho rescate supuso un sacrificio importante y se perdieron vidas para lograrlo. El cine lo vistió de ficción de la mano maestra de Spielberg, y acá desde la humildad de mis líneas intento dibujar una analogía con el esfuerzo de la triarquía presidencial por “rescatar al soldado Orsi”. No se trata de minimizar su figura. No es preciso hacerlo -aunque quisiera- porque el propio Presidente se ha prestado últimamente para hacerse bullying a sí mismo. Sus últimas declaraciones respecto del caso Cardama causaron pena. Sobretodo cuando dándose cuenta que fue expuesto “al santísimo botón” para una jugada política contra el gobierno anterior sale a reconocer que el contrato con la empresa española “sigue vigente”. Y cuando le preguntan ¿Cómo seguir? Contesta: “Así no puede seguir”. Y por si fuera poca la ambigüedad y pobreza de su respuesta la notera insiste con una repregunta:
“Como va a seguir?” y el Presidente le sale al cruce con un tajante:
“No sé”.
Luego de esa nota y de pensarlo mucho en la semana me he llegado a plantear si a esta altura ¿no sería conveniente que la propia oposición generosamente encuentre para el Presidente algún salvavidas jurídico o político que lo rescate? (al igual que a Ryan). Yo sé que en política tanto “buenismo” no paga y que los gestos hay que guardarlos para aquellos adversarios que se lo merecen. Pero Orsi no deja de ser el Presidente formal de todos los uruguayos. Aún para todos aquellos que estamos convencidos de que es uno más en un triunvirato de gobierno. En cualquier caso, vale la pena seguir creyendo que es “un buen tipo” y que su investidura se hace acreedora de algún apoyo crítico aún cuando se haya prestado para un show mediático ridículo en aquella tan mentada conferencia de prensa donde se anunció apresuradamente la rescisión del contrato con el astillero español.
La película “Rescatando al Soldado..” la estamos repasando a diario en los informativos ante cada nota que se le hace a Sánchez o a Díaz o al mismo Fernando Pereira. Están todos buscando una salida elegante para un problema que se lo compraron solitos y que puede exponer al país a reclamaciones millonarias por un mal manejo de las comunicaciones y hasta de información jurídica mínima a la hora de interpretar compromisos internacionales. La única válvula de escape que queda es encontrar alguna eventual responsabilidad penal en la configuración de una garantía por un mínimo valor (comparado con el valor total del contrato) y que nunca se debió ejecutar dado que todos de consuno aceptan que las patrulleras vienen construyéndose con meridiana regularidad. Y por si fuera poco la vieja teoría de Derecho Administrativo del “acto propio” en nada ayuda ante una futura reclamación a Cardama. Este mismo gobierno ha estado pagando cuotas millonarias. Si sospechaba de algún incumplimiento debió haber suspendido algún pago.
Hoy salen a rescatar el crédito presidencial afectado por aquella salida extemporánea y como la autocrítica que le exigen a los demás es una materia olvidada para el FA seguramente inventen algún camino de reculada que sea honroso. Es más. Creo que no solo especulan con caminos que salven en algo el honor del presidente, sino que además ya piensan en alguna posibilidad de acuerdo con Cardama que preserve la estrategia de hacer trizas todo gran proyecto que fuera pergeñado durante la administración Lacalle. Las patrulleras oceánicas no serán la excepción. Fue así que el propio Pacha Sánchez ya insinuó una eventual constitución de un consorcio. Todo esto ya huele a $$$. Debo suponer que se intenta –al menos- no dejar solo al astillero español en la culminación de la obra de construcción. Puedo estar equivocado pero el olfato político me insinúa eso mismo. Tal vez por ahí se cuele la mano mágica que ira al rescate definitivo del soldado que no cayó en Normandía pero que sucumbió en la tentación de mostrar “don de mando” en una materia que le es absolutamente ignota.
