Argentina hace gala una vez más de su capacidad de improvisación. Ahora con el descubrimiento de que la solución es conseguir un préstamo salvador
Como un boxeador groggy que acierta un trompadón en el último round, el gobierno de La Libertad Avanza, enredado en esta última etapa de su noplan en una lucha perdida desde siempre para controlar o “administrar” el tipo de cambio – pretensión fallida en todo tiempo y lugar – encontró la manera de poder recuperarse antes de las elecciones del 26 de octubre, clave para la gobernabilidad y para poder primero mantener y luego profudizar el ajuste y los cambios que constituyen su programa.
Tanto el ajuste como los cambios, y para algunos la misma supervivencia del gobierno, quedaron pendiendo de un hilo tras el cachetazo electoral en la Provincia de Buenos Aires, que castigó las ilusiones del oficialismo y también su infantil estrategia de nacionalizar una elección casi municipal cuando tenía mil aristas para mostrarse superior a la actual gestión local de la administración (¿) Kicillof.
El síndrome de los dos tercios
En la mente popular, y aun en la percepción de los propios políticos, el resultado en PBA obró como unas PASO o una primera vuelta y creó grandes dudas sobre el resultado en las elecciones nacionales legislativas de medio término de dentro de un mes, que se descontaban serían favorables al gobierno y aliviarían el síndrome de los dos tercios, o sea la mayoría peronista y de sus súbditos radicales necesaria no sólo para formar leyes, rechazar DNU’s y vetar los vetos presidenciales de leyes que tienen mucho de irresponsabilidad fiscal, sino para gatillar una destitución del mismísimo Milei, objetivo que embelesa al perokirchnerismo.
Todo ese proceso, más las propias inconsistencias de su empecinamiento en mantener el dólar pisado hasta las elecciones en esa pulseada contra la natural Acción Humana, habían hecho escapar el tipo de cambio a valores incompatibles con los principios económicos del presidente, cualesquiera fueran. Ahí comenzó un típico tira y afloja tan clásicos en todas las economías que intentan forzar las decisiones de las personas con prohibiciones, amenazas, acciones para escarmentar al que compra divisas, venta desesperada de dólares o de seguros de cambio a futuro y toda la parafernalia del armamento estatista y prebendario de uso habitual.
Aparece la MAGIA
El riesgo país paso de 400 a 700 y de ahí a 1450 en pocos días, lo que simplemente confirmaba algo sabido: el país no tiene crédito en el amplio sentido del término. Lo mismo pasó con el tipo de cambio que subió más de 10%por encima de la banda superior sagrada decretada por el gobierno. Todo hacía presagiar un descontrol cambiario, económico y hasta inflacionario a pocos días de las elecciones.
Entonces apareció la MAGIA. A alguien se le ocurrió algo que el gobierno ya había hecho hace unos meses: suspender el impuesto sobre las exportaciones llamado eufemísticamente “retenciones”, que pesa sobre el agro y la ganadería, por 40 días. De ese modo, ese sector se apresuraría a exportar y vender sus dólares, lo que no sólo bajaría el precio de la divisa por aumento de oferta, sino que aumentaría las reservas del país significativamente. (Aplausos de la multitud)
Hipotecando exportaciones futuras
Mostrando el pragmatismo y la provisoriedad (y la desesperación) de la medida, el gobierno también determinó que la suspensión de las retenciones (26% en el caso de la soja) quedaría sin efecto en cuanto se alcanzase la cifra de 7.000 millones de dólares vendidos por el sector. lo que puede ocurrir en cualquier momento. También determinó que no hará falta exportar físicamente el producto, sino basta con presentar una declaración jurada de hacerlo, una suerte de compromiso de exportación, y vender esos dólares, que el exportador no habrá cobrado aún, dentro de los tres días de presentar la declaración jurada.
Al alcanzar los 7000 millones o los 40 días, los lacayos se vuelven a convertir en ratones, la carroza en calabaza y como en el cuento, todo vuelve a ser como antes. Está claro que esta medida no tiende a ofrecer un marco de seguridad y estabilidad al productor, ni moviliza a invertir más en semilla, cantidad de siembra, fertilizantes, maquinarias ni ninguna otra cosa. Es simplemente, como sostiene esta columna, una forma de tomar un préstamo pagando un interés de 26% por un lapso de 40 días, o sea más del 230% anual en dólares.
