Prólogo: La rebelión del tabaco (1891‑1892)
A fines del Siglo XIX, el Monarca reinante de la Dinastía Qajar, el Sha Naser al‑Din concedió a una compañía británica el monopolio del tabaco.
Para los comerciantes del Gran Bazar fue la gota que derramó el vaso. Hartos de la virtual tutela británica, viendo amenazada su subsistencia, mercaderes y cultivadores se rebelaron.
Con un monarca débil, a la Reina Madre Mahd‑e Olia (mujer de armas tomar, según sus cronistas) un conflicto de esa naturaleza en las propias puertas de Palacio la sacaba de sus casillas. Es que esa Dinastía debilitada, en la que su hijo había heredado de su padre el trono, pero no su carácter, siempre ocupado en atender un harén que las lenguas viperinas que pueblan las Cortes situaban en no menos de mil mujeres, en menos de un siglo había perdido demasiado.
Para una cultura milenaria, cuyos dominios se habían extendido por todo el mundo conocido, perder dos guerras contra el Imperio Ruso, donde dejó el Cáucaso, Georgia, Armenia y Azerbaiyán, la herida era demasiado grande y la debilidad monárquica era mucha.
Es en ese marco, con un Gran Visir desbordado e impotente, que acuden por ayuda, por vez primera, a la ciudad de Qom, la cuna de los Ayatolás.
En respuesta, el Gran Ayatola Al-Shirazi emite una fatwa prohibiendo el consumo de tabaco, que fue acatado masivamente. La concesión fue anulada: el clero emergió como fuerza política capaz de movilizar al pueblo contra el poder y las potencias extranjeras, y convertirse en el fiel de la balanza, refugio último de poder.
“El Islam será político o no será.” — Ruhollah Jomeini
Este episodio no terminó con la Dinastía Qajar, que sobrevivió hasta 1925, pero marca el principio del fin de la herencia persa clásica y el inicio del clericalismo shií como actor político central.
I- El eco de Ciro y Jerjes
El Irán moderno- una nación multiétnica heredera de varias tradiciones- es, sin embargo, la heredera natural de una de las civilizaciones más antiguas, que se remonta a Ciro y Jerjes. Un imperio que dominó desde el Mediterráneo hasta Asia Central. Esa memoria de grandeza es el telón de fondo de cada crisis moderna.
“La libertad es como la verdad: nunca se concede, siempre se conquista.” — Oriana Fallaci
La paradoja iraní es que, pese a su antigüedad, sigue atrapada en dilemas de poder y legitimidad, incapaz de romper el ciclo de dependencia y captura ideológica.
II- La Revolución Constitucional (1906‑1911)
El primer parlamento en el mundo islámico -el Majlis- fue un intento audaz de limitar el absolutismo del Sha. Bazaríes, clérigos y minorías se unieron para exigir representación.
Apenas dos años después de establecido, en 1908, Rusia volvió a las hostilidades, bombardeando el Majlis, en tanto Gran Bretaña intentaba defender sus vastos intereses en tierra persa.
“La imaginación de la libertad es más peligrosa para los tiranos que la libertad misma.” — Salman Rushdie
El constitucionalismo sobrevivió apenas 3 años más, pero dejó una semilla: la idea de que Irán podía ser gobernado por leyes y no por caprichos.
III. El interregno del petróleo (1911‑1951)
El descubrimiento del petróleo en 1908 y la creación de la Anglo‑Persian Oil Company en 1909, convertirían a Irán en una potencia energética, aunque ello bajo condiciones consideradas humillantes, para los incipientes movimientos nacionalistas. Tras el fracaso constitucional, Irán había quedado dividido en zonas de influencia ruso‑británicas.
En 1921, mediante un golpe de estado encabezado por Reza Pahlavi, fue depuesto Ahmad Sha, el último monarca de la Dinastía Qajar.
En 1925, Reza Pahlavi es coronado Sha, reinstalándose la Monarquía.
Nacido en 1878 en la provincia de Mazandarán al norte de Irán y al sur del mar Caspio, Reza ascendió desde soldado raso en la Brigada Cosaca Persa hasta Comandante militar, lugar desde el cual tramaría el Golpe que lo pondría en el poder.
“El nacionalismo es la respuesta desesperada de los pueblos cuando sienten que su identidad se disuelve.” — Douglas Murray
El nuevo Sha se propuso una profunda y rápida modernización del país, valiéndose del petróleo, convertido políticamente en el nuevo Gran Bazar: el espacio donde se jugaba la soberanía.
IV -Mosaddegh y la ruptura (1951‑1953)
Mohammad Mossadegh, un político nacionalista y jurista de origen aristocrático, llegó al poder como Primer Ministro de Irán en abril de 1951, elegido por el Parlamento (Majlis) con amplio apoyo popular tras años de lucha contra la influencia extranjera. Un mes antes, una coalición opositora en el Majlis había forzado la nacionalización del petróleo, hasta entonces en manos de la Anglo-Iranian Oil Company.
Líder del Frente Nacional (fundado en 1949), formó una coalición de partidos nacionalistas, liberales y reformistas junto con un sector de la burguesía nacionalista, del clero chií, de los sindicatos y en menor medida, del Partido Tudeh (comunista).
Sus postulados clave giraban en torno al nacionalismo antiimperialista (tanto del británico, como de americano y no menos del soviético) soberanía plena sobre los recursos naturales, defensa de la democracia parlamentaria frente al poder absoluto del Shah, reformas sociales (como redistribución de tierras, seguridad social, independencia judicial y reducción de la influencia militar extranjera), todo ello en el marco de una monarquía constitucional.
