La “paranza” oriental: Crónica de nuestra Guerra Civil Molecular

 

 

Introducción: El beso de la pólvora 

 

En las calles de Nápoles, una “paranza” es un grupo de peces pequeños, alevines casi, que se siente atraídos por la luz de los barcos y terminan, inevitablemente, atrapados en la red. Roberto Saviano utilizó este término para bautizar a los nuevos ejércitos de la Camorra: niños de trece años que disparan antes de aprender a afeitarse.  

En Montevideo, la luz que los atrae no es la de un barco, sino el brillo intermitente del consumo y las redes sociales, las zapatillas de trescientos dólares, el anillo y la cadena de oro que usa su rapero favorito, y la mística del “respeto” que solo se obtiene apretando un gatillo. La red es el ataúd a los veintipocos. 

Hoy Uruguay está más lejos que nunca de Suiza y parece ser el laboratorio de una mutación antropológica que el sistema político se empeña en ignorar.  

Estamos ante nuestra propia paranza: una guerra que no tiene banderas sino moléculas.  

Pausa: en contexto… 

Cuando esta nota estaba “entrando a impresión”, Montevideo Portal publica en X, esta noticia –que lo contiene todo lo que planteamos y desarrollaremos, en un solo hecho, por ese mismo motivo, por demás simbólico-, vea usted: 

“TORTURAS, MUTILACIONES Y DISPARARLE A UN BEBE: ADOLESCENTE FUE CONDENADO A 10 AÑOS DE INTERNACIÓN EN INISA Un adolescente fue condenado a diez años de internación en el Inisa por su participación en dos hechos de extrema violencia ocurridos entre octubre de 2024 y enero de 2025. Según Fiscalía, en uno de los casos filmó con su celular el secuestro y tortura de una persona, que permaneció cautiva durante horas y sufrió mutilaciones, un disparo y múltiples lesiones graves. En el segundo episodio, trasladó en moto a un sicario que atacó a tiros una vivienda. Un hombre murió en el lugar y una niña de dos años resultó gravemente herida. La Justicia lo declaró responsable de varios delitos, incluyendo privación de libertad agravada, lesiones, homicidio especialmente agravado y tentativa de homicidio, además de coautoría en tráfico de armas. (+) en Montevideo Portal: http://m.uy/uc961331 “ 

Abrir esta crónica con la imagen de un niño-adolescente en un barrio de Montevideo -Cerro Norte, Villa Española o Maracaná, tanto da- subiendo una historia a Instagram con “un fierro de 30 tiros”, conecta directamente con el inicio de “La guerra de los niños”, título en español para la novela de Roberto Saviano de 2016. Titulada “La paranza dei bambini”. 

Cuando el columnista, que ha venido anunciando-denunciando este fenómeno-tragedia desde hace largo tiempo, buscaba ejemplos de otras sociedades que pudieran asimilarse, solía recurrir a las más cercanas a nosotros, Brasil y Argentina, Ecuador, Colombia, México. Sin embargo, el verdadero modelo, estaba cruzando el Atlántico, al Sur de Italia, en Nápoles. Mostraremos por qué.  

 

Los “niños piraña” y la mística del “beso feroz” 

De la travesura al sicariato 

El poder es como el amor: te hace sentir vivo, pero exige sangre” R. Saviano 

 

El subtítulo “El beso de la pólvora” alude al título de la siguiente novela de Saviano de 2017, traducida como “Beso feroz”. En ella, el autor describe una escena aterradora: un grupo de adolescentes besa las armas antes de consumar una ejecución. Esa ceremonia de bautismo no es un ritual religioso, es una alianza de sangre con el consumo.  

Para el joven de la periferia de Montevideo, el “fierro” es la única herramienta de movilidad social ascendente. 

Cuando vemos operativos de robos piraña en las farmacias de Carrasco, Pocitos o Punta Carretas, el analista de turno habla de “inseguridad”. Saviano quizás diría que se trata de “pedagogía del delito”. Estos jóvenes no roban para comer, roban para pertenecer. 

El botín -perfumes de lujo, celulares de alta gama- es el uniforme de una guerra que se libra en Instagram tanto como en un pasillo del Casavalle. La ejecución con 37 balazos a plena luz del día no busca solo matar: busca la saturación estética del terror.  

Es el mensaje de que la vida vale menos que el cargador extendido de una Glock. 

