Llora por ti, Argentina (breve historia de los saqueadores que vinieron de la nieve)

«…luego lo que ya todos sabemos desde hace años, la impúdica utilización de un poder totalitario para un enriquecimiento con tintes sicopáticos, a costa de un país cada vez más empobrecido…»

“…hay veces en que los ausentes siempre tienen razón…” (Philippe Lançon)

 

Pocos pueblos en el mundo, perteneciendo a países distintos, tienen tanto en común como Argentina y Uruguay. Mal que nos pese (a los de acá) y por mucho que les guste (a los de allá), somos pueblos comunes, pero con realidades, historia y hasta aspectos culturales e idiosincráticos, distintos. Ya veremos, en esta muy abreviada historia, cuánto de distinto y cuánto de iguales.

Toda historia tiene un poco o mucho de arbitraria. A esta hay que ponerle una fecha de inicio, aún cuando se reconozca que lo que allí se inicia en realidad no se explica sin un largo preámbulo.

Los inicios

Esa historia que comienza el 25 de mayo de 2003, tiene su prólogo con la elección de Néstor Carlos Kirchner como Gobernador de Santa Cruz en 1991, después de haber sido Intendente de Río Gallegos, y haber fundado junto a su esposa, Cristina Elisabet Fernández, un exitoso Estudio Jurídico especializado en deudas y bienes inmuebles. Tan exitoso que, Dictadura y Martinez de Hoz mediante, el matrimonio Kirchner no paró de acumular inmuebles que sus dueños ya no podían pagar. Muy progresista todo. Muy peronista, nacional y popular. La semilla que dio origen al árbol y luego al bosque.

Ese año accede a la Presidencia argentina, siendo un perfecto desconocido para buena parte de los argentinos, luego de haber sido bendecido por el Presidente provisorio y Barón del Peronismo bonaerense Eduardo Duhalde, con un 21% de los votos en primera vuelta. Segundo tras Menem, llega a la Presidencia con ocho de cada diez argentinos que no había votado por él.

En Santa Cruz, en cambio, era muy, pero que muy conocido. En los casi 20 años anteriores, había “creado poder” -como le gustaba decir a la pareja K- cooptando la Justicia provincial, disciplinando periodistas y opositores, y sobre todo, acumulando dinero, porque como bien pronto se encargó de dejar claro “no se hacía política sin dinero”. Feudalismo en estado puro.

El desembarco

Cuando asume anticipadamente en mayo de 2003, sin segunda vuelta que lo legitimara tras ser el segundo en la primera, el Pingüino se dedicó a eso, lo que sabía: crear poder. ¿Cómo? Aplicando el Modelo Santa Cruz.

Todas las áreas del Estado debían tener a su frente a un fiel soldado suyo, a ser posible venido del Sur, con especial cuidado en los Organismos de Control -a efectos de que no controlaran nada suyo y sí, todo, lo de los demás-, de los de Recaudación, en especial la AFIP y Aduanas desde donde, no solamente podrían “hacer caja” a piacere, sino también usarlas como garrote de disciplinamiento, Nada más convincente para un rebelde, que la Impositiva te practique un copamiento. Lo mismo las ventanillas de reclutamiento, que el populismo denomina asistencia social, donde se fabrican los pobres y marginales que se convertirían en su clientela fija cada cuatro años.

La crisis de 2001 con el colofón del derrocamiento de De la Rúa y el posterior desfile de presidentes por el día, el quiebre de la economía, los Bancos y las cadenas de pago, puso a Argentina en un estado de shock, que aún le duraba cuando eligieron en 2007 a la futura viuda Kirchner como su Presidente, y la reeligieron ya como viuda por un segundo período. En esa década larga, nada que sonara a inestabilidad o posible vuelta a 2001 parecía importarles. Las cada vez más frecuentes denuncias y sospechas de corrupción, ni los Michelis y Boudou, Jaime y Moreno, Schoklender y Bonafini, pareció importar mayormente a los argentinos, aún cuando cada vez más empezaran a comprobar en qué consistía la intervención del INDEC en 2007 en sus bolsillos.

El velo que cae

Hubo que esperar a 2013, para que el siempre polémico Jorge Lanata, parapetado en su “Periodismo para todos” emitido desde el horario central de Canal 13, empezara a descorrer el velo de lo que, luego, parecería imposible de ignorar. A medida que los argentinos más alejados de las tierras australes y de los editoriales de la prensa porteña, empezaban a conocer a un Lázaro Báez, y “La Rosadita” mostraba su obsceno de dólares contados al kilo, se les hizo imposible seguir mirando hacia el costado.

Luego lo que ya todos sabemos desde hace años, la impúdica utilización de un poder totalitario para un enriquecimiento con tintes sicopáticos, a costa de un país cada vez más empobrecido.

Sobre todo esto, el Fiscal Luciani tendrá más de 60 horas de alegato exponiendo hasta el hueso a una de las más groseras organizaciones delictivas que se haya apoderado de un aparato estatal, como el Kirchnerismo.

Ahora volvamos al principio: ¿esto qué tiene que ver con nosotros, uruguayos, tan distintos como somos o creemos ser?

Aquí conviene recordar nombres como el valijero Fariña, la Estancia “El Entrevero” en Punta del Este, Puerto Camacho en Colonia, los vuelos San Fernando- Melilla- San Fernando, las avionetas nocturnas, el Estudios Jurídicos de la Ciudad Vieja, la conexión Mossack Fonseca de Panamá.

Si esto le suena de algo, le invito a seguir conmigo en la segunda parte de esta nota, mañana en este mismo Portal.

Jorge Martinez Jorge

Twitter @jmartinezjorge