Ni Trump, ni Cuplé a Rivera

Donald Trump provocó un terremoto importante en las sensibilidades zurdas del mundo al publicar un montaje donde Barack Obama y su esposa Michelle aparecen con sus cabezas en cuerpos de monos. El escándalo fue universal. Todos los medios se hicieron eco de esta falta de respeto y contenido racista. ¡Mirá que un presidente para hacer una publicación de esas, en épocas tan sensibles, tiene que ser muy pelotudo! Por mucho menos, a una gurisa la tienen presa en Brasil. En un momento de calentura una chica argentina hizo gestos alusivos a los monos hacia un mozo que antes le había hecho gestos agarrándose los genitales. La filmaron a ella. Al tipo no. Ella es condenada por racismo, y está ahí  muerta de miedo esperando que los brasileros decidan lo qué le va a pasar.

Lo de Trump está mal. Es el presidente de una de las potencias más poderosas del mundo y esos gestos tan infantiles suyos y tan polémicos, lo único que logran es darle la razón a sus críticos que lo tienen entre ceja y ceja señalándolo como pedófilo por aparecer en una lista donde muchos personajes importantes de EEUU iban a una isla a tener sexo con menores de edad.
Y por supuesto que es condenable. Le está faltando el respeto a un ex presidente de su propio país, y las instituciones se deben respetar. Así que la condena me parece correcta y totalmente aplicable.
Peeeeero…
Muchos recordarán que en la pandemia, en un programa de radio Montevideano, un “humorista” salió a recitar un cuplé. Según San Google: «Cuplé» se refiere a un género musical español de canción corta, ligera y pícara, popular en teatros a finales del siglo XIX y principios del XX, caracterizado por su ingenio, dobles sentidos y crítica social. También es una parte fundamental de las murgas uruguayas (como en el Carnaval), donde es un relato satírico con comentarios del coro.

El «simpático y divertido» ¿cómico? ¿payaso? le dedicó en su momento, a la gente de Rivera, frasecitas tales como que al no poder matarlos, habría que expulsarlos del país y entregárselos a Brasil: “/ porque matarlos la verdad que queda feo/ es aceptar que no los podemos criar/ y declararlos territorio brasilero/ Y salta, quedátelo Brasil, no te hagas más el gil si siempre fueron tuyo/ ”, calificándonos lisa y llanamente de ignorantes: “al riverense le decis China Zorrilla/ y se imagina una asiática putilla/”, retardados: “el riverense en promedio es retardado/ te lleva un “tuper” si le decís hisopado” e incestuosos: “tiene pastores y “garchan” entre hermanos”/ no saben leer, son más oscuros y hablan raro/ más que uruguayos se parecen africanos”.
En este caso al autor lo defendían varios, incluida Carolina Cosse, hoy vice presidenta, alegando que lo suyo era humor.

Y ahí queda en evidencia la doble cara, el doble discurso del zurdaje: Si insultan a otro zurdo “¡Oh, Ultraje!”, si insultan a un departamento del Uruguay donde el FA, nunca tuvo muchos simpatizantes, y donde justo ese año había perdido a su diputado frente a Cabildo Abierto, entonces si, la burla, el desprecio y el odio son aceptables y festejados.

Eso es lo inaceptable. O se condena todo, o no se condena nada. Tal vez haya que salvar las distancias, uno es un presidente, el otro un murguero bobito con micrófono; no son lo mismo, pero el hecho si es el mismo: la misma virulencia, la misma falta de respeto, el mismo desprecio.

Eso es lo condenable SIEMPRE, no sólo cuando atacan a uno de mi lado, sino cuando atacan también al de la otra vereda. ¡Sólo faltó ver a la vicepresidenta llorando en cadena nacional, ofendida por el montaje de Trump!.
La misma que lloraba en cadena nacional, cuando el agua era cien veces mejor que la que hoy está entregando su gobierno. La misma que, cuando debió callarse, salió a opinar, y con una sonrisa deslavada, defendía al autor del cuplé insultante sosteniendo que eso era “humor”.

No, no era humor. Era insulto. Y desprecio. Y muchos lo avalaron por el solo hecho de que allí, los zurdos son minoría. 

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