La falacía del «No quieren que se eliminen las retenciones»
Esto es así porque al haberse anticipado las ventas forzadamente por encima de la cadencia normal del ciclo del campo, habrá varios meses de sequía de ingreso de divisas a partir del 1 de noviembre. Lo que quiere decir que se está tratando de llegar a las elecciones con un tipo de cambio falsamente sostenido con un adelanto de los exportadores.
Se ha tratado de etiquetar las críticas de este tipo como una oposición a la eliminación de las retenciones. Eso agrega al calificativo de improvisado el de canallesco. La eliminación en serio de las retenciones – por lo que esta columna aboga desde mucho antes de este gobierno y de estos libertarios– sería un mecanismo de crecimiento al estimular la siembra, la tecnificación, el equipamiento, la inversión, la toma de riesgo, la generación de reservas, el equilibrio del tipo de cambio al aumentar la oferta permanentemente, un aumento de las fuentes de trabajo y de la genuina recaudación impositiva, la verdadera libertad de empresa y comercio que teóricamente propicia el gobierno.
La suspension del impuesto: un artilugio
La suspensión por 40 días y con el método planteado no es nada más que un artilugio. Lo mismo ocurrió con una medida similar hace pocos meses, que recaudó más de los 7000 millones que ahora se esperan, que también generó un bache de ingresos a posteriori y que adelantó la venta de dólares que se quemaron y rifaron alegremente en aras de mantener controlado el tipo de cambio, el método que ha atrasado a Argentina durante más de un siglo. (Desde Bartolomé Mitre, 1862)
Se recordará que durante el gobierno de Menem, el de Néstor Kirchner y el de Milei se aplicaron suspensiones o rebajas transitorias a las retenciones para recaudar más dólares en corto plazo. Se recordará también la arenga-amenaza de junio de 2025 del presidente Milei cuando recordó a los exportadores que si no vendían en ese momento deberían pagar desde el 1 de julio las retenciones al valor de siempre.
A quiénes favorecen las medidas
Justamente este tipo de arbitrariedades de los gobiernos, la imprevisibilidad del ciclo económico y de las medidas cambiarias y afines que se toman a diario con total desaprensión, son también inseguridad jurídica que desestimulan toda inversión.
Hay otros temas que también resulta relevante analizar sobre esta medida. Es sabido que no es el productor o el chacarero el que exporta, sino que lo hacen 7 u 8 grandes acopiadores-exportadores. Ellos compran las cosechas a los productores a un precio que ya computa la pérdida por las retenciones y las almacenan. Luego las exportan según su necesidad o estrategia financiera. En esta instancia, buena parte de la cosecha está en poder del exportador. Las lluvias no han permitido almacenar en el campo los cultivos. O sea que lo que queda en poder del productor es muy poco, y su posible ganancia también. El resto está acopiado en los silos de los grandes operadores y pools.
Cada uno de esos sectores, el chacarero, el productor mediano o grande, el que alquila con pago en especie, el que trabaja a façon, serán impactados de distintas maneras por esta medida, lo que ya no entra dentro de las definiciones macro, pero sí resulta de importancia entender el punto para suavizar lo que se sostiene sobre que este ingreso adicional por única vez aumentará la demanda de bienes y obrará como reactivador para bien o para mal.
A los 7.000 millones la Magia desaparece
Algunos ya han vendido toda su cosecha y no obtendrán ningún beneficio. Además del enojo por sentirse burlados por la medida. Otros tienen un limitado stock para compra de semillas e insumos y gastos de siembra futuros, en especial porque las lluvias no permitieron demasiado almacenamiento en el mismo campo. Habrá que tener en cuenta que el exportador tiene un límite de 7.000 millones de dólares libre del impuesto de las retenciones. Después Cenicienta vuelve a vestir sus andrajos. Entonces, suponiendo arbitraria y optimistamente que los exportadores tienen acopiado el equivalente a 5000 millones de dólares, sólo estará interesado en comprar 2.000 millones más, ya que después será un mal negocio.
Esto significa que habrá muchos vaivenes en el precio que se perciba, y no habrá una traslación plena, lo que ya se vio en los dos días primeros del régimen. Lo mismo ocurrirá con los volúmenes. De modo que no habría que apresurarse en gastar a cuenta. Es cierto que el acopiador-exportador tendrá una ganancia de un nivel de alrededor de 1000 millones de dólares por la diferencia con el precio que pagó, que descontaba la retención. Pero difícilmente eso redundará en un impacto en el consumo por su alta concentracion.
