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El Siglo XXI trae nuevos problemas con el agua

3 junio, 2023
Problemas con el agua siglo xxi, cianobacterias

Los nuevos tiempos trajeron nuevos problemas a la situación de las reservas de agua potable para Montevideo y zona metropolitana, si bien en rigor podríamos decir que potenciaron problemas que ya se habían producido.

Como recordaremos, ya en 1887 el agua que surgía por las canillas de Montevideo presentó un color amarronado, con sabor desagradable y fuerte olor, lo que según arrojaron estudios posteriores se debía a la descomposición de millones de algas microscópicas que cubrían la superficie del Santa Lucía.

Esa situación se ha multiplicado geométricamente en los últimos años, lo que llevó a que la palabra “cianobacterias” pasara a formar parte del vocabulario común, fundamentalmente luego de episodios marcadamente fuertes que afectaran en gran forma el suministro, como el acaecido en 2013, donde por varias jornadas se repitió en Montevideo aquella misma situación vivida en 1887.

Cianobacterias y Eutrofización

Las cianobacterias son organismos microscópicos que se encuentran en agua dulce y salada. A menudo se les llama «algas azules-verdes», aunque no son realmente algas. Estos organismos pueden ser beneficiosos o perjudiciales, dependiendo de su concentración.

En rigor son un grupo de bacterias muy especiales que, hace 3.600 millones de años, inventaron la fotosíntesis y cambiaron drásticamente la evolución de la biosfera con su generación de oxígeno, haciendo posible la vida.

No obstante, algunas especies pueden producir toxinas que perjudiciales para la salud humana y animal. Los síntomas de la exposición a estas toxinas incluyen náuseas, diarrea, irritación de la piel y los ojos, y dolor de cabeza.

Uno de los problemas más graves asociados con las cianobacterias es la eutrofización. Este proceso ocurre cuando hay un exceso de nutrientes, como fósforo y nitrógeno, en el agua. Las cianobacterias pueden prosperar con estos nutrientes, lo que lleva a una proliferación masiva de estas bacterias. Esto toma aún mayor dimensión en sistemas de aguas quietas, lagunas, lagos, o de corrientes débiles, con poca profundidad y cauce.

Ese es el ambiente ideal para la proliferación de grandes colonias, lo que puede provocar una disminución en la caída en la calidad del agua “bruta”, que dificulta en gran medida su posterior proceso de potabilización.

Cuenca del Santa Lucía

 

La cuenca del río Santa Lucía se extiende por un área de aproximadamente 10.000 kilómetros cuadrados de 6 departamentos y drena las aguas de las partes central y sur del país.

Sus principales vías, y fundamentalmente el Santa Lucía, se caracterizan por contar con pendientes leves, lo que lleva a la formación de lagunones y bañados, con presencia de bancos de grava y arena. Tras recibir el aporte del arroyo San José el Santa Lucía se ensancha notablemente sobre una zona muy llana y de mal drenaje, formándose extensos bañados y grandes arenales, todo lo cual incide favorablemente en la proliferación de cianobacterias, potenciadas por los enormes aportes de nutrientes que estos cursos de agua han recibido, fundamentalmente en los últimos años.

En efecto, la ganadería, agricultura, tambos y productos como fertilizantes y pesticidas son señalados como los factores principales que afectan la calidad del curso de agua, lo que se ha visto agravado por la eliminación de gran parte de los montes ribereños que amortiguaban el impacto.

La razón fundamental de ello ha sido el crecimiento de las actividades económicas, industriales y ganaderas en la zona, que hoy representan un porcentaje muy importante de la totalidad nacional, en un proceso que no habrá de detenerse.

En efecto, desde 2013 el Estado nacional ha dispuesto una serie de medidas tendientes a reducir el impacto de esas actividades sobre los cuerpos fluviales, en una acción que ha tenido hitos importantes, pero que de ninguna manera podrá detener totalmente los daños ni menos aún revertir los ya causados.

En ese sentido resulta importante analizar el Balance de Gestión comprendido entre los años 2013 y 2019 en torno a las aguas del Santa Lucía.

Del mismo se desprende que, si bien es posible esperar un mayor control y retracción en los elementos contaminantes del Río y su Cuenca, no se podrá en forma alguna frenar totalmente esos aportes.