Sueño de una noche de verano…
Sin embargo, esos apoyos se revelaron endebles y el programa -considerado de corte radical por muchos actores, en especial de las potencias extranjeras- contribuyó a debilitar su liderazgo, cosa que fue aprovechada por Gran Bretaña y EEUU principalmente.
En una Operación (denominada Ajax) orquestada por el MI6 británico y la CIA estadounidense, el 19 de agosto de 1953 fue depuesto mediante un golpe de Estado.
El Shah, inicialmente reacio, fue persuadido (incluyendo sobornos a su entorno) y terminó firmando un decreto destituyéndolo y nombrando a Fazlollah Zahedi como nuevo primer ministro. Tras un intento fallido inicial, protestas pagadas, propaganda masiva, intervención militar y violentos enfrentamientos (con cientos de muertos), las fuerzas pro-Shah asaltaron la residencia de Mosaddegh, quien se rindió.
Mosaddegh fue juzgado por traición, condenado a tres años de prisión y luego pasó el resto de su vida bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1967.
Este evento marcó un hito en la historia de Irán y generó un profundo resentimiento antioccidental que, a la postre, influyó los eventos posteriores que desembocarían en la Revolución Islámica de 1979.
“El verdadero imperialismo no necesita ejércitos: basta con corromper las élites locales.” — Jean Raspail
El golpe dejó una herida profunda: la convicción de que Occidente traicionó a Irán, lo que alimentó la radicalización posterior, hecho que, a posteriori, fue utilizado con suprema astucia por Jomenei poniendo en jaque a EEUU en la llamada “Crisis de los rehenes”
V- La monarquía Pahlavi (1953‑1979)
Mohammad Reza Shah restauró la monarquía con apoyo de EE.UU. Su “Revolución Blanca” impulsó reformas sociales y económicas, de corte liberal y pro-capitalistas, pero bajo un régimen autoritario y dependiente. Con una Guerra Fría que jugaba sus cartas, el régimen crecientemente autoritario del Shah, mediante su policía secreta (la tenebrosa SAVAK) sembró el terror.
“La religión puede ser un refugio, pero también una prisión.” — Salman Rushdie
Esa modernización, tutelada y, vista en perspectiva, forzada, incubó una oposición clerical, que terminó presentándose como alternativa moral frente a la corrupción y la represión. De aquellos polvos, estos lodos.
VI – La Revolución Islámica (1979)
Con una Monarquía crecientemente aislada, desconectada de un mundo que cambiaba velozmente, las élites en el exilio pusieron su mirada en quien había sido feroz opositor al Shah, había sufrido cárcel y posteriormente su dorado exilio francés: el Ayatola Jomeini.
Bastó que, a la oposición interna de vastos sectores, con participación decisiva de los estudiantes, se sumara el anuncio del regreso de Jomeini, para que el régimen se desmoronara como un castillo de naipes.
Rápidamente, Jomeini instauró una teocracia absoluta.
Los ayatolás, que habían sido árbitros morales en 1906 y líderes de resistencia en 1891, se convirtieron ahora en el poder absoluto.
“El poder absoluto es siempre enemigo de la libertad, aunque se disfrace de virtud.” — Oriana Fallaci
Una vez más, la rueda de la historia giró: los salvadores se transformaron en carceleros.
VII. La crisis terminal (2020´s)
Hoy, tras casi medio siglo de teocracia, Irán enfrenta una crisis terminal: represión, crisis económica, fractura generacional. El Gran Bazar vuelve a ser epicentro de rebelión.
“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.” — Cicerón
La circularidad es evidente: el ciclo que comenzó con el conflicto del tabaco y la llegada de los ayatolás al poder se cierra con la rebelión contra ellos en el mismo lugar.
VIII. Conclusión: romper la rueda
Un aspecto crucial para entender la matriz cultural iraní y sus frecuentes revueltas es la persistencia de elementos de la antigua tradición zoroástrica en la identidad nacional y religiosa. Aunque el Irán contemporáneo es un Estado teocrático chií, y a pesar del fuerte proceso de secularización de la monarquía Pahlavi, la herencia milenaria del zoroastrismo sigue presente en símbolos, valores y narrativas que moldean la resistencia y la rebelión.
«Buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones» – Lema del Zoroastrismo
El zoroastrismo, con su énfasis en la lucha cósmica entre el bien y el mal, la importancia del fuego como símbolo de pureza y la idea de responsabilidad moral individual, ha dejado una impronta profunda que no desapareció con la llegada del Islam. Esta matriz cultural preislámica, en todo caso, se entrelaza con el chiísmo, creando una identidad híbrida que a menudo se expresa en la tensión entre el poder central y las fuerzas populares.
“La libertad no es un lujo occidental: es la condición de toda vida digna.” — Douglas Murray
Las revueltas recurrentes pueden entenderse también como una manifestación de esta herencia: la resistencia contra la tiranía y la corrupción, la búsqueda de justicia y la renovación moral, son temas que resuenan con la antigua cosmovisión zoroástrica.
Así, la historia iraní no es lineal sino circular, no solamente por sus ciclos políticos, sino también por la persistencia de una matriz cultural que desafía la dominación y reclama un orden justo.
Entendida de este modo, “la historia iraní no es solo la historia de un Estado o una religión, sino la historia de un pueblo que lleva consigo la memoria de un fuego eterno que nunca se apaga.»
La pregunta es si Irán podrá romper la rueda y abrir un nuevo horizonte.
Nota de elaboración
Este texto fue escrito por Jorge Martinez Jorge, en colaboración dialógica con una Inteligencia Artificial conversacional. La responsabilidad intelectual es enteramente humana; la herramienta intervino como interlocutor, editor y amplificador conceptual en un proceso de ida y vuelta que enriqueció la claridad y la estructura del argumento.