¿Permitirá el Central comprar dólares con estos adelantos de exportaciónes?
Lo más probable que ocurra es que ese sector, frente al hecho de que el dólar está bajando y bajará tal vez más por el efecto inducido, es que el exportador compre divisas con los pesos que recibirá, que estarán muy baratas y que además no tendrá la obligación de vender dentro de los 15 días como en el caso de las exportaciones. Y de paso ganará otra buena diferencia, por la escasez de exportaciones que sobrevendrá luego de la aspiradora de 40 días que provocará el anticipo de las liquidaciones.
Por eso esta columna ha sostenido, entre jocosa y seriamente, que una próxima medida posible del Central, experto en tratar de domar la Acción Humana, como diría Mises, es la prohibición de adquirir divisas con los fondos provenientes de este jubileo de corto plazo. Resoluciones del Central pueblan los campos de la patria azul y blanca. Hasta ahí, la MAGIA.
Ahora aparece en escena la MAGA
Por las dudas, por si eso no bastara, aparece la MAGA. La amistad y sumisión casi canina (referencia deliberada) de Milei con Trump da sus frutos y el Tesoro americano anuncia su decisión de apoyar a Argentina en cualquier circunstancia y en todos los formatos. Ese anuncio, más la reunión de ayer, también tuvieron su influencia sobre el mercado y sobre las expectativas en general, aunque de nuevo se fomenta la esperanza de algún préstamo salvador que rescate al país de sus propias torpezas y complazca a sus ciudadanos, eternos buscadores de algún redentor milagroso que les solucione sus problemas, algo en lo que seguramente se parecen a los demás seres humanos, sobre todo cuando tienen políticos que les fomenten esas creencias mesiánicas.
Javier Milei no merecerá acaso el Nobel por su capacidad económica, pero merecería en cambio un galardón más importante por su capacidad para las relaciones exteriores y su habilidad de lectura geopolítica. Pocas veces como ahora el gobierno norteamericano tuvo tantos enemigos y oposición en la región como ahora. Que ha colaborado en merecer, por otra parte. Pocas veces su ideología se vio tan duramente cuestionada y su hegemonía tan desafiada. La incondicional solidaridad de Milei en una de esas termina siendo su mejor plan político y económico. EEUU necesita algún amigo, para no sentarse a comer solo a la mesa.
Ambas salidas son formatos de préstamo
Ambos casos, el de la cuarentena del perdón de las retenciones y la ayuda del amigo americano, son formas de préstamos, que Argentina jamás podrá repagar con los presentes formatos de su economía, su justicia, su pobre institucionalidad, su corrupción y su idiosincrasia.
Lo que lleva a pensar de otra manera. Cualquier préstamo, si se siguen los caminos seguidos hasta hoy por todos los gobiernos, terminará licuándose, esfumándose y defaulteándose, aún sin tomar en cuenta los sacrificios de soberanía e independencia que se tengan que ceder para obtenerlo.
Son préstamos para seguir gastando más de lo que se puede. En presupuesto, en corrupción, en emisión, en tratar de mantener el dólar al nivel que esperan los prebendarios, en subsidiar a la casta o a los falsos discapacitados o falsos jubilados. A los amantes y las amantes, a los parientes y a los entenados.
La oportunidad
Pero si se decidiera dejar flotar libremente el tipo de cambio, tener una regla monetaria y fiscal consistente, desterrar el déficit fiscal y cuasi fiscal, garantizar la seguridad jurídica y declarar a la corrupción enemigo público número uno y organizar al país en torno a esos principios, un préstamo o un apoyo como el que al menos declama hoy EEUU tendría sentido. Serviría para financiar una transición ordenada, para eliminar impuestos – como las retenciones y otros – definitivamente y generar automáticamente el crecimiento salvador, para lo que Argentina tiene condiciones y recursos latentes que le permitirían aspirar. Si piensa.
Lo malo no es la deuda. Lo malo es para qué se usa. Lo malo es la inmediatez desesperada. Lo malo es la corrupción. Lo malo es la discusión constante por el botín. Lo malo es la soberbia y la descalificación. Lo malo es la incapacidad no reconocida. Una deuda para financiar todo eso, aunque sea sin intereses ni condiciones, es siempre negativa.
Las elecciones de medio término están a un mes o un siglo de distancia. Su resultado sigue siendo incierto. Casi se podría decir que se definirán a cara o cruz. Como siempre.
Buen momento para darse un espacio para reflexionar. Y esto vale no sólo para Argentina.