Así las cosas, volvemos a enfrentar los mismos desafíos que se planteara el Estudio de la OEA en 1970. En aquella oportunidad las soluciones manejadas eran la construcción de represas, que no solo no ayudarían en torno al fenómeno de las cianobacterias sino que actuarían en su favor al crear grandes espejos de agua quieta, en segundo término la explotación de aguas subterráneas, y el aporte de otras cuencas como solución final, fundamentalmente en lo referido al Río de la Plata.

Un nuevo estudio

en 2013 OSE encarga a Aguasur, empresa privada de propiedad pública cuyo capital está compuesto por OSE en un 95% y la Corporación Nacional para el Desarrollo en un 5%, un estudio sobre las diferentes alternativas posibles para asegurar el abastecimiento de agua potable hasta el año 2050 en el sistema metropolitano.

Como resultado de esos estudios el Ente tomó la decisión de construir presas en la cuenca alta del río Santa Lucía, con el objetivo de almacenar aguas excedentarias para ser usadas en épocas de estiaje.

Los puntos elegidos fueron, una vez más, el Arroyo Casupá en compañía de una segunda presa, más pequeña, en el arroyo El Soldado. La Presa de Casupá almacenaría 100 millones de metros cúbicos e interceptaría una cuenca de 685 km2, con un área aproximada de expropiación de 3.600 hectáreas, en tanto la represa de El Soldado almacenaría 27 millones de m3 con una cuenca alimentadora de 200 km2.

A resultancias de ello, el gobierno del Presidente Mujica emitió sendas Resoluciones para establecer la “reserva” en favor de OSE de los espejos de agua de ambas corrientes, en setiembre de 2013 para el Arroyo Casupá y en julio de 2014 la referida al Arroyo El Soldado.

 

 

 

De ambas obras, la presa de Casupá fue declarada como la prioritaria, planificada en dos etapas, a saber la etapa 1, estudios preliminares de factibilidad, proyecto básico y estudio de impacto ambiental, ejecutados a través de una donación parcial de la Agencia Alemana de Cooperación, KFW. El costo de estos estudios fue de aproximadamente 1:500.000 euros, con una duración estimada de 14 meses.

Gobierno anuncia inicio obra represa Casupá 2014

La etapa 2 por su parte, daba inicio una vez efectuado el proyecto básico, y en ella se procedería a licitar el proyecto ejecutivo y obra de la presa, con un monto estimado de U$S 60.000.000.

Así las cosas, en julio de 2016 OSE firmó un convenio de cooperación técnica para la elaboración del proyecto de la Presa Arroyo Casupá, con la CAF, Corporación Andina de Fomento, que canalizó así recursos de la Unión Europea, donde el Grupo TYPSA Engecorps sería el encargado de la realización del proyecto de la presa Arroyo de Casupá. Para entonces el monto inicial de 60 millones de dólares presupuestado 3 años atrás ya había subido a U$S 100:000.000.

Según aseveró la entonces Ministra de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Eneida de León, “el Gobierno comprende que la calidad del agua potable y el estado del río Santa Lucía son dos cuestiones prioritarias. Cuando los ríos tienen poca agua se producen floraciones…el país se prepara para 20 o 30 años para lograr que haya agua potable para toda el área metropolitana”.

En ese momento, 4 de julio de 2016, la ministra anunció que la consultoría duraría un año y, una vez finalizados los documentos se realizaría un llamado internacional para la construcción del emprendimiento.

 

No obstante, en esas mismas fechas se estaban dilucidando situaciones totalmente ajenas a OSE, que determinarían la suerte adversa de sus proyectos, tanto en lo referido a represas como a la planta de tratamiento de lodos, también ampliamente anunciada a través de los años.

En efecto, en las épocas del “viento de cola” se manejaron diferentes prioridades a nivel del Poder Ejecutivo, por ello mientras ANCAP compraba un horno para cal que jamás utilizó, o financiaba flotas de camiones privados y se embarcaba con UTE en la aventura de la regasificadora, o mientras ANTEL construía su Arena, OSE fue relegada y todos los anuncios sobre grandes obras quedaron solamente en buenas intenciones.

Esas que, según se dice, de las que está empedrado el camino al infierno.

De esta forma llegamos al 2020, primer año con déficit hídrico ya instalado, sin nuevas represas o una fuente alternativa y sin una planta para el tratamiento de lodos, todos puntos que habían sido sobradamente declarados como vitales para asegurar el suministro de agua potable a la zona metropolitana.


 

 

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