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El neofrenteamplismo de Manini Ríos

18 abril, 2023
Por Dardo Gasparré

 

Se empiezan a cumplir, lamentablemente, dos viejas profecías de esta columna: Cabildo Abierto está más cerca del Frente Amplio que de la Coalición. Y la reforma de seguridad social va camino al desastre

La tozudez de Cabildo Abierto no ha roto la Coalición, pero ha dejado a ese partido fuera de la misma. La apreciación no tiene connotaciones de lealtades o compromisos. Tiene profundas raíces económicas y de imprescindible solidez política para llevar adelante un programa que se separe de las soluciones mágicas que caracterizan a la izquierda regional y mundial.

Y tiene algunas cuestiones conceptuales de fondo que Manini pasa por alto al alzar su bandera de reivindicación irreflexiva que maximiza el riesgo de sacrificar algunos logros que estaban en camino de alcanzarse (lentamente) en una sociedad que ama creer en la magia de la solidaridad por decreto, los derechos sin obligaciones y sobre todo del impuestazo y la redistribución de la riqueza, más allá de las declamaciones técnicas y políticas.

El problema de la jubilación, o con más propiedad de la seguridad social, es insoluble. En Uruguay y en otros paises similares. Por insoluble se entiende el enfoque que ha comprado la sociedad de considerar un todo inseparable la jubilación de la seguridad social, o en otras palabras, de agregar la solidaridad intergeneracional de cualquier sistema arcaico de reparto, la trampa de la solidaridad intrageneracional. Unido a la idea de que el estado es quien debe hacerse cargo de esa solidaridad, o sea  aumentar el gasto, lo que sólo puede hacer con más impuestos.

 Cuando un trabajador y su patrón aportan para el retiro, contribuyen fuertemente a una serie de subsidios y erogaciones que nada tiene que ver con el objetivo del aporte. Desde el seguro de desempleo a las remuneraciones familiares, al seguro por enfermedad, a las pensiones y a una miríada de subvenciones. Es cierto que se destina una parte específica de ciertos impuestos a compensar teóricamente esos gastos adicionales y ajenos a la jubilación, pero se trata de una trampa para ocultar los costos de esas «bondades» que la sociedad cree que no paga o que atribuye a los retiros.

Es mucho mayor el déficit que padece el estado por culpa de los subsidios mencionados, que el que sufre por la relación haberes de retiro-aportes. Al mezclar esos dos conceptos totalmente diferentes se oculta el costo de los generosos sistemas de solidaridad social – independientemente de su procedencia o justicia – con el contrato de retiro, que es saqueado con este método. Si se dispusieran de estadísticas actualizadas y que no configurasen un galimatías destinado a ocultar la realidad, se vería esto con mayor claridad.

Hace mucho que las economías más importantes, incluyendo las nórdicas, seudoparadigmas socialistas inexistentes, han ido optando por sistemas de retiros que dependen mayoritariamente del ahorro privado, del estilo de las AFAP, con cuentas individuales nominales donde cada futuro jubilado puede saber lo que tiene acumulado en su cuenta, a veces aún en los sistemas estatales. Semejante idea es repugnante para quienes no se animan a explicar lo que están haciendo con los fondos de los jubilados. Suecia es uno de los mejores ejemplos mundiales de estos sistemas modernos, luego de que el socialismo quebrara ruidosamente al comienzo de los años 90.

¿Quién pagará la cuenta de la solidaridad social?

La discusión local puede resumirse de otro modo: ¿quién se espera que pague la cuenta? El Frente Amplio y Cabildo Abierto han sido claros en expresar, más allá de las dialécticas, su propuesta. Ambas agrupaciones quieren que las jubilaciones y cualquier otro subsidio relacionado o no con la seguridad social, se pague con la aplicación de nuevos impuestos, que en el mejor de los casos, se acepta que no se cargarán sobre las patronales sino que se transformarán en nuevas cargas sobre patrimonios y ahorros de los peces de la gran pecera en la que pesca para financiarse el socialismo en todos sus formatos, inclusive los otrora mussolinianos de los años 40, que Hayek tuviera la visión de agrupar bajo el concepto de gobiernos de Planificación Central, que terminaron siempre en pobreza y siempre en dictaduras y exacciones.

