¡No puede faltar ni en la cartera de la dama ni el bolsillo del caballero!

¡FREE PALESTINE! ¡MADURO! ¡CAMBIO CLIMÁTICO! ¡GRETA THUNBERG!

Los vendedores de antaño se subían al ómnibus y ofrecían peines, pastillas o chicles repitiendo una y otra vez: «Lo que no puede faltar ni en la cartera de la dama ni en el bolsillo del caballero.» En eso mismo se han transformado los reclamos de justicia a nivel mundial: mercancía repetida sin convicción, vendida a quien no la pidió.

¿Qué justificación sacarán ahora los grupos $ociale$ que ni viven en el país de lo que reclaman ni saben de lo que hablan?

No es la razón lo que nos lleva a la acción, sino la emoción. Y cuando escuchamos a alguien proclamar que actúa por principios racionales, lo que presenciamos no es ni más ni menos que un juego inconsciente para justificar —u ocultar— sus verdaderas emociones.

Esta ceguera emocional explica uno de los fenómenos más desconcertantes de nuestra época: la misma persona que marcha por «Free Palestine» puede defender a Nicolás Maduro —un narcoterrorista con miles de millones en Suiza, que mandó torturar, matar y dejó a un pueblo entero con hambre y expulsó a 8 millones de personas— sin experimentar la menor disonancia cognitiva.

El conversar que oculta

Todo lo humano existe en el conversar. Todo quehacer humano ocurre como una red de conversaciones. Pero hay conversaciones que revelan y conversaciones que ocultan. Cuando alguien proclama una causa, ¿qué emoción está coordinando realmente?

Requerimos nuevas herramientas para nuevos tiempos y esta herramienta de diagnóstico es infalible: decimos que queremos una cosa, pero no la queremos y queremos otra, y hacemos, por supuesto, lo que queremos, diciendo que lo otro no se puede. Hay cierta sabiduría consuetudinaria tradicional cuando se dice: hechos no palabras. Por ende, observemos.

24 horas después del 7 de octubre se le estaba culpando a Israel cuando éste fue el agredido por el grupo terrorista Hamás.

¿Cuántos defensores de causas humanitarias han levantado la voz por los 8 millones de venezolanos expulsados de su país? ¿Cuántos han exigido que se investiguen las cuentas suizas del régimen? ¿Alguien protestó en el último año porque Venezuela llegó al 86% de pobreza de la población? Si algunas personas y organizaciones sí, y…

¿Se ha pedido por:
– Las 7.000 ejecuciones extrajudiciales documentadas por la ONU solo entre 2018 y 2019
– Los más de 860 presos políticos a mayoría detenidos tras las elecciones de julio 2024
– Los más de 430 medios de comunicación cerrados desde 2007
– Las tres elecciones consecutivas no reconocidas internacionalmente
– Un salario mínimo de medio dólar mensual?

Hay silencios brutales que ocultan conversaciones y solo los delata ante la necesidad de sentirse buenos. ¿Quién te va a decir: soy malo y me gusta serlo? ¿Quién te va a decir quiero apropiarme del poder y todas las riquezas del país y para ello miento sobre que me importan los pobres para además lucrar con ellos y que toda la población quede bajo la línea de pobreza porque yo soy el amo y señor del universo?

Escuchamos lo que podemos tolerar. Es en este punto donde se empieza a desplegar la complejidad humana ya que aquí está la emoción que funda estas coordinaciones conductuales: la necesidad de pertenecer a algo que nos valide como personas moralmente superiores.

No se trata de resolver problemas; se trata de sentirse resolviendo problemas.

No se trata de ser buenos; se trata de mostrarse buenos y mucha gente trabaja de buenos.

La objetividad puede ser un gran argumento para obligar si los datos no están bien fundamentados y no son congruentes con la naturaleza intrínseca de lo que se está tratando, de lo contrario no serán buena guía para navegar por caminos sinuosos. Debemos de reconocer que hay mediciones que HOY ni siquiera se hacen, -por ejemplo, la del índice democrático- por ende, hay datos que ni siquiera tenemos y otros que son simplemente ocultados, de esta forma sucede el fenómeno de la rana hervida y las democracias implosionan desde dentro.

