Podría ser el título de un film distopico cuyo guión se centra en un país de ficción manejado por una clase política disfuncional. Lo cuento porque lo soñé hace pocas noches y mi rol en tamaña pesadilla era de guionista y director. Desperté angustiado porque si bien mi película obtenía un Oscar el final de Ñeriland era trágico y ahí desperté.
Erase un país del Tercer Mundo que se creía muy civilizado y su gobierno estaba manejado por simpáticos personajes que en medio de una Guerra -por el petróleo y el gas- ellos en cambio estaban preocupados en temas banales o de una agenda Woke o insertos en tontas peleas entre partidos.
No puedo negar que entresueños sucedían situaciones tragicómicas. De hecho, Ñeriland no producía petróleo y sus combustibles eran los mas onerosos del continente. Por tanto una escalada bélica mundial focalizada en el control de la logística y suministros del petróleo debía constituir el tema principal de la Agenda Política del país. Pero nadie lo veía así salvo algunos pocos analistas (raros seres pensantes). Era de esperar que el gobierno convocara a un Comité de Crisis para planificar- al menos- 2 o 3 escenarios alternativos en caso de escasez de abastecimiento o aumento excesivo de precios en el mundo. Nadie veía racional manejar un tablero de comando de cómo y cuánto dichos episodios van afectando otras variables de la economía. Las escenas del film eran desesperantes al comprobar como ese par de analistas caracterizados únicamente por el sentido común le pedían a gobernantes y hasta opositores que concentraran sus esfuerzos en darle a los ciudadanos respuestas planificadas para mitigar la crisis, y en cambio aparecía el Presidente de ese país preocupado en huir una y otra vez al exterior para visitar presidentes corruptos del Primer Mundo. El tema del combustible en Ñeriland era un pequeño aspecto más de la agenda nacional en la que tirios y troyanos se concentraba en discutir si antes “se hacía peor o mejor”. Y el gobierno subía unos pesitos el precio para “irla llevando” y luego los principales mandos centraban sus esfuerzos en distraer a la población buscando llevar a Tribunales a miembros de la anterior administración por un par de barcazas cuya dilación en la obra solo favorecía a los narcos que ellos mismos confesaban combatir a pesar de haber reconocido que luchar contra ellos es una batalla perdida de antemano.(todo muy loco) Recuerdo que mis sueños también registraba momentos de hilaridad en la platea del cine dado que el grado de irresponsabilidad de los gobernantes de Ñeriland conducía a situaciones de humor “Negro”.
Soñé un país manejado por gente que discute semanas sobre un insólito túnel de costo faraónico de 3 kilómetros exclusivo para autobuses en medio de una crisis mundial que inexorablemente va a terminar afectando la economía micro y macro de cada lugar del planeta. Y justo en Ñeriland , donde la nafta cuesta un dineral.
La pesadilla me provocó sudoraciones. Un anciano medio loco se le acercó al presidente antes de abordar un avión (como lo hace cada 2 semanas) y le dijo:
“Oiga Don ¿por qué en lugar de empezar a subir los precios de combustibles cada poco rato no le quita parte de sus impuestos?Si se encarece todo habrá recesión”
Ese presidente del film distópico no pudo atinar a responder y solo le contestó:
“No sé..es complicao”
Y luego le pedían opinión a una ministro respecto de la frecuencia de ajustes de combustibles y ella les dijo:
“Serán bimensuales a la baja y mensuales para aumentarlos”. Ahí recuerdo en mis sueños que la gente explotaba en risotadas dentro del cine.
También recuerdo llantos. Sobre todo cuando veían a un ministro jactancioso presentar un Plan de Seguridad pública enfocado a combatir el narcotráfico y en ese mismo momento se le escapaban casi 40 toneladas de acetato de etilo para hacer cocaína por un puerto del interior sin control alguno. Tristísima escena
La noche se hizo larga porque sucedían episodios confusos alrededor de ese gobierno disfuncional que contagiaba a todos. El pueblo terminó discutiendo también sobre asuntos baladíes mientras el mundo se prendía fuego y sin imaginar nunca que las llamas tarde o temprano tambien iban a arder en estos lejanos hogares de la sureña Ñeriland.
Superada la pesadilla he reflexionado sobre nuestra realidad.
Gobernar es sumergirse en discernir entre los urgente y lo importante y hacerse cargo de acciones que no siempre caerán simpáticas. En Uruguay:
¿Cuándo van a arrancar?
