Cómo retomar la senda de la Suiza de América, ahorrando millones

Roque García

Hay columnas que informan, otras que entretienen, y otras que, la verdad, pasan sin pena ni gloria. Pero cada tanto aparece una columna que puede ahorrar millones. Esta es una de ellas. Porque si frenamos a tiempo un proyecto innecesario, el bolsillo de todos los uruguayos respira.

En Montevideo, la Intendencia quiere gastar 10 millones de dólares solo en un estudio para un túnel bajo la avenida 18 de Julio. Y si el proyecto avanza, la obra costaría alrededor de 500 millones de dólares.

Mientras tanto, en Ginebra, hace apenas unas semanas, los vecinos frenaron en referéndum la construcción de un puente peatonal sobre el lago Lemán, valorado en 68 millones. Dos ciudades, dos proyectos distintos, un mismo mensaje: cuando los vecinos se organizan, las obras que no sirven se detienen.

El túnel de Montevideo: deuda, desorden y prioridades torcidas

La Intendencia quiere construir un túnel bajo 18 de Julio. Antes de mover una piedra, planean gastar 10 millones de dólares en consultorías internacionales, porque el BID exige que el estudio lo hagan firmas “aprobadas” por ellos.

Diez millones para un diagnóstico preliminar. Para ponerlo en perspectiva: es casi la mitad del presupuesto anual de la Facultad de Ciencias. Con esa plata funcionan institutos de Biología, Física, Química, Matemática, Ecología y Geología. Pero ninguno de esos institutos hará el estudio: lo harán consultoras extranjeras. Uruguay paga; el conocimiento queda afuera.

Y el costo inicial es apenas el comienzo.

Uruguay viene acumulando deuda a un ritmo que preocupa:

2023: 62,4% del PIB

2024: 68,7%

2025: 77,6%

Hoy pagamos 5.000 millones de dólares al año en intereses. Repito: intereses, no deuda.
Eso es más que todo lo que gasta el país en educación pública: todas las escuelas, liceos, UTU y facultades juntas.

La Intendencia, además, está en déficit permanente.
Conclusión: el túnel se hará a deuda. Lo pagarán todos los uruguayos, incluyendo los que viven en el interior y nunca en su vida pasarán por 18 de Julio.

Montevideo necesita soluciones, no caprichos faraónicos

Mientras se discute un túnel de 500 millones de dólares, la ciudad se cae a pedazos en problemas urgentes:

La Ciudad Vieja se vacía y se deteriora.

Los comercios cierran.

La población en situación de calle aumenta.

Las veredas están destruidas.

Más de 1.000 paradas de ómnibus no tienen refugio.

La Intendencia instaló 400 nuevas paradas “inteligentes”, pero no donde se necesitan; las instalaron donde la publicidad rinde más. No son paradas para los vecinos: son paneles de propaganda.

Barrios enteros siguen esperando refugios básicos, pero allí donde el bolsillo aprieta, solo llegan discursos, no infraestructura.

Durante la campaña desde Recuperar Montevideo, presentamos una solución simple y barata: “Flechar 18”, convertir la avenida en una sola vía hacia el Centro. Una medida de bajo costo y alto impacto. Eso es lo que necesita Montevideo: ideas que funcionen, no túneles que nadie pidió.

El puente de Ginebra: cuando el render te indigna más que el costo

En Ginebra, el proyecto era distinto, pero el dilema idéntico. Se propuso construir la Passerelle de la Rade, una pasarela peatonal y ciclista sobre el lago Lemán. Objetivo: separar peatones y ciclistas del tráfico.

Costo: 68 millones de dólares.
Diseño: monumental, sobrio y… polémico.

Apenas aparecieron los renders, los ciudadanos pusieron el grito en el cielo. Dos objeciones claras:

demasiado caro incluso para los suizos,

afeaba el paisaje icónico del lago.

Entonces nació una organización ciudadana para “proteger el patrimonio” y evitar que la ciudad quedara más fea, como dijeron sin tapujos.

En Suiza, para obligar una votación popular alcanza con reunir entre 4% y 7% del padrón, según el tipo de gasto. Consiguieron unas 4.200 firmas. Con eso bastó para llevar el proyecto a referéndum.

Resultado: 53,9% votó NO.
Listo. Fin del proyecto.

Los opositores argumentaron que el crédito era exagerado, que no solucionaba los problemas reales de movilidad y que lastimaba la imagen de la ciudad.

Democracia directa: cuando la gente dice basta

El caso de Ginebra muestra cómo funciona la democracia directa en Suiza: los ciudadanos tienen la última palabra. No importa cuántos arquitectos distinguidos apoyen la obra ni cuán futurista sea el render. Si la gente no lo quiere, no se hace.

En Montevideo, existe un mecanismo similar: el referéndum departamental.
Con el 25% del padrón —una cifra seis veces más alta que en el sistema suizo, algo que deberíamos revisar—, la Corte Electoral organiza la votación. El resultado es obligatorio.

No sería la primera vez. En 1951, el famoso Plebiscito del Vintén frenó el aumento del boleto. Cuando la ciudadanía se organiza, puede marcar límites claros.

Vecinos que deciden, ciudades que se salvan

La comparación es sencilla y poderosa:  Ginebra frenó una obra de 68 millones. Montevideo todavía está a tiempo de frenar una de 500 millones. El mensaje en ambos casos es idéntico: no se puede gastar en proyectos de prestigio mientras las necesidades básicas siguen postergadas. Las ciudades no necesitan túneles millonarios ni puentes monumentales para demostrar modernidad. Necesitan veredas seguras, transporte público digno, y barrios con vida. Montevideo no necesita un túnel de 500 millones.
Ginebra no necesitaba una pasarela de 68 millones.  Lo que las dos necesitan —y lo que cualquier ciudad que aspire a ser seria necesita— es que sus vecinos tengan voz, voto y coraje para decir “basta”.

La democracia directa es la mejor vacuna contra el despilfarro.
Cuando los ciudadanos se organizan, no solo protegen su bolsillo: protegen la identidad de su ciudad.

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