La Falange de la Libertad: Por qué la asimetría no es un destino, sino una elección.

A raíz de los intercambios generados por los amigos Oscar Ventura, Beatriz López y Jorge Martínez, y luego de que Oscar, tan gentilmente nos preparara una comparación entre las cuatro propuestas (ver artículo), quiero volver a escribir sobre el tema de la organización del Uruguay, esta vez abordando algunas de las críticas a la “cantonización” o traspaso de la soberanía al nivel local.

En este primer artículo, nos pondremos en formación detrás del «hoplón» y con la lanza «dory». Abordaré varios de los cuestionamientos recibidos (no solo de mis colegas, sino de mis discusiones en redes sociales) sin alcanzar el tema de la dificultad de implementación (también introducidos por los amigos “contraventianos”) que quedará para una próxima entrega junto con el abordaje de las propuestas Ventura-López-Martínez. Les adelanto que, en un movimiento envolvente, terminaremos los cuatro (o al menos las cuatro propuestas) detrás del mismo «muro de escudos» en una única «falange» del cambio.

No puedo más que usar el ejemplo de los griegos: una misma cultura, cientos de polis que iban desde la aristocracia espartana hasta la democracia ateniense.

¡Manos a la obra!

Algunos de los argumentos más usados contra la propuesta de llevar la soberanía en Uruguay al nivel local, son las diferencias (asimetrías) entre departamentos. Ello merece algunos comentarios.

En primer lugar, no hay evidencia de que la población sea un predictor de prosperidad para un país o territorio. Países con poblaciones reducidas como Luxemburgo (660,000 habitantes) son, de hecho, especialmente exitosos (PIB per cápita U$D 137,780).

La lista podría continuar:

  • Islandia 380,000 habitantes y PIB per cápita U$D 86,000 (menor que Canelones con 590,000).
  • Malta 520,000 habitantes y PIB per cápita U$D 43,898.
  • Liechtenstein con 39,000 habitantes y PIB per cápita U$D 206,780.

Todos coexisten en Europa con una Alemania de 84 millones de habitantes y un PIB per cápita de U$D 56,000.

Lo mismo puede decirse respecto a territorios autónomos dentro de un mismo país. Wyoming (EE.UU.) tiene 580,000 habitantes, Vermont (EE.UU.) 645,000 habitantes, mientras que California tiene casi 40 millones. Las Islas Feroe (Dinamarca) tienen 53,000 habitantes mientras la Dinamarca continental tiene alrededor de 6 millones.

Todos perfectamente funcionales, coexistiendo con otros estados o territorios algunos más poblados, otros menos poblados, algunos más ricos, otros menos.

Suiza es el ejemplo máximo de esto: comunas de 40 personas gestionan sus propios recursos con la misma soberanía que ciudades de 400.000. La soberanía no es un problema de escala, es un problema de diseño jurídico.

Lo que sí es un hecho es que la asimetría es una consecuencia directa del modelo unitario que concentra recursos masivos en las capitales.

¿Cómo variaría el PIB de cada departamento si las funciones administrativas fueran locales? ¿Cuántas empresas que tienen sus operaciones en el interior tienen hoy sus oficinas y sedes fiscales en Montevideo? Eso sin que los departamentos hubieran aún tomado decisiones en materia de competitividad en base a su novel autonomía.

Una comparación entre países unitarios y federales arrojó que, en promedio, en la capital de los unitarios se concentra el 29.5% de la población y el 41% del PIB. Mientras que en los federales las capitales concentran apenas el 1.9% población y el 2.9% del PIB.

Seúl, Santiago de Chile y Montevideo concentran el 50%,  40% y 37% de la población de sus países, a la vez que el 55%,  50% y 50% de sus PIB.

Por su parte, Berna concentra apenas el 0.4% de la población y 2% del PIB de Suiza, Washington DC el 0.2% y 1.5% de la población y PIB de Estados Unidos y Berlín el 4.3% de la población y 4.7% del PIB de Alemania.

Ergo: la asimetría es una consecuencia del unitarismo, no un impedimento para la implementación del federalismo. Es, de hecho, una de las principales razones para implementarlo.

Flores (26,271 hab, 5,144 km²) es más grande que: Liechtenstein (39k, 160 km²), Appenzell Innerrhoden (16k, 173 km²) o Malta (520k, 316 km). ¿Por qué no puede ser un centro financiero (como Liechtenstein), de turismo rural + agroindustria boutique o un espacio de competencia fiscal regional?

Rivera (103,493 hab, 9,370 km²) es más grande que: Singapur (5.9M, 734 km²), Luxemburgo (660k, 2,586 km²), Bahamas (410k, 13,943 km²). Podría ser una ciudad binacional única en el mundo con zona de libre comercio Brasil-Uruguay, maquiladoras para mercado brasileño y hub logístico MERCOSUR.

Colonia (130,244 hab, 6,106 km²), es más grande que: Singapur (5.9M, 734 km²), Brunéi (460k, 5,765 km²), Islas Caimán (69k, 264 km²). Es un puente natural a Buenos Aires (podría construirse el puente físico): hub logístico, localidades de residencia, turismo histórico (Colonia Sacramento), puerto Nueva Palmira, espacio de competencia fiscal frente a Argentina.

