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A la busca del ahorro perdido, las sobredosis de consumo y una curita legislativa, entre otros males

18 marzo, 2023

Escribe Jorge Martinez Jorge

“Sólo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro” T. Carlyle

De una visita rápida al Diccionario RAE:

# Ahorrar:

  • Guardar una parte de los bienes destinados al gasto ordinario (“…quiere ahorrar dinero para comprar una moto”)
  • Evitar gasto innecesario de dinero, tiempo u otra cosa (“…ahorrar gastos”)

# Consumismo: “Tendencia al consumo excesivo e innecesario de bienes y productos”

A manera de introito

Hace pocos días, en la sede de la ADM, el Presidente Lacalle anunció una “inversión millonaria” para este año, destinada a atacar los problemas de salud mental derivados de la persistencia y crecimiento sostenido de las adicciones a sustancias estupefacientes.

Si se anuncia tal inversión, es porque se entiende que lo actualmente se hace y se gasta, no es suficiente ni está dando los resultados deseados. La utilización, en uno y otro caso, de los verbos invertir o gastar no es casual. Es absolutamente intencional. Anótelo, porque volveremos sobre ello.

Durante los 3 años de Gobierno de la Coalición Republicana, el Partido “Cabildo Abierto” liderado por el General Manini Ríos, se ha mostrado como el que mayor vocación ha tenido por llevar adelante iniciativas y proponer medidas, que están más allá del “Compromiso por el País” que compromete a los coalicionistas, marcando su impronta aún cuando ellas no sean compartidas por sus socios en el Gobierno. Tiene derecho a ello, naturalmente.

Otra historia es si son convenientes, u oportunas, o ambas cosas. O peor aún, si directamente son inconvenientes y se dan de bruces con la concepción liberal y republicana del gobierno que integra. Veamos algunos ejemplos.

Las balas de Manini Ríos

Un ejemplo es el de la propuesta, presentada en varias oportunidades, de regular el mercado de alquileres, con el propósito “de proteger los intereses de los más desfavorecidos” en el acceso a la vivienda. Loable propósito. Pésima idea.

El mercado de alquileres, básicamente se crea y funciona, porque hay una demanda -por parte de aquellos que necesitan una vivienda, pueden pagar un importe razonable de sus ingresos y no tienen posibilidades actuales de acceder a la compra- y una oferta. Respecto de la oferta, requiere de inversión de largo plazo, y para ello contar con 3 variables fundamentales: ahorro, previsibilidad y rentabilidad.

Si falta alguna de ellas, la inversión se retraerá, y con ella la oferta será menor, a lo que sigue el lógico encarecimiento de precios. Es allí donde Manini quiere hundir su espada.

Si el Uruguay no hubiera vivido larguísimas y traumáticas experiencias en torno a “ideas similares”, algún incauto podría pensar “qué bien, al fin alguien que se preocupa de los pobres, etcétera, etcétera”, pero la verdad es muy otra.

El último antecedente es el de los años sesenta y setenta, años de estancamiento económico e inflación crónica, que terminó dando como resultado la COPRIN -luego llamada DINACOPRIN- de exitosísimo fracaso cada cosa que quiso regular.

El peor de ellos, con los alquileres, y la creación del fatídico RAVE (Registro de Aspirantes a Vivienda Económica), mágico paraguas bajo el cual el más contumaz mal pagador pudo hacerse fuerte del apartamentito ajeno, con cuya renta la viuda jubilada intentaba lograr sobrevivir. Huelga decir que por años nadie construyó como ahorro -toda una tradición uruguaya- ni puso inmueble alguno en alquiler, y el resultado fue, como no podía ser de otra manera, el contrario al buscado.

Allí estuvo el germen y levadura que provocó la constante aparición, sobre todo en Montevideo, de los “cantegriles”.

A las puertas del Gulag financiero

Un segundo ejemplo de la fiebre regulatoria cabildante, es el de las tasas de intereses para el mercado de consumo, la usura y el millón largo de uruguayos que habitan en el Clearing de Informes desde largo tiempo.

