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¡A deconstituir la Constituyente ….Weón!

7 septiembre, 2022

“La vida te da sorpresas” decía Ruben Blades en su inolvidable Pedro Navaja. Y vaya si
fue sorpresa el sopapo en las urnas que le dio el pueblo chileno a la reforma
constitucional. Ese mismo pueblo un par de años antes por abrumadora mayoría (78%)
había solicitado no solo que se reformara la Constitución vigente, sino que además se
lo hiciera a través de una Convención formada por un órgano creado fuera de la esfera
de los partidos y que representara a toda la sociedad. Esa Convención se compuso de
155 convencionales de los cuales solo un tercio eran egresados en Derecho y con
integración paritaria y representación además de minorías étnicas y 8 miembros
declarados de la comunidad LGBT. (5 gays, 1 lesbiana, 1 pansexual y 1 trans).

Se tomaron un buen tiempo recopilando cerca de 1200 iniciativas que provenían de
distintos estamentos populares para confeccionar un texto consensuado. Su tarea era
nada más y nada menos que derogar la vieja Constitución de origen dictatorial
emanada de un plebiscito en 1980. Es cierto que dicho texto luego y durante el
gobierno del Presidente Ricardo Lagos tuvo algunas modificaciones, pero el trazo
cultural de tiempos de Pinochet aún sus mantenía disposiciones más características.

Tras los eventos de violencia callejera y revuelta social en 2018 y 2019 la discusión
constitucional y su discusión tuvo un efecto apaciguador de un clima tenso. A eso debe
agregarse que hubo un cambio reciente de gobierno y con ello la aparición de un
Millenial al poder que se jugó la ropa asegurando que el nuevo proyecto de carta
magna iba a ser su buque insignia para asegurar cambios de timón en el país
trasandino.

Nada parecía justificar un revés tan importante en las urnas como el que se
experimentó el pasado 4 de setiembre. Fueron revolcados por el pueblo con un
rechazo al proyecto de un 62 por ciento de voluntades que decidieron no embarcarse
en un cambio de paradigmas de rango constitucional.

¿Qué se cambiaba con el nuevo proyecto?
Muchas cosas importantes para el pueblo chileno. El frustrado Constituyente quiso ir
más rápido que lo que te permite la historia. Buscaron de un plumazo generar la
felicidad de las minorías a costa de una Carta Magna que es para TODOS.

Para empezar, se quitó el énfasis en la FAMILIA como base de la sociedad. Obviamente
que se quitó también las referencia al valor Seguridad Nacional. Pero también se
cambió en quien reside la soberanía. Antes la misma radicaba en la NACION y ahora
pasó a radicar en el PUEBLO. El concepto de Nación uno más o menos lo tiene claro.
Pero el concepto PUEBLO nos resulta bastante difuso a la hora de darle contexto
constitucional. Y muy “progre” por cierto.

El nuevo proyecto resultaba ser muy vago y no taxativo en materia de la enunciación
de los derechos fundamentales a los que debe apegarse la Carta Magna. La vieja
Constitución era explicita y entre otros destacaba a la propiedad privada. Acá ese concepto se diluye en un valor siempre condicionado a la función social que un burócrata puede decidir su extensión y límites.

En la Constitución de 1980, la misma era la fuente superior del derecho en Chile. Ahora
pasaría a ser una de las dos fuentes y textos a respetar. En el mismo rango que la
constitución se estable y se exige el respeto a la idea de los DERECHOS HUMANOS.
El proyecto de Reforma declaraba a Chile una nación plurinacional. O sea, una Nación
en la que se concibe un segundo o tercer o cuarto ordenamiento jurídico según se esté
regulando actividades en suelos o jurisdicciones indígenas. Y hasta se reconocen otras
lenguas como oficiales y se garantizan derechos de todo tipo a los pueblos de otras
etnias.

A la educación se le asignan principios compartibles y laicidad, pero a pesar de esa
declaración se le mandata a tener un “enfoque de género”. Me pregunto, si algún
docente no participa de ese enfoque de género obligatorio ¿podría seguir dando clases
igual? ¡Vaya laicidad!

El concepto IGUALDAD SUSTANTIVA se repite 7 veces en el texto. O sea, ya no es como
antes una igualdad ante la ley únicamente. Esto ya no importa tanto. Ahora se
consagra una IGUALDAD SUSTANTIVA y eso pasa a ser el más reiterado concepto del
proyecto de reforma. Haciendo exégesis del término. uno termina concluyendo que se
busca que la igualdad sea integral y reparatoria de desigualdades. No está nada mal
salvo que parece un tanto exagerada la pretensión. El texto casi que plantea el
asegurar la felicidad colectiva como principio básico de la reforma. Uno puede
propender a ello, pero de ahí a garantizarlo hay un abismo.

A tanto pretendían llegar que por vía constitucional aspiraban a consagrar el principio
de igual tarea, igual remuneración. Me pregunto ¿quién iba a determinar ese igual valor en la tarea?. ¿un burócrata? ¿un técnico en RRHH? ¿el mercado? En fin….mmmmm.

En materia de Huelga hubo cambios pero no tanto. Se prohíbe para policías y FFAA y se
impone el límite de la esencialidad.
Se crean Defensoría del Pueblo (algo parecido a nuestro INDDHH pero con más
atribuciones), y  la Defensoría de Medio Ambiente.
Se elimina el Senado y se crean dos órganos deliberativos. Congreso de Diputadas y
Diputados y un Congreso por Regiones. Todos de integración paritaria. Y ahí el texto se
desdibuja nombrando decenas de cargos en “acumulación inclusiva” que termina
aburriendo al leer. Miembros y miembras, juezas y jueces, ministras y ministros,
etcétera y etcétero. (insoportable y denso). Se puede –además- ser diputado a los 18 años de edad y se permite el voto en el exterior.

Se crean “Territorios Especiales” en los que puede haber un ordenamiento jurídico
diferente al chileno según el control de las etnias y hasta por texto constitucional se
intentó proponer que se oficializan las medicinas curativas alternativas de los
indígenas en el seno de esos territorios.

En fin. Se darán cuenta que no hago mayores análisis porque el proyecto muere por
imperio de sus propias utopías. Mucha gente que apoyó la reforma y su necesidad hoy
se les dio vuelta. Se dieron cuenta de todo esto los propios Constituyentes y
plantearon mayorías especiales bastante exiguas para reformar la propia constitución
que estaban redactando. Sabían que el proyecto era una suerte de descarga emocional
para construir un Chile diverso, solidario y con una agenda de derechos muy “progre”
que al final iban a terminar asustando al soberano. El chileno de a pie dijo:
¡No weón…tu sabeiiiiii que no masco vidrio ..weón!

Vaya ironía del destino. Invirtieron millonadas en recursos, 2 años de laburo y
kilómetros de tinta en proyectos y sub proyectos para nada.
Como sucede en la vida y más en la política. Lo mejor siempre es enemigo de lo bueno.
La utopía volvió a perder otra pulseada. Y lo peor es que fue el agrio don Augusto
quien les torció la muñeca sin ni siquiera moverse de la tumba.