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Asumiendo el marxismo

9 abril, 2024
Con su plataforma electoral el Frente Amplio deja por fin de disimular

 

La reciente presentación del programa de gobierno del Frente para el período 2025-30 confirma lo que no era necesario confirmar para cualquier ciudadano informado, pero que se disfrazaba ante la opinión pública como una posición exagerada del Pit-Cnt, o de algunos sectores de la extrema izquierda, o de algún sindicato enloquecido.

Para empezar, y en un contrasentido dialéctico como los de su sello, mientras por un lado sostiene no apoyar formalmente el plebiscito para incluir en la Constitución el atropello jubilatorio y la confiscación-robo de los fondos de las AFAP (y supuestamente dejando en libertad a sus afiliados para decidir su voto) por el otro coloca ahora el tema como un punto central de su programa de gobierno, extendiéndose en sus conceptos populistas y en las promesas de dádivas habituales. Por supuesto, para ello promete que el estado se hará cargo de los costos correspondientes, suponiendo sin duda que el estado es una fuente inagotable de recursos provistos quién sabe por qué magia milagrosa.

El programa se contradice de inmediato al convocar a un «diálogo social» (o algún otro apodo) para establecer un nuevo sistema jubilatorio, cuando acaba de rechazar la propuesta de consenso planteada por el actual gobierno, y además finge que no conoce que habrá un plebiscito que al mismo tiempo trata de disimular prometiendo que cualquier cambio se hará en función de la Constitución vigente al 1 de marzo de 2025, un trabalenguas que parece pensado por Carolina Cosse.

Ni siquiera el concepto de plusvalía marxista se ha respetado

Ni siquiera el concepto marxista de plusvalía ha quedado en pie, sustituido ahora por el de subvención obligatoria del resto de la sociedad a los que se llama trabajadores.

Dentro de la carta a Papá Noel, o sea dentro del listado de gastos que se espera endilgar a algún contribuyente aparece solapada la amenaza de atacar también el sistema de medicina privada, lo que no debería sorprender conociendo el odio hacia la actividad privada que caracteriza la ideología (y los negocios) del FA.

El plato de resistencia del programa es su planteo impositivo, que promete bajar los impuestos a buena parte de la población y cobrar impuestos progresivos adicionales a las ganancias y a las tenencias y ahorros locales y en el exterior. Esto no debe sorprender porque se trata de un anhelo existencial del marxismo. El concepto de que quien gana más o tiene un mayor ahorro o un “gran capital”, ha logrado obtenerlo mediante alguna culpa que le ha birlado al resto de la sociedad el bienestar y los ingresos que merece, seguramente por gracia divina.

El ahorrista, el inversor y el empresario, sujetos a la venganza y el saqueo impositivo

Ese supuesto torna a cualquier inversor, trabajador, profesional o emprendedor exitoso en sujeto esclavo de cualquier impuesto, gabela o sanción fiscal que se le ocurra a los gobiernos socialistas, que además son ilimitados y siempre crecientes, porque las “necesidades” nunca tienen límite.

Si bien se ha tratado por medio de la prensa amiga de hacer desaparecer el término “redistribución”, sólo un despistado no advierte que ése es el concepto imperante en todo el programa, que surge del análisis de los nuevos gastos propuestos, los objetivos de achatar la calidad del consumo, la creación de universidades populares (que tanto han colaborado con la ignorancia diplomada), la reducción de horas de trabajo, la virtual transformación del sistema de pensiones en un sistema de Renta universal gratuita y bondadosa, el otorgamiento de “mayor participación salarial en el PBI”, los regalos populistas alevosos con formato de pago directo a la población de subsidios al voleo,  los aumentos de sueldos que se prometen, todo a cargo del estado, o sea de los contribuyentes, que ahora son apostrofados como “los grandes capitales”.

La grieta permanente y final

Ese concepto de que una gran parte de la población termine viviendo de los bienes, la propiedad, el éxito, el ahorro y el capital de otra parte de la sociedad, garantiza una grieta de por vida, además de una huida de residentes extranjeros e inversores imparable, más allá de lo que opinen las burocráticas calificadoras de crédito y otros asesores amigos que creen que es una gran ventaja tener abierto el camino a más crédito por las dudas no alcancen los contribuyentes, se les acabe la riqueza a repartir o la gasten irresponsable e insolidariamente cuando saben que no les pertenece sino que es de los trabajadores que no trabajan.

Como sello de inseguridad jurídica y personal, el programa de desprisionalización, despenalización, garantismo y rescate de los delincuentes completa el triste panorama con el que se encontrará cualquiera que no sea beneficiado con la Renta básica universal o de una jubilación sin obligación de aportar si se aplicara el plan del Frente Amplio.

El éxodo

Unido al costo país desopilante y al costo de vida no menos ridículo que genera el proteccionismo y el odio a lo privado Uruguay apunta a seguir bajando su población y lo que es peor, su población económicamente productiva, desde el consumidor al emprendedor. El modelo argentino que aplicara el kirchnerismo y que diera resultados tan contundentes. Algo parecido sucede con la idea de eliminar las exoneraciones que se pactaron para ciertas radicaciones, cuya sola mención aleja a cualquiera que no esté loco o sea un ladrón público.

Sin el freno de la vieja guardia, que ponía una cuota de equilibrio en la aplicación de las fallidas ideas del comunismo disimulado con otros nombres posURSS, el proyecto es disolvente y si se aplicase terminaría en la extrema pobreza.

Lo verdaderamente grave, triste y preocupante es que la plataforma del Frente tiene chances. Rueguen que a Argentina le vaya mal.