
Agua: Constitución y realidades.
Por Dr. en Ciencias Biológicas José A. Langone

El acceso seguro al agua potable es un derecho humano fundamental y un objetivo estratégico para cualquier nación. En Uruguay, la Constitución, tras el plebiscito de 2004, establece que el Estado tiene la responsabilidad exclusiva de este servicio, priorizando las razones sociales sobre las económicas. La principal fuente de abastecimiento para más de 1.700.000 habitantes del área metropolitana es la usina de Aguas Corrientes, en el río Santa Lucía, gestionada por O.S.E..

La severa sequía de 2022-2023 puso en jaque este sistema, agotando las reservas de los embalses de Canelón Grande y Paso Severino. Como respuesta, se aceleró la propuesta de una segunda usina en Arazatí, tomando agua del Río de la Plata. Sin embargo, a fines de julio del presente año, el nuevo gobierno cambió de estrategia: se optó por construir una usina adjunta a la de Aguas Corrientes y una nueva represa en el arroyo Casupá, en la cuenca alta del río Santa Lucía.
Esta decisión merece un análisis profundo, considerando que desde la década de 1970 se sabe que los embalses artificiales provocan una pérdida masiva y definitiva de ecosistemas naturales, con complejos efectos ambientales y económicos.
Problemas de Calidad del Agua
La cuenca del río Santa Lucía ya sufre de una excesiva concentración de nutrientes, como fósforo y nitrógeno, debido a malas prácticas agrícolas y vertidos sin tratar. Embalses como Paso Severino y Canelón Grande son considerados «hipereutróficos» por este exceso de nutrientes, lo que provoca la proliferación masiva de algas y cianobacterias, fenómeno conocido como floración. Estas floraciones no se limitan a grandes embalses, sino que también ocurren en tajamares y abrevaderos de ganado, cuyos desbordes durante las lluvias arrastran estos microorganismos al río, complicando la potabilización.

El embalse contemplado en el proyecto Casupá, con un área estimada de más de 3.000 hectáreas, no estaría libre de este problema. Aunque se argumente que el agua en las cabeceras de cuenca es de «mejor calidad», existen varias fuentes de contaminación:
1. Forestación: Aguas arriba de la futura represa hay más de 10.000 hectáreas de forestación con especies exóticas (principalmente Eucalyptus). La aplicación de miles de toneladas de fertilizantes (fósforo, nitrógeno, potasio) en estas plantaciones inevitablemente escurrirá hacia el embalse.
2. Consumo de agua: La forestación artificial consume más agua que la vegetación nativa, lo que reduce el caudal de los arroyos en épocas de estiaje y, por ende, el agua que llegaría al embalse.
3. Materia orgánica: La biomasa que quedará inundada (pastizales, monte nativo, animales) aportará nutrientes y materia orgánica disuelta, lo que aumenta el color del agua y complica los procesos de potabilización.

La remoción de algas, cianobacterias y sus compuestos (toxinas, sustancias que generan olor y sabor) exige tecnologías más avanzadas y mayores costos energéticos y operativos.
Además, algunas floraciones pueden reducir drásticamente el oxígeno del agua, causando la mortandad de peces y otros organismos.
Impactos en la Biodiversidad
La inundación para crear el embalse del proyecto Casupá significará la destrucción total de hábitats como monte nativo, humedales y praderas. Se calcula la tala rasa de más de 400 hectáreas de Monte Nativo, uno de los ecosistemas más vulnerables del país. Esto afectaría a numerosas especies animales y vegetales, algunas de ellas declaradas prioritarias para la conservación por el Ministerio de Ambiente. El volumen de leña generado por esta tala (entre 12.000 y 36.000 toneladas) es comparable a la producción anual de todo el país, que es de unas 40.000 toneladas.
la tala rasa de más de 400 hectáreas de Monte Nativo, uno de los ecosistemas más vulnerables del país, afectaría a numerosas especies animales y vegetales, algunas de ellas declaradas prioritarias para la conservación por el Ministerio de Ambiente.
La transformación de un ambiente de aguas corrientes (lótico) a uno de aguas estancadas (léntico) afectará a las especies acuáticas que dependen de altos niveles de oxígeno. Además, la fragmentación del hábitat disminuirá poblaciones de reptiles y mamíferos. Como ha ocurrido en otros embalses, este nuevo ecosistema facilitaría la introducción de especies exóticas invasoras, como el mejillón dorado, que alteran la biodiversidad y pueden dañar la propia infraestructura de la represa.

Riesgos Hidrológicos y Operativos
La vida útil de los embalses a menudo se ve reducida por la acumulación de sedimentos. Las áreas de forestación en las cabeceras de Casupá, con sus caminos y zanjeos, son focos críticos de erosión que pueden acelerar este proceso. Asimismo, la confiabilidad del embalse como fuente de agua queda comprometida por el Cambio Climático, que en Uruguay se manifiesta con sequías prolongadas y lluvias intensas, alterando el régimen hidrológico estable que se necesita.
Proyecto Casupá: ¿la mejor alternativa?
Desde mi punto de vista, la represa de Casupá no es una solución urgente, sólida ni sostenible. Los riesgos hidrológicos, la degradación de la calidad del agua, los impactos ambientales y los elevados costos (se ha solicitado un préstamo de U$S 130 millones) hacen que el proyecto presente más desventajas que beneficios.
La seguridad hídrica del área metropolitana necesita diversificar sus fuentes, no aumentar la dependencia de una única cuenca ya vulnerable. Un solo punto de extracción aumenta la fragilidad del sistema.
Alternativas a Casupá

Una toma de agua y una usina en Juan Lacaze (Colonia), sobre el Río de la Plata, evitaría los problemas de salinidad de Arazatí y tendría un menor impacto económico, social y ambiental que la represa de Casupá.
Además, es crucial abordar problemas estructurales. Actualmente, O.S.E. no factura más del 50% del agua potable que distribuye en el área metropolitana, una de las cifras más altas de América Latina. Mejorar la eficiencia, controlando pérdidas y conexiones clandestinas, reduciría la urgencia de construir nueva infraestructura con todos sus impactos negativos.
Responsabilidad Ambiental
Finalmente, O.S.E. debe asumir su responsabilidad en la gestión ambiental. La Ley Orgánica de 1952 le asigna el «contralor higiénico de todos los cursos de agua que utilice». Sin embargo, la planta de tratamiento para los lodos de la usina de Aguas Corrientes, intimada a construir en 2013, aún no existe. Más de 60.000 metros cúbicos de lodos fluyen aguas abajo, hacia un área protegida, y son parcialmente «reciclados» como materia prima. Una segunda usina sumaría otros 20.000 metros cúbicos de lodos sin tratar. Esto es inaceptable para un organismo que se presenta con una visión de «responsabilidad social y ambiental»