Las personas de las marchas al grito no buscan dialogar: buscan dominar. Dominación donde encuentran una identidad debido a un vacío individual. Un grupo de pertenencia. Una causa que los hace sentir parte de algo más grande que su propia insignificancia, suelen llamarle colectivo y a él le deben obediencia. ¿Se darán cuenta que son un micro grupo de individuos que los manipula a su antojo para quedarse con todo? Es la nueva modalidad que toma la esclavitud del siglo XXI.

Sin embargo, esa pertenencia les resulta cómoda y congruente con una de las grandes tentaciones humanas: el apego a la certidumbre que se coordina con la costumbre de no hacerse preguntas. El combustible perfecto para dormir una sociedad entera.

Reciben por WhatsApp las palabras a ser repetidas en las marchas y hasta la forma de gritar y violentar. Sin embargo, si nos acercamos y les preguntamos: Cuéntame sobre la causa que defiendes, quedan absolutamente en blanco. Lo he comprobado en las marchas pro-palestina.

Arengas rentadas es uno de los empleos actuales. Vaya uno a saber cómo transmutarán en el futuro. ¿Cobrarán también por la forma de gritar?

Lo más terrible de todo esto es que al tiempo de ser “adiestrados” son también engañados, pero rara vez lo reconocerán. Porque es más fácil ser engañado en su zona de confort que reconocer que a uno lo usaron y traicionaron. No existe dolor más grande que ese para el humano. Antes de reconocer eso mantendrán la «fidelidad al partido por encima de todas las cosas» sobre todo de ellos mismos. Es decir, que su persona se pierde.

Las narrativas que compramos

Esta dinámica explica por qué compramos narrativas absurdas sin cuestionarlas. Por ejemplo:

  1. “Hay que eliminar la carne de vaca por el cambio climático”— mientras alguien construye en silencio un monopolio mundial de carne sintética.
  2. “Latinoamérica es tercermundista por naturaleza” — narrativa que justificó décadas de desindustrialización con el aval de los nativos -una región que puede alimentar al planeta entero y que podría haber volcado fondos de especialización para que las materias primas no salgan solamente en ese estadio-, y con unos niveles de corrupción que según informe del BID del año 2020 “si hubiera habido buen manejo de dineros públicos en América Latina hoy no habría un pobre”.
  3. «Los medios tradicionales dicen la verdad» — mientras más de la mitad de los menores de 35 años en Estados Unidos dicen que las redes sociales y las plataformas de video constituyen su principal fuente informativa, porque descubrieron que los medios tradicionales también tenían agenda y que quedó demostrado en el caso BBC-CNN sobre Gaza y actualmente sobre lo que sucede en Irán.
    1. Y hablando de agendas: el caso BBC-CNN sobre Gaza lo demuestra todo. El grupo terrorista Hamas dijo que Israel bombardeó el Hospital Al-Ahli y mató a 500 personas. BBC, CNN y New York Times lo repitieron como noticia. Era mentira: investigaciones de inteligencia estadounidense, AP, CNN y Wall Street Journal confirmaron que fue un cohete fallido palestino y los muertos fueron entre 100 y 300. El New York Times admitió públicamente que confió demasiado en Hamas. La BBC se disculpó.
    2. Y si de credibilidad institucional hablamos, está el caso UNRWA. El Inspector General de USAID encontró evidencia independiente conectando a 3 empleados con los ataques y a otros 14 afiliados directamente a Hamas. The New York Times documentó que 24 directores y profesores de escuelas UNRWA pertenecían a Hamas. Y en enero de 2025, la rehén liberada Emily Damari declaró a la BBC que fue retenida en instalaciones de UNRWA. Estos son los medios y organismos que nos dicen qué creer y en quién confiar. 
    3. El fenómeno de Greta Thunberg experta en aire y viento dice que «le robaron la infancia»… ¿se la imaginan conversando con los niños rohingya que enfrentan una desnutrición aguda de Bangladesh? Le pusieron una máquina de marketing detrás la cual cae casi a la velocidad de la luz. Todo lo artificial no se sostiene en el tiempo, las verdades se sostienen solas y las mentiras caen también por su propio peso.
    4. Si es por los medios tradicionales, en Irán no está pasando nada y van 11 días de protestas masivas. Si, hoy la información pasa por las redes sociales con sus ventajas y desventajas ya que se perdió lo más valioso que tenían los medios tradicionales: LA CONFIANZA. ¿Estarán dejando de ser uno de los poderes de antaño? Si.

