Graziano Pascale
A estar por la impresión predominante hoy en los ambientes políticos vinculados a los partidos de la Coalición Republicana, las posibilidades de que finalmente se acuerde un lema único para participar del próximo ciclo electoral 2029-2030 (elecciones internas, primera vuelta de octubre y elecciones departamentales) son muy escasas, por no decir nulas.
Más allá de algunas declaraciones a favor de mantener la Coalición Republicana como espacio de coordinación común, no se han escuchado pronunciamientos claros y terminantes por parte de figuras de primera línea en favor de adoptar un lema único para competir en las próximas instancias electorales. Esto es un hecho.
Las razones que sustentan este comportamiento ambiguo son varias, y dependen del partido en el que se busque una explicación. En Cabildo Abierto, por ejemplo, hay grandes reticencias por el trato recibido durante el gobierno anterior, que no apoyó algunos de sus planteos más importantes, lo cual impidió un relacionamiento más fluido y coordinado, especialmente con el Partido Nacional.
En el Partido Colorado las diferencias se acentúan en su interior, ya que mientras el senador Andrés Ojeda, ganador de la elección interna y candidato presidencial, es un entusiasta partidario del proyecto del lema único, su rival interno, el senador Pedro Bordaberry, ha expresado su negativa, en el convencimiento de que mantener la identidad partidaria en lemas separados resulta más útil que coaligarse bajo un lema común.
En el Partido Nacional, por su parte, coexisten ambas posiciones, aunque sin abanderados tan claros. En los hechos, en este tema esa colectividad actúa como una federación de 19 partidos diferentes, ya que la realidad electoral de cada departamento plantea dudas a sus líderes locales sobre la conveniencia de un lema único, especialmente donde los caudillos nacionalistas ejercen una hegemonía tal que no necesitan aliados para mantenerse en el poder. Aunque también en este punto hay matices, como lo demuestra el departamento de Salto, donde el lema único fue clave para la victoria electoral del intendente Albisu.
No sin razón, los demás partidos plantean a los blancos que el lema único funcione también a nivel departamental, un reclamo que por lo expresado antes no encuentra mayor eco, y constituye un obstáculo que no puede ser salvado por una dirección nacional que en este punto debe contemplar a quienes representan al grueso de sus votantes.
Un antecedente clave
Hace tres años, en las puertas del ciclo electoral del 2024, publicamos en CONTRAVIENTO una encuesta de Radar, la consultora que dirige Alain Mizrahi, que mostraba claramente la existencia de un espacio político común de los partidos entonces en el gobierno, que superaba los límites de las colectividades que lo integraban. Este fenómeno sólo puede haber crecido desde entonces hasta hoy, habida cuenta de la adhesión decreciente de los nuevos votantes por las viejas divisas. Para confirmarlo, estamos evaluando repetir aquella encuesta, incorporando esta vez nombres de figuras emergentes para medir su adhesión dentro de este espacio político común.
Aquella encuesta fue el punto de partida de un movimiento de ciudadanos «de a pie», manifestado en las redes sociales, que dio nacimiento a una movida en favor de constituir el lema «Coalición Republicana», que finalmente fue seguido por los partidos formalmente constituidos, pero acotado a las elecciones departamentales, en las que el lema fue utilizado con suerte variada en Montevideo, Canelones y Salto.
Con el fracaso estrepitoso de la Coalición Republicana en la última elección nacional, que no hizo otra cosa que dejar en evidencia la separación entre los líderes y sus seguidores, resulta obvio que aquellos ciudadanos que se movilizaron por su propia iniciativa, y otros que se fueron sumando a la idea en los últimos dos años, no se quedarán de brazos cruzados mientras los jefes de los partidos se empeñan en repetir su error.
El espacio político existe. Sólo falta que una personalidad vigorosa, con experiencia probada de gobierno y amplia simpatía popular, convencida de la necesidad de darle a este poderoso movimiento ciudadano una expresión electoral, asuma el compromiso de levantar la bandera. Con o sin lema único. Porque, al fin de cuentas, la suerte del país no puede quedar en manos de cinco dirigentes que desconfían el uno del otro, mientras que el Uruguay que una vez fue orgullo de sus habitantes, se va destruyendo a pasos agigantados.
