El gobierno argentino vive su hora más oscura en el momento menos oportuno
Hace varias semanas que la gestión de Milei viene soportando diversos golpes, algunos atribuibles a la oposición y otros que podrían entrar en la categoría de autoinfligidos. Desde el caso $Libra en adelante, para ser más precisos.
Ello ocurre con el telón de fondo de unas elecciones provinciales que tendrán lugar en un par de semanas y las elecciones legislativas nacionales de medio término que se desarrollarán en un par de meses.
Como se sabe, La Libertad Avanza considera que para que su plan sea exitoso, es imperioso ganar las elecciones provinciales y con ellas el manejo de la Capital Federal y posteriormente las nacionales (se renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio de la Cámara de Senadores). El presidente Milei lo ha explicitado numerosas veces, sin escatimar insultos y descalificaciones para los legisladores que votan en contra de sus ponencias, que a veces son tránsfugas de su propio partido LLA.
Hay una pugna irracional de fondo entre el presidente, y el Congreso, ambos empeñados en demostrar, defender e imponer su Poder Constitucional. El Poder Legislativo aprueba leyes, varias insensatas, el presidente las veta y el Congreso insiste con los dos tercios de la Cámara de inicio para anular ese veto. O el Legislativo anula los Decretos de Necesidad y Urgencia emitidos por la presidencia y hasta deroga los decretos que el PE está autorizado a emitir por una ley especial de delegación de poderes, de uso habitual por décadas en Argentina (aunque inconstitucional). El lector no debería tratar de entender esto.
Una oposición ciega esperada
Era esperable que la reacción del kirchnerperonismo fuera una oposición frontal a cualquier gobierno con un enfoque racional de la economía, pero la situación se agrava por la sistemática agresión con que el presidente y sus redes de seguidoras descalifican e insultan no sólo a su oposición peronista sino a todos los legisladores que no le sean adeptos, incluyendo a los suyos propios que se alejan. La negociación y la persuasión están fuera del herramental del gobierno argentino, salvo las sospechas y rumores sobre la compraventa de votos en el caso de algunas leyes clave.
Dentro de ese cuadro el gobierno aparecía y aparece como gran favorito tanto en las elecciones provinciales como en las nacionales. El aplastamiento de la inflación ha sido tan espectacular que ha superado la disconformidad de un ajuste que – lejos de ser soportado por la famosa casta, que fue el enemigo elegido por Milei en su campaña – cayó sobre las cabezas de las clases media y baja, del agro y de las Pyme.
Aquí hay que hacer una salvedad de fondo: como el “armado” de las listas de candidatos ha sido hecho por gestores oscuros y cuestionados, capitaneados por la Gran Hermana presidencial, no hay garantía de que luego de su consagración como legisladores los triunfantes no se transfuguen de inmediato a otros bloques, como ya ha ocurrido. Por eso, con un desenfado casi ofensivo al electorado, uno de los “armadores” de La Libertad Avanza, de profundo pedigrí peronista, se ha sincerado: “no importa de dónde vienen los candidatos o cuáles son sus antecedentes, lo que importa es que levanten la mano”.
El gobierno hace cualquier pirueta para llegar sin sobresaltos económicos a las elecciones
Tampoco hay certeza de cuáles son las supuestas leyes salvadoras que el nuevo Congreso deberá aprobar para reencausar al país por una senda de grandeza, pero lo cierto es que desde diciembre el Legislativo será más permeable a las propuestas del Ejecutivo.
La proximidad de las elecciones hizo que el gobierno tratara de hacer cualquier pirueta para evitar que sus logros en materia económica, básicamente la reducción dramática de la inflación, mostraran alguna clase de retroceso en este momento. Eso lo llevó a elevar la tasa de interés, en un poco entendible accionar monetario y regulatorio, a niveles incompatibles con la tasa de inflación, en el afán de controlar el tipo de cambio.
Semejante decisión es incongruente con la declamada política de fondo del gobierno y aún con su filosofía, además de crear un desfinanciamiento para la actividad económica de efectos no menores, que apenas se han empezado a sentir. Sólo esa decisión es un retroceso importante que, al menos para los interesados y para los entendidos, es un error grave, casi incomprensible.