Aunque semejante propósito no sea enunciado taxativamente, por estrategia o por ignorancia de las consecuencias de ciertas declamaciones, aumentar con cualquier explicación o excusa el gasto estatal, es un paso previo a la aplicación de impuestos, vía emisión-inflación, toma de deuda o simplemente mediante aumento de las gabelas.

 La generosidad en repartir tasas de sustitución (haberes), años de aportes, edad jubilatoria, a las que se agrega la no menor generosidad en usar esos fondos para subsidios ajenos de todo tipo, cierra solamente con nuevos impuestos. O sea que los contribuyentes tienen que subvencionar a los trabajadores, algo que ni Marx habría soñado.

Debe recordarse el pensamiento de Astori, que ha declarado que el Frente ve con desagrado la tenencia de fondos de residentes uruguayos en el exterior y que ha llegado a proponer castigar con un impuesto esas tenencias. Una aberración que no sólo cuestiona la libertad de colocar los fondos donde a cada uno le venga en ganas, que lleva al peligroso concepto tan bien ejemplificado por la vecina Argentina, que cree que los dólares de los exportadores le pertenecen, lo que ha justificado todo tipo de confiscaciones desde la época de Perón, que curiosamente, pensaba exactamente igual que su colega militar uruguayo. Hayek no se equivocaba.

Porque exactamente lo mismo sostiene Manini, que justamente ha logrado que se ponga en análisis la “autorización” que tienen las AFAP, de invertir una pequeña parte de sus fondos en el exterior. Aquí también el comunismo y el sistema nacionalista de “vivir con lo nuestro” coinciden.  Y convergen en un proteccionismo que sólo lleva al atraso y la pobreza. Los grandes fondos de pensión del mundo, seudosocialistas inclusive, invierten con preferencia en el exterior, no al revés. Difícil coincidir con Astori, que sostiene como una abuela que es más seguro invertir localmente que en el exterior. Si tan preocupado está por la seguridad de los jubilados, debería permitirles controlar lo que cada uno tiene acumulado en su cuenta al fin de cada mes.

El socialismo y el nacionalismo odian a las AFAP

Aquí viene otro concepto fundamental: como lo ha demostrado en Argentina y Chile, el socialismo de mil apodos odia no sólo que los ciudadanos tengan depósitos en el exterior: también odia a las AFAP, AFJP, AFP y similares. Por eso los desarma, tortura, incauta y confisca, con los resultados conocidos en la patria grande y muy especialmente en ese gran ejemplo de despropósitos que es Argentina. Por ese camino acaba de empezar a retozar Manini.

Curiosamente, permitir a las AFAP invertir más en el exterior, como han sostenido algunos colegas y también esta columna, permitiría asimismo controlar el fenómeno del “dólar barato”, que amenaza seriamente el empleo oriental. Basta recordar a Prebisch de 1950 y su trágica Cepal, y a Perón, su fiel seguidor, para comprender que el jefe de Cabildo Abierto ha abrazado iguales conceptos, pero 70 años después.

Los matemáticos expertos en teoría de límites saben que se puede llegar al mismo resultado por derecha o por izquierda. Que es lo mismo que pasa hoy. Que es lo mismo que sostuvo Hayek en su monumental Camino de Servidumbre. La reforma de la reforma del sistema previsional, bandera de lucha arrebatada por CA y el FA será un nuevo mecanismo para cobrar más y nuevos impuestos con cualquier motivo, mejor aún si se inventan gastos por algún concepto.

Puede que haya una diferencia. El Frente ya sabe que eso ocurrirá. Cabildo aún no se ha dado cuenta. Pero eso es anecdótico, simplemente. Como antaño Perón en su mitología mussoliniana, Manini cumple.