Chauvinista, aparta de mí ese cáliz

 

Chauvinismo:

Exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero. (Diccionario RAE)

Definición conceptual (tomada de r/etymology/Reddit): El chauvinismo es la creencia narcisista y el nacionalismo extremo de que lo propio —especialmente la nación— es superior a todo lo extranjero, rozando el fanatismo. Derivado del soldado napoleónico Nicolas Chauvin, implica un patriotismo ciego y agresivo, a menudo utilizado para justificar actitudes de superioridad, desprecio por otros pueblos o políticas de exclusión.

Xenofobia:

Fobia a lo extranjero o a los extranjeros. (Diccionario RAE)

Definición conceptual: La xenofobia es el miedo, rechazo, desprecio u odio hacia los extranjeros o personas de diferentes culturas. Implica actitudes prejuiciosas y discriminatorias que buscan excluir o menoscabar los derechos de los migrantes, basándose en la nacionalidad o el origen, y suele estar vinculada al racismo y al nacionalismo extremo.

 

¡Nos invaden!

En un país que presume de apertura y tolerancia, la asunción de Leydis Aguilera –ingeniera cubana radicada aquí desde hace 16 años, opositora al régimen de La Habana, defensora de derechos de mujeres y migrantes afrodescendientes– como suplente del diputado Pablo Abdala (Partido Nacional) y primera legisladora de origen cubano en la historia del Parlamento uruguayo, desató una cascada de comentarios tóxicos, del tipo “Tu país te necesita, no Uruguay”.

En redes sociales, en reacción a lo que publicó la prensa, se repetían una y otra vez comentarios más o menos -más más que menos- ácidos, pidiendo poco menos que un cierre de fronteras. El miedo, nubla, y en esos comentarios, lo que rezumaba era miedo.

A veces una realidad, la podemos ver desde nuestro propio metro cuadrado. El columnista vive en una propiedad horizontal de 30 unidades de vivienda y 4 locales comerciales. De esas 30 unidades, 2 están alquiladas por cubanos y 1 por venezolanos. De los locales, 3 de 4, los alquilan cubanos, cada uno con un emprendimiento diferente. Gente que trabaja de lunes a domingo, no se queja -salvo por los costos de escándalo- y aporta a la Seguridad Social, paga impuestos, consume servicios, genera trabajo. Sin embargo, para el uruguayo promedio que son mis convecinos, el escándalo es que uno de los apartamentos de 3 dormitorios, sea compartido por 2 (o tres, vaya uno a saber) familias, como único modo de afrontar alquileres confiscatorios.

Pero, además, esa xenofobia apriorística ignora per se, sin razón ni análisis, lo que de talento, conocimiento, tesón y ganas de desarrollar sus capacidades, poseen inmigrantes que han crecido y vivido bajo regímenes totalitarios que prohíben pesar como prohíben pensar.

Aplicar ese criterio de cerrarnos a cal y canto, nos habría privado de, por ejemplo (entre otros muchos que seguro habrán), recibir en entre nosotros al Economista Carlos Abel Olivera, cubano, nacionalizado, con hijos uruguayos, empresario de la pesca de referencia al que, además de más de 1000 puestos de trabajo que proporciona su trabajo, debemos el liderazgo que posibilitó, por primera vez en la historia, quebrar el virtual monopolio chantajista del trabajo en la pesca. Me parece que, ese sólo caso, habla por sí mismo de las potencialidades que tiene la inmigración.

Por algún lado y alguna vez, leí un párrafo de Julio María Sanguinetti -con quien en ello, sin sentar precedente, estoy muy de acuerdo- sobre “la diferencia entre la mentalidad del emigrante y los hijos y nietos de estos, mientras el inmigrante tiene siempre una actitud de deudor eterno con la tierra que lo recibe y le hace posible desarrollarse y crear riqueza para sí y sus hijos, sus descendientes, en cambio, nacen con mentalidad de acreedores de esa misma tierra por aquello que ni siquiera ayudaron a construir”.

 

Entonces, como si el chauvinismo fuera un cáliz que debiéramos tragar sin chistar -ignorando que esta mujer, la Ingeniera Aguilera, encarna precisamente lo que Uruguay necesita, talento integrado, profesional y comprometido con la libertad, en un territorio que se estanca demográficamente- proclamamos nuestra vocación de vivir -y también morir- con lo nuestro.

Esta erupción xenofóbica, por varios de esos comentarios, parece tomar como punto de referencia el fenómeno europeo, que no es de hoy y ahora, que lleva por lo menos 5 décadas de desarrollo, aunque haya hecho erupción a partir del primer lustro del presente siglo, pero que no tiene el más mínimo punto de comparación con los fenómenos migratorios latinoamericanos. Lo analizamos en el siguiente capítulo.

 

Los invaden, y no es broma

 

Europa, el viejo continente que se jacta de su “civilización avanzada”, lleva décadas bebiendo el cáliz amargo de una sustitución poblacional real y masiva, aceptada mansamente por sus élites porque sin inmigración el Estado de Bienestar se les derrumbaba.

Con una fertilidad en coma profundo (1.34 hijos por mujer en la UE según Eurostat 2024, el récord histórico más bajo desde 2001), solo 3.55 millones de nacimientos en 2024 (-3.3% vs. 2023), la población alcanza su pico en ~453 millones hacia 2026 para luego caer (sin flujos migratorios fuertes, pérdida de hasta un tercio hacia 2100), y un envejecimiento galopante que vacía fábricas, hospitales y arcas previsionales.