La medida, además, es un caso típico de Moral Hazard que garantiza el éxito del carry trade o, peor aún, de inside trading, en lo que pasa de ser una “avivada financiera” a ser directamente un delito que beneficia a quienes están al tanto de cada paso que da o dará el gobierno sobre el tema. Los famosos “amigos del poder”.
Contradicciones patrióticas
Esta sola decisión es de suma gravedad, que si bien no es percibida por el común de los votantes marca una nueva inflexión negativa en el accionar financiero del oficialismo, en su discurso supuestamente inamovible y en el futuro de la inversión y la generación de empleo, y en particular de la generación de confianza.
Paralelamente, en la misma lucha para evitar la suba del dólar, (ahora se ha pasado de sostener que el peso estaba muerto a hablar de su apreciación hasta desplazar a la divisa) se han subido los encajes bancarios no remunerados, lo que también afecta el volumen del crédito, vital para las empresas. También aquí el discurso explicativo presidencial ha sido confuso, seudotécnico y rebuscado.
Esa también es una noticia negativa, refrendada por los dichos del propio Milei, que sostuvo la semana pasada que la presión sobre el dólar y las altas tasas “se deben al miedo kuka” y que, pasadas las elecciones, se tranquilizará el panorama. Carry trade garantizado por el estado argentino.
Salvo que el gobierno se haya desconectado de la realidad, todas estas son malas noticias, aunque se trate de mostrarlas como fruto de una hábil política monetaria, como ocurre también en la renovación de la deuda en pesos que nuevamente ha tomado un curso explosivo.
Gran Hermana
El protagonismo de Karina Milei en el “armado” de listas y mucho de los nombres elegidos también han suscitado sorpresas y disgustos, aunque fueron tapados por la avalancha de lealtad de los troles de las redes y seguidores incondicionales del partido de Milei, capaces de justificar cualquier decisión. También por la satisfacción popular ante la drástica reducción de la inflación y por el convencimiento de que el kirchnerismo era mucho peor. Una combinación entre el viejo eslogan de “roban pero hacen” y de “al menos no gobierna…” La lealtad, en el idioma político argentino, reemplaza a la inteligencia, la solidez y la honestidad.
También los indicadores económicos muestran algunas tendencias desfavorables en los dos últimos meses, aunque no dramáticas por el momento. Al mismo tiempo, algunas de las desregulaciones que se han tratado de aplicar terminaron creando más problemas de los que soluciona. El caso de los discapacitados es un ejemplo típico. El gobierno tiene razón en su planteo de fondo. Los subsidios a discapacitados pasaron de cien mil a más de un millón en tres años, ni una guerra lo justificaría. El número de discapacitados en algunas provincias es digno de una tira de humor.
Sobran razones para analizar esos casos y anular la prestación. Pero eso requiere capacidad, mucho trabajo metódico y conocimiento, enfrentar policial y judicialmente a los falsos beneficiarios y sus gestores y, sobre todo, manejar adecuadamente la comunicación y salir al cruce de las críticas que un tema tan sensible trae inexorablemente
Perdiendo la legitimidad en una causa en que tiene razón
En vez de ello, el gobierno se dejó llevar a un festival de marchas en un tema sacrosanto, sobre todo para los sensibles ignorantes, hasta perder legitimidad en un tema en el que tiene razón. Lo que lleva de nuevo a la calidad de los gestores y de la gestión, un tema de por sí muy difícil, y que además Karina Milei, la gran selectora de personal del gobierno, no está capacitada para esa tarea.
Como si fuera poco, aparece ahora el caso de la Agencia Nacional de Discapacitados, que no tiene conexión con el tema, pero cuyo titular, Diego Spagnuolo, apareció en un audio denunciando todo tipo de maniobras de los laboratorios, a los que supuestamente se cobraba una coima que era distribuida entre la Hermana Karina y Eduardo “Lule” Menem, de raigambre harto conocida, y además su secretario favorito.
