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Un siglo y medio de agua «potable»

2 junio, 2023
Un siglo y medio de agua potable

Potabilidad

La implementación del agua corriente en Montevideo, a pesar del enorme avance que significó como servicio, no estuvo exento de problemáticas.

Así, según nos narra el Ingeniero Danilo Ríos en su muy interesante obra “Agua potable: historia y sensibilidad”, en enero de 1872, pocos meses después de la inauguración de la Empresa de Aguas Corrientes, el agua de Montevideo amaneció con un gusto salobre. Posteriormente hubo episodios de turbiedad y los reclamos de la población fueron en aumento, si bien los informes oficiales fueron favorables a la empresa.

Años después, ya bajo administración inglesa, se produciría un problema similar, que nos resulta tristemente conocido. En efecto, en el verano de 1887 el agua se presentó de color amarillo amarronado, con un sabor desagradable y fuerte olor. Tras una serie de estudios sobre temperatura, color, número de bacterias y materia orgánica se concluyó que el río Santa Lucía estaba invadido por millones de algas microscópicas que cubrían la superficie del cauce con una fina capa de aspecto verdoso que al entrar en descomposición generaban una alta concentración de materia orgánica y transmitían al agua un olor fétido.

Tras la adopción de medidas y la disminución del número de algas, la situación mejoró, pero todo eso conllevó a que en julio de 1888 se dictara la primera norma de calidad del agua potable, que disponía valores máximos permitidos de materia orgánica y de temperatura.

Desde entonces a hoy ha corrido mucha agua bajo los puentes, literalmente, y los parámetros y procedimientos de potabilización, control y calidad se ajustan a las más altas exigencias internacionales expresadas a través de las Guías de la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Sin embargo, OSE debe hacer frente a problemas de base, que arrastra desde hace tiempo y que son hoy la razón fundamental de este cambio en la salinidad, y que pueden afectar en gran forma lo que suceda en el futuro.

La razón del artillero

Parece algo obvio, pero para algunos no lo es. Para poder captar, bombear, tratar, potabilizar y distribuir agua lo primero es contar con ella, con el recurso base, el agua “cruda”.

En la actualidad OSE cuenta, según la información oficial, con 77 plantas potabilizadoras, que producen más de 361 millones de m³ de agua potable. De ellas la más importante sigue siendo la más que centenaria planta de Aguas Corrientes, con una producción anual de 225.127.528 metros cúbicos.

La misma se mantiene en su ubicación original, a 56 kilómetros de Montevideo, y forma parte natural de la Cuenca del Río Santa Lucía, donde se hallan situadas otras diez Plantas Potabilizadoras a saber Florida, 25 de Mayo, Paso Severino, Minas Maggiolo, Minas (UPAs), Tala, Fray Marcos, San Ramón, Santa Lucía, y San José, que tienen como fuentes de agua al propio Santa Lucía o alguno de sus afluentes, con una producción total superior a los 11.290.000 metros cúbicos anuales, lo que determina una carga sobre la cuenca de 236,449,335 metros cúbicos anuales y eleva a más de 2 millones el total de habitantes dependientes de las existencias de agua de esa cuenca.

No parece lo más lógico el que la mayor concentración de consumidores dependa exclusivamente de una única fuente de recursos, en ningún aspecto y esto toma especial relevancia al referimos al elemento vital sin el cual toda vida es imposible.

Así lo señaló en su momento el ex Ministro de Defensa Nacional Eleuterio Fernández Huidobro, quien advirtiera en 2015 sobre un eventual “escenario de ciencia ficción” en caso de producirse un evento que afectara al Santa Lucía.

En presentación ante la Comisión de Defensa de Diputados el 5 de mayo de 2015 exponía: “Aguas Corrientes es un punto estratégico y delicadísimo para el Uruguay, porque abastece de agua potable a la mayor concentración de población del país, que ha ido creciendo. Y no solo abastece de agua potable, sino que también hace funcionar -paradojalmente, con agua potable- los sistemas de saneamiento.

 Un problema que se suscitara en Aguas Corrientes sería uno de los más grandes que Uruguay podría imaginarse. Hemos hecho trabajos con ingenieros, quienes nos han asesorado para ver qué pasaría en Montevideo y aledaños a las 24, a las 48, a las 72 horas, etcétera, si dejara de venir esa cantidad de agua, y parece un cuento de ficción, medio de terror. Uruguay no está preparado para afrontar una circunstancia de esa naturaleza”

La preocupación del Ministro no era, como respondió el por entonces Vicepresidente de OSE Daoíz Uriarte, “tirar bombas alarmistas. Tiene su derecho a pensar lo que quiera pero lo que dice sobre el agua potable no tiene ningún valor científico.»

