Félix Besio
Tomando como base el excelente artículo del tipo de material a que nos tiene acostumbrados @yucayo, y en relación al tema, me propongo aquí hacer algunas reflexiones al respecto de las posibilidades de cambios político – institucionales en el Uruguay.
Sin dudas que el estancamiento del país, las asimetrías en la gestión de recursos e instituciones y la frustración ciudadana, son elementos que nos llevan a pensar en la necesidad de cambios estructurales. Pero, ¿es la federalización la solución?
Es que a mí no me queda tan claro que sea el modelo unitario el que creó la concentración de poder y riqueza. Más bien, partiendo de una característica típica de nuestra dirigencia política, el “cortoplacismo”, yo lo veo más bien como que esa concentración de poder se ha debido a una falta de visión estratégica de país por parte de los liderazgos, o sea, no tener
claro hacia qué tipo de país dirigirnos. Y como consecuencia, una mala utilización política de los instrumentos de nuestro diseño institucional.
Por ejemplo: ¿qué impide que las transferencias de fondos públicos se relacionen con el cumplimiento de metas; que el Tribunal de Cuentas tenga potestades sancionatorias; que se llenen por concurso y sujetos al cumplimiento de metas los cargos gerenciales y de alta especialidad en la administración pública como se intentó en la fracasada “Reforma del
Estado” del primer gobierno del FA; que se puedan regionalizar servicios públicos; que cada departamento cobre la patente de rodados que crea conveniente; y otros caminos que se han mencionado en Contraviento? Pienso que los “impedimentos” a esos cambios están dados básicamente por marcos legales, o sea, marcos que se pueden cambiar sin necesidad de federalizar el país para ello.
En relación a la idea de que “decir que Uruguay no puede cantonizarse porque no tiene la historia de Suiza es como decir que un uruguayo no puede usar IPhone porque no inventó el procesador”, entiendo que ésa tal vez no sea una relación válida. Antes que nada, porque estamos comparando un país – una heterogénea entidad pluripersonal – con un individuo. Por otro lado y pensándolo en forma inversa, me pregunto, ¿Suiza se podría transformar en un país unitario? Y no, no creo que Suiza tenga la más mínima chance de transformarse un día en un Estado unitario. Y la característica fundamental es la historia, la que tiene su correlato en la cultura en general y en la cultura política en particular.
En nuestro caso, se trata de una cultura estatista y centralista con la que yo entiendo, incluso, que la mayoría de la ciudadanía está de acuerdo. La prueba de ello es la alternancia de gobiernos que, salvo pequeños cambios, unos y otros vienen manteniendo la línea general del antecesor. Y cambiar esa cultura no es fácil porque, como bien dice @belolo, “El sentido comunitario no se decreta. Se cultiva. Y se cultiva diseñando sistemas donde comportarse como comunidad tenga sentido y las personas se sientan partícipes de las mejoras …”
Así, el hecho de que no estemos habituados a tomar decisiones a nivel local no es que presuponga necesariamente la existencia de algún tipo de seres superiores moral y técnicamente sino que, a mi juicio, para bien o para mal presupone la existencia en nuestro inconsciente colectivo y cultural – por ende en nuestro accionar político –, de una entidad “superior” llamada Estado que nos solucionaría todos nuestros problemas. A eso nos fuimos acostumbrando, yo diría que a partir de la segunda guerra mundial, al delegar muchas de
nuestras decisiones económicas en el Estado a cambio de un estado de bienestar – artificial, por cierto – financiado gracias a los excedentes generados de esa coyuntura geopolítica y económica. Y, con tal de no enfrentar contratiempos institucionales, por varias décadas se siguió en piloto automático, ciudadanos y clase política, hasta agotar stock, lo cual ocurrió unas décadas después. Pero ese sentimiento de Estado omnipresente como solucionador de todas las circunstancias, se instaló con mucha firmeza tanto en ciudadanos como incluso en empresarios y corporaciones, muchas de ellas defensoras hoy del no hagan olas y el no innovar. De aquellos barros, estos lodos.
Por supuesto que, como bien dice @yucayo, nadie aprende a nadar en un escritorio, que se requiere entrenamiento. Pero antes que nada, antes de empezar a entrenar, se requiere querer tirarse al agua, estar convencido de que ese es su camino, sentirlo como imperioso y propio, tan fuertemente necesario como para tomar el riesgo. Y eso puede ser posible a través de liderazgos que, gracias a las potencialidades tecnológicas de hoy, no tienen por qué nacer
desde el sistema político, aunque para llevar adelante cambios, tarde o temprano tendrán que pasar por el sistema político. Ello no estará exento de complicaciones y seguramente implicará ir “a marcha forzada” y machaconamente, pero no veo otro camino.
Así las cosas, vuelvo a mi cuestionamiento de por qué la solución pasa sí o sí por una federalización que, a mi juicio, sería muy complicada de hacer, cultural e institucionalmente. Y la pregunta que me hago es ¿por qué sólo la federalización funcionaría y no funcionaría una institucionalidad de país unitario con autonomías locales, que bien pueden implementarse hoy?
Estos días se está discutiendo la viabilidad o no de cierto emprendimiento urbanístico en Manantiales, localidad perteneciente al Municipio de San Carlos, en el Dpto de Maldonado.
¿Por qué tal decisión se toma en la Junta Departamental de Maldonado y no la toman en el Municipio de San Carlos como, a mi juicio, debería ser? O sea, ¿por qué la decisión la toman representantes de ciudadanos que viven a decenas de kilómetros de Manantiales y no los de su propio municipio? ¿Es necesario federalizar para que la decisión sea tomada más cerca de la gente, de los interesados? Yo creo que no.
En relación a la participación ciudadana pienso que la solución pasa por dar autonomía verdadera a las instituciones que hoy ya existen sin necesariamente intentar una federalización, que sería culturalmente a contrapelo.
Me consta que es difícil siendo que el sistema político no tiene incentivos para cambiar y menos si se pierde poder en favor de otras instituciones. Pero, si como decían Larbanois & Carrero (aunque para otro contexto), la cultura nunca puede ser dejada de lado porque árbol sin raíces no aguanta parado ningún temporal, pienso que no se puede pretender instalar cambios políticos de esta magnitud, si no estén enraizados culturalmente.
