El gran bazar de las cenizas: lo que no dijo Trump

Enrique Guillermo Hernández

​Si usted le cree a los titulares de estos días, probablemente piense que Estados Unidos acaba de firmar su capitulación en Medio Oriente. La prensa internacional y los burócratas de salón se rasgan las vestiduras gritando que la retirada anunciada por Donald Trump es una derrota, un abandono histórico que deja el Estrecho de Ormuz a la deriva y la hegemonía occidental por el piso. Pero la geopolítica real no se lee en los comunicados de prensa edulcorados ni se mastica en los cócteles diplomáticos; se negocia en los callejones oscuros y con el revólver arriba de la mesa. Detrás del humo de los bombarderos B-2 y de la «Operación Furia Épica», hay una mecánica intrépida y brutal que nadie quiere confesar.

​Empecemos por barrer la escenografía y las mentiras oficiales. El descabezamiento del régimen es un hecho. La cúpula mística voló por los aires y el nuevo Líder Supremo es un monigote de cartón que no manda ni en su propia sombra. ¿Quién tiene los fierros entonces? Los sobrevivientes de la Guardia Revolucionaria. Y es exactamente con ellos con quienes Washington está jugando al póker por debajo de la mesa.

​Mientras en público el parlamento iraní y los voceros de los Pasdaran se llenan la boca jurando resistencia y negando cualquier pedido de cese al fuego, los teléfonos arden en privado. Es el «Modelo Venezuela» aplicado a la persa: asfixiar al país, destruir su matriz militar y sentar a los que quedan vivos a firmar su propia sumisión. Estados Unidos no quiere reconstruir Irán, ni empantanarse en otra ocupación eterna, ni clavar su bandera en las ruinas; quiere a una Guardia Revolucionaria castrada y convertida en administradora dócil de un país desangrado. Las negaciones públicas de Teherán de estas horas son la misma pantomima que hacían los cubanos o los jerarcas chavistas antes de que el mundo entero se enterara de que ya habían transado.

​Pero la verdadera obra maestra del cinismo en este tablero es la trampa que le acaban de tender a Europa. En su discurso, el presidente estadounidense amenazó con salirse de la OTAN y le tiró el problema logístico de Ormuz por la cabeza a sus aliados. Y sabemos exactamente lo que va a hacer el Viejo Continente: aterrorizados por el desabastecimiento, los europeos no dudarán un segundo en irse al mazo con sus supuestos principios democráticos. Van a mandar emisarios en las sombras para comprarle petróleo a los mismos verdugos que Washington acaba de masacrar.

​Sin embargo, en la Casa Blanca no dan puntada sin hilo. En el mismo discurso, se deslizó una advertencia letal: la infraestructura petrolera iraní sigue intacta. Es el blanco más fácil. Si Europa intenta puentear a Washington y salvarse sola negociando con la Guardia Revolucionaria, Trump tiene el botón rojo para pulverizar los pozos y las terminales de exportación. Es una extorsión de manual: o Europa asume los costos, le ruega protección a Estados Unidos y termina comprando energía norteamericana, o se arriesga a un apagón continental. No los soltaron; los arrinconaron al borde del precipicio.

​Y en el medio de este ajedrez macabro, asoma una fractura que nadie menciona en voz alta: Israel. Tel Aviv choca de frente con este pragmatismo yanqui. Netanyahu y su gabinete no compran la retirada en tres semanas ni aceptan el modelo de apaciguamiento venezolano. Para Israel, dejar a una Guardia Revolucionaria viva, por más malherida que esté, es inaceptable. No quieren administradores dóciles que el día de mañana puedan vender un relato de resistencia heroica; quieren la aniquilación total de las capacidades del régimen, sin dejar piedra sobre piedra. Mientras Washington busca declarar victoria, estabilizar los mercados y usar la destrucción como palanca de extorsión global, Israel afila los cuchillos para seguir cortando hasta el hueso, ignorando cualquier reloj que le impongan desde la Oficina Oval.

​Nos quieren vender el cuento de una retirada apresurada y una presunta derrota estadounidense. Lo que realmente estamos presenciando es el rediseño del mundo a base de chantaje crudo, dependencia energética y pólvora. Bienvenidos a la geopolítica de verdad, donde las certezas no se declaran en los atriles, sino en lo que se oculta detrás del telón.

Otros Artículos de Enrique Guillermo Hernández:

[b]Sitio alojado en Montevideo Hosting[/b]