Carta abierta a la Sra. Valeria Ripoll

El ejercicio de nuestra libertad individual no puede nunca ser ejercido con menoscabo del derecho de los demás a gozar de sus libertades, por ejemplo, de trabajo. Y de estudio, obvio, en tanto objeto de trabajo y puente hacia él.

 

«Todas las cosas comienzan en la inocencia, es decir, en la ignorancia.» J.C.Oates

 

Estimada señora:

La presente tiene por objeto responder y reflexionar en torno a un debate planteado a raíz de unas publicaciones suyas en Twitter donde hace referencia a los conceptos de militancia, ocupaciones y libertad entre otros, referidos a su hija estudiante.

Déjeme expresarle mis respetos por la firmeza de sus convicciones y que ellas han sido expresadas dentro del marco de respeto que corresponde a una sociedad liberal y democrática, por parte de una madre que se esfuerza por darle a sus hijos lo que cree mejor para ellos.

Si no fuere usted una persona pública, cuyas expresiones por tanto inciden sobre la opinión pública, no se me ocurriría dirigirle estas reflexiones. Pero como sí lo es, y sus afirmaciones -insisto, respetables- las considero profundamente equivocadas, creo mi deber responderle como ciudadano, padre, abuelo y viejo militante de muchas causas, la primera siempre la de la libertad -cuando ella faltaba, pero de eso hace tanto que quizás usted ni siquiera había nacido- que comprende a todas ellas.

Publica usted una preciosa foto con su hija (como de egresados diría) con el texto “Hoy fue tu primera ocupación …y pude estar ahí, me sentí orgullosa de tu militancia, de tus ganas, lucha y compromiso…”

Producto de esta publicación y algunas respuestas recibidas, responde usted que “siempre voy a defender la libertad que no es para nada violencia. Las “ocupaciones no son violencia para nada…”

Insisto: me parece loable el compromiso para con sus hijos, y el orgullo por lo que usted considera logros suyos.

Sin embargo, hay dos aspectos en los que sus afirmaciones deben ser explicadas, debatidas y por mi parte, rechazadas.

La primera dice relación con lo que usted considera “defensa de la libertad” en alusión a la libertad de su hija de ocupar su Centro de Estudios (público) y el carácter no violento de las mismas.

Una consideración inicial requiere distinguir la libertad en singular, como bien intangible propio del ser humano y que forma parte del individuo como atributo inalienable por su sola condición de tal. Tal concepto, una abstracción y un absoluto, adquiere otra dimensión cuando se refiere a las libertades, variadas, diversas, y en tanto relacionadas no sólo con el individuo sino con su condición de ser social, sometida a limitaciones. La primera y más relevante, la de que toda libertad propia en su ejercicio no debe invadir las libertades de otros individuos.

Este es el bien tutelado, junto con el goce de la vida, honor, seguridad, trabajo y propiedad, por parte de la Constitución de la República en su Artículo 7 del Capítulo IV Sección II “Derechos, deberes y garantías”.

Es decir que, el ejercicio de nuestra libertad individual no puede nunca ser ejercido con menoscabo del derecho de los demás a gozar de sus libertades, por ejemplo, de trabajo. Y de estudio, obvio, en tanto objeto de trabajo y puente hacia él.

Esa libertad, de ocupación en este caso, es la que regula la Ley 19889 Artículo 392, haciendo de su ejercicio materia de amparo legal por parte de quienes se sientan lesionados en sus derechos de trabajo, estudio, circulación, acceso a bienes, etc. Recoge lo que la Constitución ya encomendaba a la Ley en el Artículo 57 y que hasta entonces permanecía sin regular.

Es decir que, en lo atinente a la ocupación es claramente ilegal y, por tanto, violenta la convivencia democrática. En este aspecto, no tiene usted razón, y su valoración de que un hecho ilegal realizado con conciencia de tal no es violento, responde a sus propias convicciones y subjetividades, pero no se compadece con las normas que nos comprenden a todos, a mí, a usted y desde luego, a su hija.

El segundo aspecto tiene relación con lo de “hoy fue tu primera ocupación …y pude estar ahí, me sentí orgullosa de tu militancia, de tus ganas, lucha y compromiso…” tal y como si, el objetivo de que su hija concurra a ese centro de estudios (público, insisto) fuera la de cursar una licenciatura en militancia o una tecnicatura en ocupaciones.

Permítame señalar en primer lugar, lo obvio: los centros de estudio no están para hacer pasantías sindicales o de ejercicio militante. Son recursos de la sociedad que se invierten en procura de brindar a los estudiantes herramientas de formación que le proporcionen las habilidades necesarias para su desarrollo personal y posterior contribución a esa sociedad.

Lo segundo es que, siendo legítimo el ejercicio de la actividad sindical, y en muchos casos -el suyo propio es un buen ejemplo- se puede constituir en un medio de vida, lo razonable es que las destrezas necesarias para el correcto desempeño de esa tarea, se las proporcione el ámbito de militancia donde se desempeña.

Dicho esto, admito que la valoración de la militancia como mérito en el ámbito estudiantil, entra dentro del terreno de la subjetividad.

Supo ser un activo de las sociedades liberales como la nuestra, el mérito forjado por un estudiante en lo que es su razón de ser: la del estudio. Ese mérito que luego debería acompañar su desarrollo profesional y con él, el de la propia persona haciendo de esta un valioso activo social. A ello se le dio en llamar “meritocracia”, la base del ascenso social donde los hijos suben un peldaño más que sus padres, en los diferentes aspectos (económicos, sociales, intelectuales) que hacen a la persona en su integralidad.

En su caso, el motivo de orgullo es, en cambio, la militancia…y las ganas, lucha y compromiso con esa militancia.

Meritocracia versus Militocracia

Su caso se convierte así en un ejemplo muy gráfico de lo que ya parece un nuevo paradigma, el que he dado en llamar “de la militocracia”, es decir, donde el grado de adhesión inquebrantable a una causa cualquiera se constituye por sí solo en el principal mérito a cultivar por parte de una persona. Huelga decir que la “militocracia” o la fidelidad ciega a una causa, un dogma, una ideología, un grupo o un partido, ha sido causa de las mayores tragedias que nos deparó el aciago siglo pasado.

Tiene usted derecho a pretender para sus hijos, lo que usted crea más conveniente. Por supuesto. Tanto como yo, de trabajar con todas mis convicciones para que sea el mérito lo que guíe el desarrollo de nuestras jóvenes generaciones.

En el futuro, sólo cabe esperar haya futuro

Los seres humanos nacemos desnudos, desvalidos, ciegos, pobres e ignorantes. Salir de esa condición requiere mucho tiempo, esfuerzo propio y todo un entramado de protección sin el cual no nos sería posible hacerlo. Ese entramado se llama familia, medicina, producción de alimentos, cuidados y seguridad, y también, claro está, educación y formación. Todo un pasado y presente de esfuerzos, destrezas y saberes acumulados, al servicio del desarrollo de las nuevas generaciones. Todo y todos ellos son, en definitiva, aliados -y no enemigos- de nuestro propio desarrollo.

Ojalá, y es un ferviente deseo del suscrito, para fin de año usted y todas las Valerias del Uruguay puedan publicar fotos como la suya, pero congratulándose porque sus hijos han conseguido las mejores calificaciones y con ello alejarse un poco más de esa bestia negra del ser humano que es la ignorancia.

Cordial y respetuoso saludo.

Jorge Marínez Jorge