Con esa frase arrancó su alocución en la 80° Asamblea General de la ONU nuestro Presidente Yamandú Orsi.
El aparato de comunicación de Presidencia nos réplica en medios y redes su discurso leído haciéndonos creer que Orsi le estaba dando un mensaje de paz al mundo y todos los que vimos las fotos que – oficialmente- nadie publica, sabemos de sobra que cuando le tocó disertar a nuestro Presidente no se quedó nadie en sala. La ONU ya de por sí es muy inoperante. Dentro de esa inoperancia lo peor es la Asamblea General. Trátase de un órgano meramente deliberativo. El gran Salón está lleno cuando hablan los Presidentes de las principales potencias y luego desaparecen todos a almorzar o hacer compras en Wallmart. Guste o no..es así.
Las imágenes son elocuentes En el auditorio solo quedaban los 5 miembros de la delegación uruguaya, 2 representantes de Vanuatu y Guinea ecuatorial y 3 ujieres. (y poco más). Tampoco con este conteo quiero menospreciar la importancia relativa de nuestro primer mandatario. Su discurso leído (con menos furcios) no deja de ser una declaración de principios al menos- válida para nuestro micromundo uruguayo.
Habló para nosotros y eso es suficiente. Y no importa si su mensaje presumía de mostrar una pose pseudo mesiánica oriunda de Canelones y apostando a salvar el mundo -tal vez-con un “asado en el Quincho de Varela”.
Habló para nosotros, los 3 millones y eso solo ya amerita que le otorguemos toda la atención posible con un análisis critico-constructivo.
Es positivo que Orsi no haya recaído en repetir adjetivaciones facilongas de la “pesada” del Pitcnt acudiendo al tan mentado genocidio. También es compartible que un Presidente uruguayo condene todo tipo de acciones terroristas y alabe los gestos republicanos de nuestros ex presidentes. Don Yamandú tuvo la suerte que no tuvo Donald. El teleprompter estaba funcionando. Y trató de “vender” la mejor imagen de nuestro país. A diferencia de Donald nuestro Presidente le vendió esa imagen solo a los uruguayos (al de Vanuatu de Guinea también). Donald le habló al mundo y vaya si habrá hecho ruido con su fuerte mensaje.
Orsi siente y nos quiere hacer sentir orgullosos de vivir en un “paraíso republicanista” que no se compadece mucho con una creciente degradación de valores que todos asistimos a diario -al menos- en lo que va de este siglo. Lo oímos leer su discurso y la imagen del príncipe Myshkin de Dostoievsky nos desató crueles analogías. Tanta inocencia y candidez no se compadece con la propia opacidad de su entorno.
El “Vengo de un país..” como preámbulo de una invitación al mundo de ser sede de un teórico encuentro por la Paz en Medio Oriente no resiste el menor análisis. Y menos en una pieza oratoria frente a una platea con menos hinchas que City Torque. Los uruguayos podemos estar orgullosos de muchos logros pero uno de ellos fue siempre reconocer nuestra humilde existencia.
No estamos en condiciones de garantizar la paz de nadie en este mundo en estos momentos. Porque yo también “Vengo de un país”:
Vengo de un país donde una manga de enfermos de odio van con pancartas palestinas y cánticos antisemitas a la puerta de un colegio judío a apretar niños psicológicamente.
Vengo de un país…donde prohíben los facones y vino a los gauchos acampados al mismo tiempo que el Estado te vende droga en las farmacias.
Vengo de un país donde la ley prohíbe los piquetes pero el Ministerio del Interior no hace nada para impedir que se bloquee cargar barcos con carne para Israel
Vengo de un país…donde el que gobierna prometió en campaña y en debate presidencial que no subiría los impuestos y la primera cosa que propone en ley de Presupuesto son 4 o 5 impuestos directos o encubiertos.
Vengo de un pais ..que hace gárgaras con la pobreza infantil y su Ministro de Economía permite al de Ganadería comprar una estancia-Mausoleo de 34 millones de dólares para favorecer a 16 colonos.
Vengo de un país donde en el salón de actos de Presidencia se autorizó un show erótico en modo “puticlub” por parte de un trío de señores que se autoperciben señoras (nada que objetarles por eso) desprestigiando la investidura de nuestra institucionalidad.
Vengo de un país cuyo presidente aprovecha un viaje oficial para instar a socios políticos internacionales a homenajear como Gran Demócrata uruguayo a alguien que se alzó en armas contra una democracia. Alguien que se jactaba de su felicidad por entrar a un banco armado “con una 45 en las manos” no puede ser hoy la excusa para reivindicar a nuestro país como sede de acuerdo de paz alguno en el mundo.
Cuanto orgullo sentiríamos hoy de nuestro Presidente si sólo se hubiera limitado a aprenderse de memoria una sola frase de su discurso y la hubiera repetido en la soledad de ese enorme salón:
“condenamos toda clase de terrorismo provenga de quien provenga”