Enzensberger en la Seccional 17: la guerra civil molecular o el autismo de la violencia 

Con Saviano y en Nápoles, pleno siglo XXI habíamos encontrado el modus operandi exacto del fenómeno que hoy sacude nuestra otrora plácida penillanura.  

Sin embargo, hacía falta encontrar la matriz ideológica que explicara una dinámica social radicalmente diferente a las que se pudo haber vivido en el pasado. La respuesta ya la habíamos encontrado en los premonitorios ensayos de Hans Magnus Enzensberger, especialmente “Perspectivas de Guerra Civil” publicado en 1993. 

Enzensberger argumenta que las guerras civiles modernas ya no se libran por convicciones políticas o religiosas, sino que las ideologías son solo «disfraces intercambiables», y se caracterizan por dos elementos inseparables: la fragmentación y el autismo de la violencia. La guerra “molecular” no ocurre entre dos grandes frentes –al modo tradicional- sino que está fragmentada en células o “moléculas” (como las paranzas o bandas de barrio de Saviano) que ejercen una violencia indiscriminada. 

La guerra vicil molecular no se dirige contra un enemigo exterior, sino contra el vecino” decía Enzensberger.  

En los niños de Saviano, el motor no es la revolución ni el cambio social, sino el consumismo extremo y la búsqueda de poder inmediato para comprar ropa de marca y bienes de lujo. En la línea de Enzenberger, Saviano muestra cómo estos grupos –fundamentalmente de adolescentes y niños, operan sin una jerarquía centralizada ni un objetivo claro a largo plazo, creando un estado de caos dinámico donde “agresión y defensa se vuelven indistinguibles”. No hay demandas políticas, ni un “mundo mejor” al final del camino. Es la violencia por la violencia misma, la destrucción por la destrucción misma.  

En Montevideo, este “molecurización” se manifiesta en la pérdida de la inhibición. La muerte de un bebé a balazos en una disputa por territorio no es un accidente, es el resultado lógico y trágico de un conflicto donde               “el otro” ha perdido su condición humana para convertirse en un obstáculo táctico.  

El protagonismo de la barbarie juvenil  

 

Enzensberger señala que en estas guerras el perpetrador suele ser un “joven varón perdedor” que recurre a la violencia para ganar relevancia. Saviano, lleva esto al extremo con niños que aprenden a disparar con tutoriales y videojuegos –una interrelación con fronteras, a veces, indistinguibles- viendo la muerte (propia o ajena) como un simple trámite necesario para “ser alguien”.  

Siendo un fenómeno disruptivo de todos los paradigmas anteriores, la figura del reclutador también cambia. Ya no lo es –o no solamente- el proveedor del polvo mágico, sino que el más eficiente no es un narco escondido en una celda, sino el escaparate digital del consumo global. En un mundo donde “ser” es “tener”, el niño de la periferia no busca la revolución sino la marca. Ese consumismo visceral es el combustible que alimenta las tácticas de una guerra urbana mutante.  

Saviano describe la stesa –la incursión veloz en moto disparando indiscriminadamente para marcar territorio– como un acto de publicidad armada. En Montevideo, los asaltos piraña y las ráfagas de 30 tiros cumplen la misma función: son el lenguaje de quien ha decidido que es mejor vivir un año como un rey depredador que cincuenta como un figurante invisible. 

La táctica –la velocidad, la saturación de fuego y el uso de niños como escudos– es solamente la herramienta para proteger ese flujo de dinero que compra la única identidad que el mercado puede ofrecerles. Es una operativa militar al servicio de un vacío existencial que se llena con marcas de lujo y sangre. 

El corazón del horror: las “Casas de Tortura”   

Aquí llegamos al centro del sándwich, el punto donde la teoría aparece manchada de sangre real. En los últimos 2 años, investigaciones fiscales y policiales han comenzado a documentar un fenómeno que hasta hace poco parecía exclusivo de los carteles mexicanos o los clanes napolitanos: la aparición de las “casas de tortura”. 

En barrios como Villa Española y Cerro Norte, el narco ya no solo mata: también disciplina.  