Por el contrario, en tanto en la cuenca del Santa Lucía se produce la mayor concentración de actividades productivas se verifican entonces los más altos niveles de contaminación, manifestada en la elevada concentración de nutrientes, que junto con los efectos del cambio climático (incremento de temperatura y cambios de regímenes hídricos) potencia el aumento de frecuencia y magnitud de ocurrencia de floraciones de cianobacterias.

Ello quedó absolutamente claro en 2013, cuando en varios puntos del país se detectó la presencia de cianobacterias en el agua de OSE, hecho que fuera ocultado a la población pro las autoridades del ente y que solo se conociera por una investigación periodística de estudiantes de la Facultad de Información y Comunicación, que inicialmente fuera desestimada por las autoridades de la época, si bien luego se confirmara en plenitud con el recordado episodio del mal gusto y olor en el agua en Montevideo, en marzo del 2013.

Al respecto informó OSE en su momento que ese problema no afectaba a la salud de la población

Eso fue confirmado por el Ing. Daniel Panario, Grado 5 y Director del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, quien expresó que: “Ahora tuvo mal olor y mal gusto, sino, ni nos enterábamos. Lo que ocurre es que OSE no tiene filtros adecuados para potabilizar agua que contenga microcistina. Esta vez tuvimos suerte; no era un genotipo que produjera toxinas”, en expresiones que también fueran catalogadas como “alarmistas” por el titular del MVOTMA de entonces, Francisco Beltrame.

Posteriores episodios similares, en Maldonado y otras partes del país, también fueron ocultados a la población.

Aquellos Lodos, estas sales…

No eran Fernandez Huidobro y Panario los únicos “alarmistas”. A ellos se sumaba toda la comunidad de Aguas Corrientes, que durante años denunció una práctica realmente difícil de creer de OSE, lo que llevó a que durante un buen tiempo no se recogiera en los medios.

Solo la determinación de su Alcalde por dos períodos, Álvaro Alfonso, quien no dudó en llevar a la prensa y autoridades al mismo lugar de los hechos, hizo que se conociera que los lodos resultantes del proceso de potabilización de OSE eran desechados por la empresa en el mismo río del cual tomaba el agua para purificar, lo que además de un círculo vicioso eterno genera una serie de problemas ambientales de gran importancia.

Así, por años OSE vertió diariamente 60.000 metros cúbicos de lodo sin ningún acondicionamiento previo, compuestos  por los productos químicos utilizados para el proceso de potabilización del agua: sulfato de aluminio y carbón activado, entre otros. Eso, además de hacer luego más dificultosa la tarea de potabilizar, lo que requiere de mayor cantidad de químicos que luego son nuevamente volcados al río Santa Lucía, modifica la morfología del río.

Según un documento que en 2015 la propia OSE presentó ante el MVOTMA, “La acumulación de los lodos tirados año a año durante décadas en la zona de la planta de Aguas Corrientes ha modificado la morfología del cauce por formación de islotes de sedimentos, afectando el uso tradicional” del Santa Lucía en esa zona.

Eso motivó que, junto a otras disposiciones, inscriptas en el Plan de Acción para la Cuenca del Santa Lucía de 2013, que diera inicio al control sobre las fuentes directas e indirectas de la contaminación del Río, en mayo de 2013 el MVOTMA le pidió a OSE que al finalizar el año 2015 tuviera operativo un sistema de tratamiento de efluentes.

Entonces el MVOTMA presentó las 11 medidas del “Plan de acción para la protección de la calidad ambiental y las fuentes disponibles para agua potable en la cuenca del Santa Lucía” donde el punto 6 se refería a “implementar la solución definitiva al manejo y disposición de lodos de la planta de tratamiento de agua potable de Aguas Corrientes”, para lo que se planeaba tener el proyecto ejecutivo listo en abril de 2014 y la obra ya finalizada y operativa en diciembre de 2015.

En setiembre de 2014 OSE aseguró al MVOTMA que la planta estaría lista y operativa en setiembre de 2017, en consonancia con otros anuncios relativos a la planta de Aguas Corrientes.

Casi diez años después aún OSE analiza las distintas posibilidades para resolver un problema que suma complejidades a la ya tensa situación del Santa Lucía, que a sus problemas ambientales debe sumar el estrechamiento de su cauce por la acción de los lodos depositados.

Solo una sequía podía agravar aún más el panorama, y como no podía ser de otra forma ese fenómeno se presentó, cada vez con mayor asiduidad y gravedad. La primera señal de alarma fue en 2008, cuando estuvo a punto de colapsar todo el sistema. Años después, en 2015, una nueva sequía llevó a que OSE estuviera a punto de restringir el uso del agua.


 

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