Fin Guerra Civil 1904 en el siglo XXI

11M: El día que terminó la guerra civil de 1904

Graziano Pascale

La victoria de la Coalición Republicana -fuerza electoral que une bajo un mismo lema a blancos y colorados- en el departamento de Salto el pasado domingo 11 de mayo bien podría entrar en la historia como el día en el que terminó la guerra civil de 1904, que enfrentó por última vez en el campo militar a las dos fuerzas fundadoras de la nacionalidad, y que se prolongó en las urnas a lo largo del siglo XX y el primer cuarto del actual siglo XXI. Porque, como decía Carl von Clausewitz en su tratado «De la guerra», publicado en forma póstuma en 1832, el año después de su muerte, «la guerra es la continuación de la política por otros medios».

Los conflictos en la joven sociedad uruguaya, como los que suceden en la adolescencia de las personas, adquirieron singular dramatismo en el siglo XIX, que tardíamente finalizó con el estallido de la guerra civil apenas iniciado el nuevo siglo. Pero las diferencias entre los bandos que se enfrentaron armas en mano se prolongaron a lo largo de todo el siglo pasado, lo cual animó la vida democrática del país, al tiempo que se iban consolidando sus instituciones y el progreso económico y social, básicamente en la capital del país y algunos núcleos urbanos del interior.

Bien temprano aparecieron, sin embargo, nuevas diferencias, no ya entre los partidos sino entre sectores de los mismos, que desembocaron en los golpes de 1933 y 1942, que en esencia reflejaron alianzas entre sectores de ambos partidos, enfrentados a sus rivales internos.

La arrolladora victoria del Partido Nacional en las elecciones de 1958, que puso fin a una larga travesía del desierto de 93 años en el llano, fue el primer indicio de que algo empezaba a cambiar en la política uruguaya, porque aquel triunfo se alimentó de una corriente colorada de base rural, liderada por el entonces ascendente comentarista radial Benito Nardone. Al amparo de ese acuerdo, por ejemplo, el colorado Juan María Bordaberry, luego presidente electo por el Partido Colorado en 1971 como delfín del presidente Pacheco Areco, ingresó al Senado de la República en 1962 por el lema Partido Nacional, en el segundo gobierno consecutivo de esa vieja colectividad.

Las fronteras partidarias volvieron a mostrar su fragilidad una década después, cuando blancos y colorados se unieron en una coalición bautizada como «Frente Amplio», bajo el liderazgo del Partido Comunista, entonces fuerza hegemónica del campo de la izquierda, que llevaba adelante la estrategia de los 2frentes populares» para alcanzar el poder, siguiendo las directivas de su casa central de Moscú. Experiencias similares habían ocurrido en España, Francia y Chile, y en el este europeo en los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El camino, entonces, ha sido abonado desde hace varias décadas, más allá de que persistan en uno y otro lado de las viejas divisas recelos y resquemores, alimentados en parte por el recuerdo de las luchas fratricidas y por la dureza del combate político ya bajo la vigencia plena de las instituciones democráticas.

El éxito de la Coalición Republicana en Salto, fruto de amargas derrotas del pasado nutridas por el viejo antagonismo, es la señal clara de que el movimiento ciudadano surgido en el año 2023 en las redes sociales se ha echado a andar. Y aunque los líderes nacionales se encargaron de sabotear el movimiento inscribiendo un lema ante la Corte Electoral con el mismo nombre con el que los ciudadanos bautizaron su iniciativa en las redes, el éxito alcanzado en Salto, y el avance en Montevideo y Canelones, más allá de la falta de convicción y compañerismo que los candidatos mostraron en sus campañas, prueban que no hay otro camino para generar una alternativa creíble al avance de la izquierda y sus grupos satélites.

Lo había visto con claridad Luis Alberto de Herrera, quien poco antes de su muerte el 8 de abril de 1959, escribió: «las luchas que advienen no serán ya entre blancos y colorados, sino entre nacionales, aquellos que quieran o merezcan serlo, y los que no lo son, porque no lo sienten o porque no les conviene».

Depuestas las armas, primero de fuego y luego dialécticas, blancos y colorados están llamados ahora a cumplir nuevamente con su deber como padres fundadores de la la República a la que dieron vida.

 


 

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