La “solución” oficial: abrir las puertas de par en par a oleadas masivas de inmigrantes, principalmente de países musulmanes de Oriente Medio, Norte de África y Asia Central. Resultado: la población musulmana ronda el 6% actual, y las proyecciones (Pew Research, escenarios actualizados) la llevan al 7.4% sin más migración, o al 11-14% hacia 2050 en escenarios medios/altos.

El drama real: nadie quiso ver las brechas culturales y religiosas que transformaron esa “compensación demográfica” en auténtica invasión: choques de valores profundos, guetos paralelos, integración fallida en muchos casos, aumento de tensiones y delitos ligados a la no asimilación, e islamismo que en barrios de Francia, Suecia o Alemania ya es una realidad cotidiana y no una minoría exótica. Europa cosecha lo que sembró con su ceguera: auge de populismos antiinmigrantes, cohesión social fracturada y un arrepentimiento tardío.

La real realidad uruguaya

Aquí en Uruguay, equiparar ese proceso con el nuestro es un disparate xenófobo y un insulto a la aritmética.

Nuestra inmigración –cubanos y venezolanos liderando el récord histórico de 2025 con más de 22.000 llegadas cubanas y 13.852 cédulas nuevas (quintuplicando las de argentinos, brasileños y venezolanos juntos)– llega de un mismo tronco latinoamericano: misma lengua, misma matriz cultural cristiana o secularizada, mismos valores occidentales, misma historia republicana mestiza.

No hay brecha religiosa significativa, no hay guetos inevitables, no hay “invasión” cultural. Es una compensación mínima y urgente ante nuestra hemorragia interna: natalidad colapsada (fecundidad ~1.2-1.27, solo 28.903 nacimientos en 2025, cifra patética y récord a la baja) y emigración crónica de uruguayos que mantiene el saldo migratorio neto nulo o levemente negativo en las proyecciones oficiales del INE.

Tabla comparativa: Europa vs. Uruguay – ¿Sustitución real o paranoia chauvinista?

Indicador clave Europa (UE) – Realidad 2024-2026 Uruguay – Realidad 2025-2026 Contraste clave (por qué no se compara)
Tasa de fecundidad total 1.34 hijos por mujer (Eurostat 2024, récord bajo) ~1.2-1.27 hijos por mujer (INE/MSP 2025) Ambas en crisis natal, pero Europa recurrió a flujos masivos para compensar.
Nacimientos anuales recientes 3.55 millones en UE (2024, -3.3% vs. 2023) 28.903 (2025, récord bajo histórico) Escala distinta, pero mismo envejecimiento acelerado.
Pico poblacional y proyección Pico ~453 millones en 2026 → caída gradual Pico 3.51 millones en 2020 → 3 millones en 2070 (-450-500k) Ambas declinan sin inmigración; Europa dependió de millones para frenar.
% población inmigrante / origen extranjero Alto (musulmanes ~6% actual, Pew: 7.4-14% en 2050 según escenarios) ~3.5% nacidos en exterior (122.000 aprox., mayoritariamente latinos) Europa: brecha cultural/religiosa grande; Uruguay: misma raíz latina/cristiana.
Saldo migratorio neto histórico Positivo fuerte (millones desde 2015) Nulo o levemente negativo (emigración uruguaya compensa) Europa: inmigración masiva por necesidad; Uruguay: compensación mínima, sin «invasión».
Componente cultural/religioso Alto choque: islam creciente, guetos, integración fallida Bajo/nulo: misma lengua, valores occidentales compartidos Europa ignoró brechas → problemas reales; Uruguay: inmigración culturalmente «invisible».
Consecuencia política Auge de populismos antiinmigrantes, cohesión rota Brotes xenófobos locales sin base real En Europa fue necesidad + ceguera; aquí es puro delirio chauvinista.

 

 

 

Lo que realmente enciende la bilis chauvinista no es la realidad, sino un tan hipotético como absurdo fantasma de una “invasión masiva” o “reemplazo poblacional” a la europea, ese delirio conspiranoico -para nuestra realidad- que algunos repiten como loros mientras Uruguay se desangra por dentro.

Los datos del INE (Revisión 2025) los dejan en ridículo: no hay sustitución, hay un tapón desesperado y mínimo contra dos hemorragias mortales de la población nativa.

Primera: natalidad en coma profundo –fecundidad ~1.2-1.27 en 2025, solo 28.903 nacimientos el año pasado (cifra patética, récord a la baja)– y crecimiento natural negativo desde 2020.

Segunda: emigración uruguaya crónica, que mantiene el saldo migratorio neto nulo o levemente negativo en las proyecciones oficiales. Los inmigrantes –cubanos batiendo récord histórico con más de 22.000 llegadas en 2025, quintuplicando cédulas a argentinos y brasileños– no “reemplazan” a nadie; tapan con un dedo el agujero para que no nos caigamos a pedazos rumbo a los 3 millones en 2070, con más geriátricos que escuelas.

Rechazarlos no es defender la “patria uruguaya”: es acelerar el suicidio demográfico colectivo, es preferir extinguirnos solos antes que aceptar que una ingeniera cubana como Leydis Aguilera o unos emprendedores como mis vecinos, nos salven el pellejo.

Si acaso, porque toda sinrazón puede tener parte de razón, y este puede ser un caso, lo que sí debería vigilar el país es el ingreso de “infiltrados” de regímenes incompatibles con nuestros valores democráticos y republicanos, que los puede haber, y para muestra basta ver lo que sucede en la triple frontera. A eso, sí, deberíamos temerle.

Chauvinistas sin razón, alejen de mí ese cáliz amargo de xenofobia barata.

El verdadero enemigo no viene en avión desde La Habana o Caracas; está en nuestra propia cuna vacía y en los pasajes de ida que toman nuestros hijos.

Patria o extinción: tú eliges.

 

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