Mosab Hassan Yousef, hijo del cofundador de Hamás dijo que «es muy decepcionante ver personas apoyando a Hamás y pensando que Hamás es algo genial cuando Hamás los torturaría y masacraría sin piedad. Los llaman idiotas útiles».

El entrelazamiento del engaño

El conversar —no el diálogo— es el entrelazamiento entre las emociones y el lenguaje.

Cuando ese entrelazamiento se corrompe, cuando el lenguaje ya no coordina acciones, sino que las oculta, entramos en lo que podríamos llamar conversaciones de simulación. Dicho en fácil: “mentime que me gusta porque no soporto escuchar otra cosa que la que quiero oír” … de esta forma se abre espacio una vez más, a los populismos y así entre todos de forma individual dejamos ir la democracia al no hacernos desde preguntas simples hasta preguntas comprometidas y difíciles. En resumen y como dice más arriba son «idiotas útiles» que no hacen más que mandados.

En estas conversaciones, a través de la indiferencia, sencillamente no vemos al otro como un otro. No tiene presencia. Queda fuera de nuestro ámbito de preocupaciones.

Los venezolanos hambrientos no tienen presencia.

Los cubanos encarcelados no tienen presencia.

Solo tienen presencia las causas que nos permiten fotografiarnos con un cartel.

La pregunta incómoda

Si las emociones fundan todo hacer, ¿qué emoción funda la adhesión a causas selectivas?

No es el amor. Es algo más primitivo, algo pre-humano: la necesidad de validación tribal. De sentirse del lado correcto de la historia sin pagar el costo de investigar cuál es realmente ese lado… algo muy siglo XXI, no me juego la piel porque no lo experimenté, no lo viví, pero lo defiendo a rabiar tanto o más que su propia persona, -revolucionario de escritorio- es decir, que hace a esa causa más grande que ella misma y así ésta se pierde. ¿Se imaginan cuando se dé cuenta?

La recuperación de lo humano

Las transformaciones sociales no dependen únicamente de estructuras políticas o económicas, sino de la capacidad de recuperar y cultivar esas disposiciones básicas: la emoción de respetar al otro tal como es en mutua convivencia y el acto de conversar. Pero conversar de verdad —no simular— para ello se requiere algo que escasea: el coraje de ser honesto, de hacernos preguntas y ver qué emoción nos mueve realmente. Y esa pregunta generalmente trae a la mano un dolor del cual la gente huye despavorida… parece que prefieren pasarla mal que pasarla bien. ¿Curioso?

¿Queremos justicia para los oprimidos o queremos *sentirnos* justos?

¿Queremos cambiar el mundo o queremos un escenario donde *mostrarnos* cambiándolo?

La neurobiología del conocer nos recuerda que no podemos engañar a nuestra propia estructura. Podemos disfrazar nuestras emociones con lenguaje sofisticado, pero los hechos muestran quienes somos. Es simple, el foco debe estar en lo que las personas HACEN no en lo que dicen que hacen ya que esto último entra en el mundo de la manipulación feroz.

El problema no es que mintamos a otros.
El problema es que nos creemos nuestras propias mentiras, por ende, resulta interesante hacernos preguntas y la primera es: ¿para qué lo hacemos?

 

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