La muerte por expediente

Graziano Pascale

De los dos hechos naturales que son por esencia privados, no sometidos a la voluntad ajena y por fuera del alcance de la larga mano del Estado, como lo son el nacimiento y la muerte, uno de ellos está a punto de perder ese carácter, dadas determinadas circunstancias.

El proyecto de ley, que ingresa ahora al Senado para su aprobación definitiva, establece un agotador y extenuante trámite burocrático para que lo que debería ser un acto médico informado y consentido por el paciente o sus familiares -en caso de que aquel de encuentre impedido de expresar su voluntad- se transforme en un expediente administrativo que finaliza en el Ministro de Salud Pública.

No ha faltado en el debate la referencia a cuestiones religiosas, como si las convicciones personales fueran un lastre de épocas oscuras que tienen el propósito de entorpecer el camino hacia la luz de la libertad y los derechos. Curiosamente, nadie ha reparado que todo el debate gira en torno al culto al Estado, religión pagana que castiga con el fuego eterno a quien ose cuestionar alguno de sus ritos.

Repasemos el ritual de la muerte digna acordado por la mayoría de la Cámara de Diputados:

Solicitud – Por escrito, realizada por el paciente ante un médico.

2. Control de admisibilidad – Verificación de condiciones médicas y consentimiento libre y firme.

3. Segunda opinión médica – Consulta presencial con un médico independiente.

4. Tercera opinión (si es necesario) – Si hay divergencias, un tercer médico interviene.

5. Entrevista de ratificación – El paciente confirma nuevamente su voluntad.

6. Última voluntad – Después de al menos tres días, con testigos y por escrito.

7. Administración del procedimiento – El médico cumple la voluntad del paciente

8. Notificaciones oficiales – Se informa al Ministerio de Salud Pública y, si hay desviaciones, a la Fiscalía .

El sufrimiento del paciente abre un compás de espera para que la burocracia haga su trabajo, y se verifique la realización de cada paso, que naturalmente fue fruto de arduas negociaciones para dar «mayores garantías» al procedimiento. Prolongar el padecimiento del paciente será ahora algo impuesto por la ley, que se inspira precisamente en lo opuesto.

Como muchos de los lectores, este columnista ha vivido la angustia que provoca ver a un ser querido en el doloroso tránsito, y ha deseado con todas sus fuerzas evitar ese sufrimiento a través de un último acto de amor. Y así se lo hizo saber al médico actuante. En el fondo, de eso trata la medicina: si no se puede salvar la vida, evitar hacer daño, entendiendo por daño el sufrimiento evitable en un caso irreversible. Es de la esencia del trabajo médico respetar la voluntad del paciente, y asumir la responsabilidad por los actos que se practican en busca de su bienestar físico y espiritual.

La «politización de la muerte» es un espectáculo desconcertante, especialmente por el creciente fracaso del Estado en proteger la vida de quienes ni están enfermos ni desean morir.

 

 

 

 

 

 

 

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