Aquí, el General cabildante, tiene una sorprendente coincidencia con el Presidente Lacalle, este respecto de las adicciones a las drogas y aquél, en relación con la adicción al crédito que es el origen de los endeudamientos que terminan en el campo de concentración financiero llamada Clearing. Ambos, pretenden atacar las consecuencias y no las causas de tales adicciones. Error básico, si se me permite.

El General cabildante parte de la base que la problemática que aqueja a un tercio de los uruguayos se debe a la contumaz malicia y rapacidad usuraria de los prestamistas, señores de traje negro y nariz en gancho, que se solazan enviando a sus deudores al Gulag crediticio, con lo que pierden el cliente y casi seguramente el dinero.

Un problema complejo, requiere un abordaje integral, y las soluciones nunca son producto del voluntarismo de una de las partes, o como en este caso, un tercero ajeno que asume personería. Sin diagnóstico correcto, mal puede nadie proponer una solución correcta. Este es el caso.

Manini Ríos, quizás producto de su peculiar origen ideológico, cree que el problema de sobre endeudamiento de las personas, obedece a problemas económicos.

Es al revés. El sobre endeudamiento provoca graves problemas económicos, y casi siempre, tras estos se sigue una triste secuela de problemas sociales, entre otras, las otras adicciones.

El problema que el General cabildante no advierte, y debería porque él proviene de un Uruguay pre-consumo masivo, es cultural, de valores que establecen prioridades y transforman deseos en necesidades.

¿El televisor pantalla plana de 50 pulgadas es una necesidad? ¿El último celular, lo es? ¿El teñido y corte artístico para el nene de primer año de escuela? ¿El cumple de quince para la nena? ¿El viaje de fin de año? ¿La moto para el pibe? En un párrafo, el origen de medio clearing.

Y es que, el consumo, como el juego -tan extendido, prohijado y fomentado por el propio Estado, pero cual el Senador General no se ocupa- crea adicción. Créame General, con cuarenta años en el sistema financiero desde ambos lados del mostrador, he visto esta película hasta el hartazgo. Usted se está quedando con el peor capítulo. Es más, de prosperar su iniciativa -oh Señor, sálvanos de todo mal- la abrupta salida del Clearing de consumidores contumaces, crearía una nueva oleada de adictos creando las condiciones para un nuevo sobre endeudamiento. Nafta sobre el fuego.

Cuando el General se pone massista

El tercer ejemplo, ya casi a nivel de anécdota, tiene que ver con otra consecuencia de la fiebre controladora: ahora de los precios ante la escalada inflacionaria.

El Senador General actúa como argentino, propone ideas argentinas, y quizás, confunde cifras uruguayas con las argentinas. La escalada inflacionaria -resistente a los “precios justos” de Massa, que propone Manini- es la del 102% anual argentino. En Uruguay, Senador Manini Ríos, a febrero, la inflación es del 7.55% ANUAL.

Por si no lo ha registrado, estamos apenas un punto porcentual y medio por encima de EEUU. O sea, vivimos en un mundo inflacionario, hoy día.

Y haciendo memoria, durante los últimos quince años la inflación estuvo siempre pegando en el palo del 10% anual, dibujos decembrinos mediante.

En resumen

Para finalizar, aunque queda mucha tela por cortar, el aporte del Senador General sería significativamente más importante y fructífero, si en lugar de más controles -entre nosotros, más peronismo- se hiciera docencia. Por ejemplo, dándole un gran impulso a la formación en conceptos básicos de economía familiar y finanzas personales en el ámbito educativo.

Si de esa formación, lográramos que las nuevas generaciones incluyeran la palabra ahorro dentro de su vademécum, haciendo que no se gaste más de lo que se tiene, el aporte cabildante había justificado los cinco años de parlamentario.

Si lo que realmente le preocupa es la prisión crediticia de ese millón de uruguayos, tal vez deberíamos por recordar (y recordarles) que ahorro proviene del español antiguo “horro” (libre de nacimiento, liberto) que a su vez fue tomado del árabe andalusí “húrr” que significa “libre, condición de libre”

Conseguir uruguayos educados, prudentes, ahorradores, los haría libres, sin necesidad de policía financiera alguna. Por eso acudo al acápite de Carlyle, trabajo y ahorro. Fórmula sencilla si las hay.

Supongo que eso es lo que busca. ¿Será?