Enrique Guillermo Hernández
Estimados parroquianos de la geopolítica. Nos quisieron vender este nuevo acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea como un banquete de gala con mozos de guante blanco, con señores de traje repartiendo la torta con bisturí y mucha etiqueta. ¡Pamplinas, señores! ¡Mentira pura y dura!
Para entender de qué va esta milonga, hay que mirar el manual de la aduana europea. Allá nos tiraron por la cabeza una «bolsa común» de toneladas libres de impuestos para todo el Mercosur, pero la trampa está en la letra chica: se rige por el sistema de «First come, first served», que en criollo básico significa «por estricto orden de llegada».
No hay porciones asignadas a cada país. El reloj se pone en marcha en cero y el primero que fondea el barco y mete el trámite aduanero, descuenta kilos de esa bolsa global hasta que la vacía. Por eso, esto dejó de ser un acuerdo diplomático para transformarse en una picada a mar abierto.
En el comercio internacional no hay lugar para tibios: el que se queda tomando mate en la escollera, se queda mirando cómo el vecino le come el asado.
Prendan los motores y relojeen la tabla de posiciones que traigo anotada en esta servilleta de boliche, porque esta carrera dejó en ridículo a los que se creen gigantes y coronó a los que andan ligeros de equipaje.
VUELTA 1: EL PIQUE CORTO (Donde mandan los vivos)
En las categorías donde mandaba el pique corto y el reloj puro, los resultados fueron una carnicería. Acá no ganaba el país con más tierra, sino el que saltó como un resorte.
El Arroz (El berrinche del gigante): Nos decían que Brasil nos iba a pasar por arriba con su tamaño. ¿Qué pasó? Se quedaron en el molde. Cuando los brasileros quisieron arrancar, ¡sorpresa! Uruguay ya había cruzado la meta llevándose un brutal 63% de la cuota y Argentina el 37% restante. Los arroceros nuestros tomaron el café con los motores del barco rugiendo en el muelle. A Brasil lo dejaron tragando polvo con un patético 0%, llorando por televisión y sacando comunicados de queja.
Huevos y Miel (La avivada porteña): Acá los argentinos operaron como relojito. A los 15 días de abrirse la pista, metieron el pie a fondo y clavaron el 100% de la cuota de huevos (333 toneladas) y el 100% de la miel. Sus barcos ya estaban fondeados en Europa esperando que el semáforo aduanero se pusiera en verde.
El Ajo (La emboscada de Cuyo): Los mendocinos corrieron como verdaderos contrabandistas de guante blanco. Armaron los contenedores en silencio, adelantaron los papeles por internet y, sin hacer ruido, metieron el 100% del cupo en los puertos de España. Una chicana perfecta.
VUELTA 2: EL BARRO Y LOS PUNTOS CIEGOS
Maíz Dulce Enlatado (El camión trancado): Brasil tiene mucho músculo, pero es pesado de volante. En la carrera de las latitas de choclo, quisieron doblar con un camión con acoplado y volcaron en la burocracia. Argentina, más ágil y picante, le metió un sobrepaso y se llevó el 85%. El gigante norteño apenas arañó un tristísimo 15%.
Almidón de Mandioca (El Submarino Guaraní): ¡Para mí, el gran batacazo de la jornada! Mientras argentinos y brasileños discutían en las oficinas, los paraguayos (que ni salida al mar tienen) bajaron por la Hidrovía en silencio con sus barcazas. Transbordaron en nuestras aguas profundas a la velocidad de la luz y clavaron el 100% de la cuota europea. ¡Les robaron la carrera por el lado ciego a los dos colosos!
VUELTA 3: CHOQUE DE TITANES EN ALTA MAR
Cuando pasamos a los tonelajes monstruosos, el tamaño del motor y la destreza del piloto a mar abierto son de vida o muerte.
Pesca (Merluza y Calamar): Acá se corre en el Atlántico Sur a 30 grados bajo cero. Argentina impuso la fuerza bruta de su red llevándose el 60%. Pero ojo, la flota uruguaya demostró que tiene chapa de campeón pesado: operando buques factoría y procesando en medio del temporal, metimos un zarpazo infernal y nos quedamos con un brillante 40%. Brasil y Paraguay, 0%. Ni largaron de la costa.
Jugo de Naranja (El acueducto brasilero): Acá Brasil se levantó con los ojos inyectados en sangre. No corrieron con barquitos, armaron mega-buques cisterna. Llegaron a Bélgica, enchufaron mangueras gigantes y bombearon el 96% de la cuota en horas. A los citricultores argentinos apenas les dio el tiempo para rasguñar un 4%.
Madera y Tableros (Plywood): Brasil empujó con todo el peso incalculable del Amazonas y se llevó el 50%. Pero, ¡atención las tribunas!, porque Uruguay demostró que tiene la logística forestal afinada como un Fórmula 1: metimos el 35%, aplastando a la burocracia argentina que se quedó tosiendo aserrín con apenas un 15%.
VUELTA 4: CAMBIO DE REGLAMENTO EN PLENA RECTA
Cuidado, botijas, porque la Unión Europea cambia las reglas con el auto en marcha.
Las Carnes (¡Roja directa!): Acá se corre por «licencias». Y resulta que el Comisario Deportivo europeo revisó el auto de Brasil, le encontró problemas de sanidad (antibióticos) y lo descalificó. ¡Afuera Brasil de la carne bovina y aviar! ¿Quiénes quedaron solos en la pista para comerse esas cuotas de 99.000 y 180.000 toneladas? Uruguay, paseando nuestra trazabilidad electrónica impecable, y Argentina. La mesa quedó servida.
Soja y Maíz (El muro verde): Nos habilitaron, por ejemplo, 1.000.000 de toneladas de maíz, pero los europeos nos pusieron una pared de hormigón ecológico en la recta final. Ahora, si tu grano viene de un árbol recién talado en el Chaco o la Amazonía, te bajan la bandera negra por deforestación y marchaste.
EL PIT STOP DE LOS CAMPEONES: MONTEVIDEO
Para ir cerrando este boletín, hay que decir las verdades que duelen del otro lado del charco. ¿Por qué Uruguay, el más chico de la grilla, puede dar estos batacazos históricos y quedarse con el 63% del arroz, el 40% de la pesca y el 35% de la madera peleando contra monstruos?
Porque tenemos el mejor pit stop (parada en boxes) de América del Sur: El Puerto de Montevideo.
Mientras los inmensos barcos argentinos se quedan pegados en el barro del canal Punta Indio, rogando para no encallar, nuestra bahía tiene el calado de aguas profundas natural. Nuestros buques entran, cargan hasta hundir la línea de flotación y salen acelerando a fondo rumbo a Europa. Somos el trampolín perfecto de los abordajes comerciales.
En definitiva, muchachos: el comercio internacional es una aventura salvaje. Y en esta guerra de cuotas, el que se duerme, es boleta, y el que llega primero, cobra en euros. ¡El que pestañea, pierde!