Maldonado (164,300 hab, 4,793 km²), es más grande que: Luxemburgo (660k, 2,586 km²), Bahréin (1.5M, 778 km²), Trinidad y Tobago (1.5M, 5,131 km²). ¿Qué le impide ser el Mónaco sudamericano? ¿Un gran centro de servicios offshore?

¿Qué les falta a estos territorios para despegar? Poder tomar sus propias decisiones. ¿Es garantía de prosperidad? No, pero es la posibilidad en sus manos que hoy no tienen.

¿Cuántas opciones existen más allá de mi imaginación o la de cualquier planificador? Infinitas. Solo hay que liberar el potencial contenido.

Por otro lado, se ha sostenido también como un impedimento para la cantonización, la falta de heterogeneidad cultural y una historia de conflicto o «autonomía precedente» como motor para la creación de un conglomerado de unidades administrativas autónomas. Ni todos los países con grandes diferencias culturales a su interior han evolucionado hacia estados federales (quizás China, que es un estado plurinacional, sea el mejor ejemplo) ni todos los países sin grandes diferencias han evolucionado hacia estados unitarios. Estados Unidos, Brasil o Australia, por ejemplo, son estados federales con fronteras internas pintadas tan arbitrariamente como las uruguayas y son países federales. Hay ejemplos de federalización por agregación (Estados Unidos o Suiza) y por desagregación (Brasil pasó de ser un imperio unitario a un país federal).

Decir que Uruguay no puede cantonizarse porque no tiene la historia de Suiza es como decir que un uruguayo no puede usar un iPhone porque no inventó el microprocesador. Las instituciones son tecnologías de convivencia; no necesitamos haberlas inventado hace cinco siglos, solo necesitamos la voluntad de implementarlas para prosperar hoy.

Es decir: ni historia convulsa y matriz cultural diversa es sinónimo de evolución hacia el federalismo, ni matriz cultural homogénea es sinónimo de evolución hacia el unitarismo.

En cada lugar ha habido razones para los diferentes marcos institucionales. En Uruguay (en mi opinión) las razones para llevar la soberanía a nivel local son:

  • El estancamiento del país.
  • Las profundas asimetrías entre Montevideo y el resto de los departamentos, atados de pies y manos en la gestión de sus economías y sociedades.
  • La enajenación (que lleva a frustración) de los ciudadanos respecto a la gobernanza.

Me parecen razones más que suficientes y pienso que, probablemente, también le parezcan a cientos de miles (si no millones) de uruguayos de todos los credos y filiaciones políticas.

Un último argumento que no quiero pasar por alto, es el de que “los uruguayos no están habituados” o “preparados” para tomar decisiones a nivel local. Algo que presupone la existencia de algún tipo de seres superiores moral y técnicamente en Montevideo (de cuya inexistencia hay probada evidencia).

Si bien es cierto que la ciudadanía uruguaya no tiene “entrenamiento” en gobernarse localmente ni con herramientas ágiles de democracia directa, rechazo de plano que no tenga la capacidad de hacerlo. El entrenamiento se adquiere en la práctica; nadie aprende a nadar en un escritorio de la Ciudad Vieja.

Los valores y el discernimiento necesarios para gobernarse directamente son los mismos que se supone tenemos para participar como ciudadanos de una democracia. Cuestionarlos es cuestionar directamente la viabilidad (y legitimidad) democrática, ya sea unitaria o federal.

En suma, se puede creer o no en la posibilidad (y pertinencia) de llevar la soberanía a nivel local en Uruguay, pero ello queda en el campo de las creencias. La evidencia no nos muestra ni viabilidad ni inviabilidad per se, más bien (y más allá de los retos de implementación) los grandes beneficios que podría llegar a tener para los uruguayos tal nivel de autonomía.

Estoy seguro de que a cada ejemplo de país o región exitosa puede surgir un ejército de justificaciones del estilo «¡Ah, pero eso es porque ellos tuvieron esta o aquella ventaja!», no importa que los casos sean múltiples, de todos los continentes y culturas diversas. siempre hay quien encuentra la forma de justificar la incapacidad propia enlodando el éxito de otros en lugar de tomarlos de sano ejemplo.

Los países y las personas, no solo mueren de guerras, enfermedades o inanición, también mueren de escepticismo, excusas, falta de sueños y voluntad.

En el siglo V a.c. los griegos dieron una lección que trascendería milenios: se enfrentaron a un imperio que los superaba en todo sentido, fue un choque de voluntades, de valores, de formas de ver el mundo.

Se sacrificaron en las Termópilas, o lucharon con sus trirremes en Salamina mientras veían a Atenas arder, pero vencieron y crearon la cultura más fulgurante de la Historia (filosofía, medicina, matemáticas, física, arquitectura, escultura, teatro, deportes) por una sencilla razón: tenían la certeza de que podían.

Nosotros también.

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