Se fue un grande, que nos dejó medio siglo del mejor periodismo

Lo primero que me sorprendió de aquel flaco de lentes, elegante y siempre con la sonrisa a flor de labios, fue la extraordinaria velocidad con la que escribía máquina usando sólo el dedo índice cada mano. Lo hacía sin detenerse un momento a pensar. Las ideas le salían de la punta de los dedos con la misma velocidad con la que escribía. Era la estrella indiscutida de la redacción del vespertino «Acción», a la que me había sumado a mediados del año 1972.

Daniel Rodríguez Oteiza era ese periodista que todos queríamos ser. Agudo, inteligente, incisivo, dueño de una prosa envidiable, lo hacía todo, y lo hacía bien, en tiempo récord, algo fundamental para el oficio, en el que la noticia no tiene hora.

Seguí aprendiendo de él luego de su ingreso al diario «El País», al que estuvo vinculado durante el medio siglo siguiente. Esta vez como simple lector, pero cada vez que veía su firma en alguna nota la memoria volaba a aquel inolvidable año 1972.

Rodríguez Oteiza vivió por y para el periodismo. De pocos periodistas puede decirse lo mismo, si es que efectivamente existe alguno merecedor de tal aserto.

Con Danielito, como lo llamaban sus amigos y compañeros, se va un pedazo grande del periodismo uruguayo de los últimos 50 años. Su memoria lo habrá de trascender , y su obra, efímera como puede ser la de cualquier periodista, seguirá viva en las pilas de diarios viejos y, ahora, en el mundo del ciberespacio, con la impronta de un presente eterno.

Graziano Pascale

(La ilustración es de Arotxa, que fue su compañero por más de 40 años en El País)