Según fuentes del Ministerio del Interior y reportes judiciales de 2025 y 2026, se han identificado fincas utilizadas exclusivamente para el cautiverio y tormento de deudores o “traidores”. La Fiscalía de Estupefacientes ha detectado que estas viviendas suelen ser fincas precarias “expropiadas” por el narco a jubilados o familias vulnerables mediante amenazas, un calco de los “desalojos forzosos” narrados por Saviano como “quarteri spagnoli”.   

El uso de picanas eléctricas, quemaduras y mutilaciones grabadas en video para ser enviadas a otros integrantes de la banda, es el signo definitivo de la barbarie molecular.  

Aquí, la desconexión con el Estado es total. Estas casas son “agujeros negros” soberanos donde la Constitución de la República no es más que papel mojado.  

El Estado uruguayo, anclado en procedimientos del siglo pasado, llega siempre tarde: llega para levantar el cuerpo, no para impedir el tormento.  

   

Radiografía del abismo (datos INISA 2025/26) 

Para entender la “molecurización” de la violencia en Montevideo y en Uruguay, las cifras del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (INISA) –cuyo mero nombre es ya una paradoja- son elocuentes.  

El adolescente que ingresa hoy al sistema ya no responde al perfil del descuidista o ratero, sino al de un combatiente operativo. Veamos.  

Indicador                                                                           En 2018        En 2025/26 

Ingresos por Homicidios/Tentativa                                    19%                      27% 

Ingresos por Infracciones a Ley de Faltas (Drogas)          2%                      19% 

Adolescentes con familiares directos presos                      35%                    50% 

Uso de arma de fuego en infracción cometida                   42%                   68% 

Hallazgos clave del último Censo Interno   

  • La herencia del encierro: 1 de cada 2 adolescentes internados tiene a su padre o hermano mayor en el sistema carcelario de adultos (INR) lo que parece confirmar la tesis que la cárcel fracasa, incluso como elemento disuasorio; 
  • El sicariato como oficio: Por primera vez, el sistema judicial reporta que un 15% de los menores internados por homicidio admiten haber recibido un pago o “beneficio en especie” (motos, ropa, cancelación de deudas familiares) para cometer el delito; 
  • El reclutamiento escolar: los informes en territorio, en los Municipios D y A al menos, señalan que la edad de inicio en roles de “campana” o “puntero” ha bajado a los 10-11 años.  

Otro dato clave para entender la “infantilización” del delito es la llamada “cifra negra”, consistente en la cuantificación de la cantidad de jóvenes heridos de bala que no realizan denuncia. En los hospitales de la periferia, se estima que un 60% de los ingresos por heridas de arma de fuego, se registran bajo el rótulo de “incidente no aclarado”, lo que marca la presencia de la ley del silencio (la omertá) propia de las organizaciones de carácter mafioso.  

 

Un sistema político del Siglo XX en una guerra del Siglo XXI 

El drama uruguayo es la incomprensión. El sistema político -oficialismo y oposición, por igual- sigue discutiendo la seguridad como si estuviéramos en 1980. 

Hablan de patrullaje “preventivo” mientras el territorio se fragmenta en auténticos feudos. No entienden que el narco –en Montevideo, aunque quizás no sólo allí- ya no es una “empresa” (como lo vieron hace 2 o 3 décadas atrás), sino que muchas veces es ya “un Estado paralelo” que ofrece lo que el Estado formal retiró sin avisar: orden, identidad y justicia, aunque esta sea una justicia de sangre.  

Como bien señala Saviano en “Gomorra”, la fuerza de estas organizaciones no está tanto en sus armas como en su capacidad para ocupar el vacío dejado por las instituciones. Cuando el Estado o el político uruguayo se retira de la policlínica, del Centro de Barrio o de la Escuela, no deja un espacio vacío: deja el campo libre para el reclutador de la paranza.  

 

Conclusión: Retirada o redención 

Según este columnista, Uruguay está atrapado entre la narrativa de la crueldad descrita por Saviano y la tesis del caos de Enzensberger. Si seguimos tratando el sicariato juvenil (o infantil), las casas de tortura y las ejecuciones masivas como “hechos policiales aislados” terminaremos siendo todos peces atrapados en la red. 

La guerra civil molecular ya está aquí. No empezó con una proclama, sino con los primeros adolescentes y luego niños, que entendieron que en Montevideo es más fácil conseguir una 9mm que un empleo digno. 

El reloj corre, y el “beso feroz” de la violencia ya está rozando nuestra mejilla.   

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