Los laboratorios tienen triste fama en el mundo entero. Un ejemplo universal es el tema de las vacunas contra el Covid. Argentina no es una excepción. En este caso, el gobierno termina apareciendo además como privilegiando la compra a precios carísimos a los laboratorios, en detrimento de los pensionados por discapacidad. Aunque no sea exactamente así, tal es la percepción que se cuela. Recordar que las 100 muertes por Fentanilo contaminado, otro escándalo inaceptable, todavía flotan en la neblina del cajoneo judicial.
¿Operación de quién?
El caso de los audios recién comienza. El gobierno sostiene que se trata de una operación. Pero aun cuando lo fuere, ¿los hechos son ciertos o no? Que Spagnuolo haya sido despedido ipso facto por Milei es un error político. Si las coimas y los audios fueran falsos, ¿por qué echar al titular de la Agencia? Y en el imaginario popular, y no popular, la pregunta que sigue es ¿quién más está detrás? ¿a quién se encubre? Sobre Karina Milei convergen todos los reflectores. Ya venían pivotando a su alrededor hace tiempo, porque muchas de sus decisiones eran inexplicables. Y late una pregunta: ¿lo echaron por corrupto o por delator?
Las posibilidades de que el tema se diluya entre los desmentidos, las operaciones, el periodismo que sólo por un ratito se ha vuelto crítico, los jueces, algún otro escándalo y la corta memoria popular son muy altas, si se analizan todos los casos previos no sólo de este gobierno sino de todos.
Surge otra pregunta más: ¿operación de quién? ¿de la oposición, del peronismo, del Pro, de Cristina entobillada, de la Cámpora? ¿De Santiago Caputo, una suerte de Robespierre sancionado por su propio sistema, que está despechado por haber sido defenestrado por la Gran Hermana? ¿De los servicios de inteligencia oficiales o residuales que cobran quién sabe qué deudas o trabajan para quién sabe qué intereses? ¿De los laboratorios norteamericanos que han recrudecido su protesta por el robo de patentes ahora con el soporte del inefable Trump?
Los Menem con las manos llenas… y quemadas
“Dos patas no, cuatro patas sí”, era el eslogan de los chanchitos en Rebelión en la Granja de Orwell. Que fue cambiado por “Cuatro patas no, dos patas sí” en cuanto los cerditos triunfaron. Imposible omitir la comparación.
El escándalo recién empieza. Si bien la justicia argentina se especializa en perseguir a los denunciantes de la corrupción, no a los denunciados -finalmente es parte de la casta – el tema no terminará aquí. Lo que no quiere decir que esto tendrá demasiada importancia política. Tal vez más abstenciones con algún formato, que terminarán aumentando la buscada polarización entre el kirchnerperonismo y el mileísmo y postergando a los pocos que todavía no se han asociado a la rapiña.
Sin embargo, la corrupción no es algo que espante a los argentinos, más acostumbrados que los uruguayos a ver y normalizar la realidad cara a cara. Por eso no habría que esperar un cambio drástico en las tendencias electorales, ni en el hinchismo fanático, ni en la obsecuencia debida de muchos nuevos candidatos que se postran ante Karina y sus preferidos. Tampoco en el nivel de insultos, ni en el carry trade, por supuesto. Ayer los Menemhabientes salieron a limpiar la figura de la hermana secretaria. ¿Quién garantiza a los garantes?
No sobrevolará ningún helicóptero
También lucen exagerados los vaticinios del tradicional “helicóptero”. Nótese que Milei siempre permanece inmune e impoluto, alguien que necesita cuidados; y la acusada de culpable es siempre su hermana o dos de sus co-catetos del ex triángulo de hierro. Las mismas dificultades del espectro que se atribuyen al presidente lo ponen a salvo de la culpa. Él mismo ha dicho que de la política no se ocupa. Recuerda mucho al caso de los jugadores de fútbol que hacen trampa con sus impuestos y termina yendo preso su papá o su contador, sin que esto implique una acusación ni una similitud, claro. Como arma secreta, el mustio romance resucitado ayer entre el presidente y Fátima Florez garantiza el olvido.
El pueblo argentino, como los caballeros, no tiene memoria. En especial de la corrupción, que es casi una cuestión aspiracional más que un delito. El panorama electoral no cambiará por estos detalles menores. ¡Viva la libertad, carajo!
