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Ser varón es un «estado peligroso»

8 abril, 2023

Por Graziano Pascale 

El hilo argumental de quienes comentaron mi última columna ‘Tenencia dividida, sociedad dividida» desde un ángulo crítico giraba en torno del «riesgo» que supone para el niño que el padre participe de su crianza. Mantener el actual estado de cosas, entonces, sería lo más «conveniente» para el menor, a los efectos de «minimizar el riesgo» que supondría tener contacto con un padre denunciado por abusador o violento, en el marco de las kafkianas e interminables investigaciones de la justicia. La solución sería dar más dinero a la justicia para acelerar los tiempos.

La idea de fondo, en realidad, es que ser varón implica una especie de «estado peligroso», frente al cual cualquier recaudo para proteger al niño sería siempre poco.

 En el ámbito del derecho penal, se trata un concepto básico, forjado por el pensamiento criminológico antiliberal, contrario a la responsabilidad objetiva, que puede entenderse como el pronóstico o probabilidad de cometer delitos de parte del sujeto, por lo que esta doctrina entiende pertinente actuar en forma preventiva, mediante medidas que prescinden de la comisión de delitos concretos, tipificados por la ley.

Pues bien. El concepto de «estado peligroso» como merecedor de una vigilancia activa por parte del Estado es la piedra angular sobre la que se levanta el edificio de las dictaduras.

Ese «enemigo del pueblo» puede ser el hereje que no practica la religión oficial, el vagabundo sin empleo conocido,  el disidente que se opone a la dictadura, el «burgués» enemigo del «proletariado», el judío siempre sospechoso,  y ahora…el varón!

No es necesario probar delito alguno. Basta la palabra de la «víctima», en este caso, la mujer. Y ahí se pone en marcha un proceso detrás del cual se encolumnan rápidamente el Sindicato  Médico, las murgas, los «colectivos», y hasta el propio Instituto de Derechos Humanos, creado y votado por el Parlamento a los solos efectos de servir como ariete del Frente Amplio en la propia estructura del Estado. Y, por si faltara algo, hasta los organismos internacionales que bailan al son de la misma música.

Y en eso estamos. El martes 11 no será, entonces, un día cualquiera. A lo largo de esa jornada la Cámara de Diputados habrá de decidir si varón y mujer tienen los mismos derechos ante la ley, o si ser varón constituye un «estado peligroso», frente al cual es necesario poner diques de contención en beneficio de «las infancias» y, por qué no, de la sociedad toda.