Agendizados, los uruguayos (Parte I)

Por este y tantos otros ejemplos, es que digo que estamos “agendizados”, porque no es que estemos en la Agenda, sino que la Agenda nos ha atrapado hasta ser, ahora mismo, la hoja de ruta de un país que se quedó con el timón amarrado

La RAE está en falta. Debería registrar el verbo “agendizar” para designar la acción de incluir a alguien o algo en una Agenda, voluntaria u obligatoria, de temas o asuntos que luego deberán ser adoptados por el sujeto de la acción.

Ninguna guerra, de las llamadas modernas -aunque una guerra puede ser todo menos moderna-, produjo tanto horror como la conocida como Gran Guerra, que cuando hubo una segunda pasó a conocerse como Primera Guerra Mundial. Tanto horror, que los líderes de la época creyeron del caso crear un organismo internacional que erradicara a la violencia y la guerra como recurso para los conflictos entre Estados.

Siendo terrible el saldo en vidas, mutilaciones, desplazamientos y demás tragedias humanas, las consecuencias de esa primera guerra fueron devastadores en el terreno económico y social, con el trasfondo de una inestabilidad política que se revelaría crónica producto de la caída de los cuatro grandes Imperios de la época, el Otomano, Alemán, Ruso y Austro-Húngaro, dando lugar a una nueva e insostenible configuración de Estados-Nación.

El tiempo del asociacionismo

Producto del que luego resultaría ser el nefasto Tratado de Versalles, nació entonces en 1919, la Liga o Sociedad de Naciones, con tan loables propósitos como escuálidas herramientas para lograrlos.

Que 20 años después, con los mismos protagonistas en escena, estallara la Segunda Gran Guerra, resultó la prueba de su total fracaso. La montaña de buenas intenciones había parido un ratón de resultados.

Nace el monstruo planetario

Sin embargo, tras los renovados y multiplicados horrores de esta conflagración, con sus aderezos de exterminios étnicos y armas de destrucción masiva, en 1945 se volvió con el intento, no refundando la fallida SN, sino creando una nueva entidad, las Naciones Unidas, la querida ONU tan presente en nuestras pequeñas vidas aldeanas.

De la lectura de los documentos fundacionales tanto de aquella, la SN, como de la actual UN, surge con claridad que el objetivo primero y primordial era la erradicación de la guerra, el desarme, y la solución pacífica de los conflictos. Dicho esto, también hay que consignar que, con economías y sociedades destrozadas, objetivos económicos, productivos y de desarrollo estaban ya presentes.

Desde entonces han transcurrido casi ocho décadas, y en lo atinente a su objetivo principal, podemos decir -siempre que los censores de la Sacrosanta Corrección Política nos lo permitan- que la ONU es, nuevamente, un total y absoluto fracaso. Corea, Camboya, Vietnam, Irak, Afganistán, Siria, Israel y ahora Rusia invadiendo Ucrania, nos relevan de presentar mayor prueba respecto de ello. De desarme, ni hablemos. De matanzas, genocidios, persecuciones y todo lo demás, tampoco es necesario.

Un fracaso, total y absoluto. Y para peor, multimillonario.

La mancha de aceite

Desde su creación y hasta la caída del Muro de Berlín, la tarea principalísima de la ONU de prevenir y evitar la vuelta a 1939, pareció cumplida por la mera extensión de la Segunda Guerra, la Guerra Fría.

Desaparecida la ex URSS, la Caja de Pandora volvió a abrirse y el mundo no ha dejado de multiplicar guerras de nuevo y viejo cuño, en las que los Cascos Azules onuístas han acudido como poco más que una Cruz Roja con armas.

Sin embargo, es en los aspectos económicos, poblacionales, de derechos y ambientales donde la ONU no ha dejado de avanzar en ambiciones y presupuestos, con el propósito nada disimulado de convertir a la Aldea Global, desbocada en su crecimiento poblacional, en una entidad bajo su mando, si no directo, a través de múltiples organismos y regulaciones supranacionales.

Este fenómeno, que como la rana que se cuece en la olla, avanza lenta pero inexorablemente y se acelera a partir de la Declaración de los objetivos del Milenio del año 2000, muy especialmente desde la Agenda 2030 actualizada en 2015.

Programas, subsidios, organismos y créditos, funcionarios y oenegés pululan y se multiplican como setas tras la lluvia. El pulpo avanza sobre todos los aspectos de la vida de los Estados. Hay fondos a raudales para los objetivos de la Agenda, a condición se cumplan bajo sus premisas y condiciones. Y lo que no se cumple en un aspecto, repercute en los demás.

Podrás erradicar el hambre en tu propio y pobre país, lograr empleo de calidad, salud al alcance de todos, la más amplia cobertura educativa, pero si no avanzaste en la “agenda de Derechos” en clave arcoíris, al rincón de los castigos.

(Hasta aquí la primera parte; continuamos en una segunda y última entrega)