Juan R. Rodríguez Puppo
Como tantas cosas en el Uruguay, no solo poseemos un arroyo Seco o un Penal de Libertad y un Cerro Chato. También hemos autorizado al legislador a darle la llave del gallinero al zorro para cuidar nuestras batarazas. Eso es la JUTEP. O mejor dicho, en eso mismo se convirtió el día que la voracidad voluntarista le quiso dar rango de servicio descentralizado por ley a una oficina del MEC que se encargaba de recopilar y documentar declaraciones juradas de bienes de políticos. Como angelitos entregamos el principio de separación de poderes a algún Rasputín ajedrecista que entre 2014 y 2016 tercerizó la justicia penal a un servicio descentralizado y dejamos encapsular la ética en otro, como es la JUTEP.
En dos años violando la Constitución institucionalizaron el monitoreo de la impunidad. Pero fue recién en 2021 cuando el miembro político del FA y militante del PCU fue invitado a renunciar “por honesto”, y ese mismo día debimos- los uruguayos todos- haber decretado la defunción, el fin de la JUTEP.
Nos dormimos. Recuerdo que el PCU le pidió la renuncia al director Jorge Castro porque osó acompañar con su firma un informe que denunciaba reparos a compras irregulares durante la construcción del Antel Arena. Ese día debería recordarse como la fecha del último resquicio de la Dignidad del Servidor Público. Nunca antes había quedado tan claro que todo intento por controlar la transparencia del sistema político uruguayo no debería recaer -jamás-en representantes del propio sistema.
El pecado original, hay que ubicarlo en las cabriolas que algún Rasputín de turno ha encontrado para eludir los controles parlamentarios al Ejecutivo ampliando la cantidad de órganos públicos descentralizados.
La Constitución es clara al hablar de estos entes o servicios como propios del “dominio industrial y comercial del Estado”. Aun así, la tentación por darle mayor poder al Ejecutivo no tuvo limites y los sucesivos gobiernos han venido creando estos institutos con fines impropios. JUTEP es uno de ellos. Tienen además una relación administrativa tenue con un ministerio o Presidencia con autonomía técnica y ninguna subordinación jerárquica.
En el caso Álvaro Danza la JUTEP quedó al desnudo mostrando todo tipo de violaciones a la legalidad y la ética. Sucedió de todo. Se filtró informe de su sala de abogados y eso expuso aún más a un directorio que se apartó de manera abusiva del mismo al fallar a favor del “Héroe del pluriempleo” Dr A. Danza.
Con el agravante de tener una Presidenta que es profesional del Derecho, quien no solo se burló del texto constitucional (art 200) sino que además desobedeció la propia normativa interna que ella misma redactó para seguir protocolos internos de transparencia.
La segunda interpelación a cargo del Dr. Abdala al Ministro de Educación y Cultura expuso con claridad este abuso de poder. Pero el aparato de inmunidad que supone el artilugio del formato “servicio descentralizado” hizo naufragar cualquier intento de “suicidio ético” de parte del oficialismo que obligue a la Dra Ferraris a solicitar su renuncia. (Ni compareció a dar explicaciones)
Si para algo sirvió dicha interpelación es simplemente para dejar en claro que urge eliminar ya la JUTEP. Borrarlo ya del disco duro de la institucionalidad y hasta asegurarse que no quede resquicio alguno ni en la papelera de reciclaje.
Nunca mas políticos controlando políticos.
¿Quieres transparencia? O ¿quieres mostrarle al mundo que tu sistema político reposa en la ética?
Bien.. que lo controle el Poder Judicial. Nunca órganos políticos.
El propio Ministro Mahia se dio el lujo con su elegante discurso de responderle al miembro interpelante que no respondería casi nada porque alegó: “es un caso análogo a tener que responder por casos de Fiscalía”. Toda una confesión de parte. Una prueba más que se ha creado un monstruo de mil cabezas alrededor del Poder Ejecutivo nacional con servicios descentralizados intocables e inalcanzables al control parlamentario.
Los totalitarismos en los países no siempre arriban al poder con un golpe de Estado. Ahora te lo van diluyendo en cuenta gotas una infusión “de falsa legalidad”, y cuando despiertas te enfrentas a un enorme tablero de ajedrez con un jugador rival que te fue comiendo las piezas mientras tu dormías la siesta del “buenismo”.
Con tu reina en la mano sueña con gritarte “Dios movió al jugador y este te comió la pieza. Jaque mate”.
Siempre habrá algún Rasputín lector de Borges que le dé letra, estrategia e inspiración a totalitarios con poco lustre académico y mucha ambición de poder.
No deberíamos permitirlo.
