Petróleo, tiburones y la murga de los “progres en conserva

Enrique Guillermo Hernández

 

Decía el finado Jorge Batlle, con esa puntería de francotirador que te dejaba pedaleando en el aire, que a los socialistas lo peor que les puede pasar es cruzarse con la riqueza, porque gastan a cuenta de lo que tienen y de lo que no tienen.

Y parece que el destino, caprichoso y burlón, está empeñado en ponernos a prueba. Resulta que allá en el fondo de nuestro mar, en esa extensión inmensa de 350 millas que hoy es nuestro mayor territorio, parece que hay petróleo.

Pero ojo, no se emocionen todavía, que el problema no es sacarlo. El problema es quién tiene la llave del cofre en la superficie.

*El buque noruego y nuestra soberanía de papel*

Hace poco nos enteramos de que un buque noruego andaba de paseo por nuestra plataforma continental, tirando sondazos a diestra y siniestra, haciendo prospección como pancho por su casa. ¿Y nuestra soberanía? Bien, gracias.

Mandamos alguna queja en papel membretado desde la comodidad de algún despacho montevideano. Pero acá viene la pregunta que nos tiene que desvelar: si un barquito explorador nos pasa por arriba ignorando nuestros límites solo para sacar unas fotitos del fondo, ¿qué va a pasar el día después?

¿Qué pasa el día que efectivamente salte el chorro de petróleo y los números en verde encandilen al mundo? Si nos agarraron de giles para escarbar, imagínense lo que va a ser cuando haya miles de millones de dólares en juego.

¿Con qué vamos a defender esa riqueza? ¿Con otra cartita de protesta a la ONU? A la hora de sentarnos en la mesa de los leones a repartir la torta, ¿qué capacidad de negociación real vamos a tener para decir «esto es nuestro» y determinar cuánto nos toca?

Nos van a dejar las migajas. Tener el territorio marítimo más grande de la región y no tener con qué vigilarlo es como atarse un bife de chorizo al cuello y tirarse a nadar en una pileta llena de tiburones.

El derecho internacional es un poema precioso, pero en la geopolítica real, si no tenés peso y colmillos, te pasan por arriba.

*“Progres en conserva” mientras el mundo aprieta el acelerador*

Y hablando de peso en la geopolítica, el experto Carlos Mazal lo resumió hace unos días con una crudeza que duele: en Uruguay somos unos “progres en conserva”.

Mientras el mundo gira a mil por hora, nosotros seguimos jugando a la rayuela ideológica. Allá en el norte, Estados Unidos aprieta el acelerador al grito de “drill, baby, drill”, y nosotros, en lugar de ser pragmáticos, armamos las valijas para ir a España a sacarnos la foto con Sánchez, Lula y Petro, en cumbres de ideologías perimidas.

Los inversores de verdad, los que tienen que traer los millones para sacar los fierros al agua, nos miran de reojo con la política del “wait and see”. Y cómo no van a esperar y ver, si nos tiembla la pera para llamar “dictadura” a la carnicería de Venezuela, inventando eufemismos como “democracia diferente”. Un papelón a escala global.

*El modelo noruego y la carcajada uruguaya*

Pero volvamos a nuestro potencial tesoro submarino. Carlos Mazal sostiene, con un tino que pocos tienen, que si encontramos el oro negro tendríamos que copiar el modelo noruego: un fondo soberano, intocable, blindado bajo siete llaves para financiar la educación de nuestros bisnietos, sin que se reparta un solo peso en sueldos del Estado.

Mazal propone que esa riqueza, junto con la del hierro, se preserve de la rapiña política.

Permítanme la carcajada.

Conociendo el paño y a los zorros de dos patas que nos gobiernan, a la primera gota de crudo que asome en el horizonte, arman una fiestita populista que ríase usted de la sequía.

Hipotecan el futuro a cuenta, crean el Ministerio de Asuntos Petrolíferos con tres mil cargos de confianza y terminamos importando nafta más cara que hoy.

Tenemos el ejemplo de Venezuela al lado: flotan en petróleo y se mueren de hambre por dejarle la caja a un régimen atornillado.

*El verdadero derrame que hay que evitar*

La prospectiva sísmica, como bien dice Mazal, puede ser perfectamente compatible con la pesca y con el futuro del país. Lo que no es compatible con la riqueza es la mentalidad de despilfarro y la soberanía de cartón.

Antes de meter los fierros a desafiar el océano, vamos a tener que escarbar un poco más profundo en la conciencia del uruguayo.

Porque si el día de mañana somos un país petrolero, lo peor que nos puede pasar no es un derrame en el mar, sino que la billetera y las fronteras nos las manejen los mismos piratas de siempre.

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