Réplica al “Qué somos” de Esteban Valenti en Uypress

l lector puede consultar la columna aludida en el siguiente enlace: (https://www.uypress.net/Columnistas/-Que-somos-Esteban-Valenti-uc145918)

Cuando un columnista de un medio de prensa pretende responder o refutar una publicación de otro medio, debería enfocarse en lo que esa nota o columna ha expresado, sus ideas y argumentos, cuidando no caer en el recurso fácil del ataque ad hominem, que nada agrega y más bien, desnuda falta de argumentos.

Esta previsión inicial se torna problemática cuando lo que se intenta rebatir es una diatriba, un auténtico libelo de sangre, producto de una confesa bronca creciente (ira o enfado, según la Academia), porque en tal caso se hace inevitable abordar la personalidad, historia y peculiaridades del iracundo y enfadado escriba. Ello porque en este caso sí, la voz importa para interpretar la letra, el posible por qué de la bronca y los eventuales para qué expresarlos con la iracundia que el casi octogenario panfletista lo hace.

 

Una breve visita previa al “mundo Valenti”

Esteban Valenti nació en Italia, en 1948 en la post guerra, habiendo emigrado con su familia, ese mismo año, a Argentina.

Aunque vive entre nosotros desde hace 6 décadas, no hay uruguayo de su generación que no le conozca, porque al contrario que la mayoría de los comunistas, lo suyo no fue nunca el bajo perfil.

Ingresado a filas comunistas alrededor de 1962 -tendría por entonces 14 años, a lo sumo-, primer año electoral en el que participa como militante, durante la siguiente década -la de la guerra fría en el mundo, de la guerrilla caliente en el Uruguay de la bomba y el secuestro- hará una meteórica carrera que lo vinculará de forma directa con el todopoderoso Secretario General Rodney Arismendi, para quien el joven Valenti se convertirá en su “hijo pródigo”.

Exiliado en 1973, primero en Argentina y luego en Italia, participó desde allí de manera muy activa en su especialidad, la propaganda ayudando al Partido a reestructurar el relato  acerca del papel de los comunistas en la previa al Golpe de Estado -en especial, el intento por hacer desaparecer el apoyo a los Comunicados 4 y 7 de las FFAA “peruanistas”– error que, vueltos a la democracia será uno de los puntos de mayor fricción que terminarían, luego de la caída de la URSS, con Valenti fuera del Partido Comunista y el restablecimiento de la línea arismendista en la Dirección.

Un comunista capitalista entre nosotros

Desde entonces, la vida política de Valenti ha sido un continuo irse. De un partido minoritario como el PCU, pero con enorme gravitación política y logística, luego su desvinculación formal del FA como dirigente y militante, y tras ello refugiado en el Partido Valentista del Uruguay con 2 integrantes, Esteban, y Selva, candidata de cada experimento de su esposo.

Capítulo aparte, merece sus múltiples actividades “empresariales”, algunas desmentidas, otras públicas y notorias más alguna otra -como la vinculación de Perfil y Selva Andreoli con Petrobras y sus asociados en negocios locales, OAS y Odebrech- lo que convirtieron a Don Esteban en empresario periodístico multimedios y publicista político creador de gauchos de cartón-piedra.

Lo que no admite discusión es que, casi con total certeza, Valenti sea el comunista más capitalista del Uruguay, tanto como que a su vez sea el capitalista más comunista.

Y, en sus ratos libres, furibundo antisemita, histórico, ácido como esos vinos demasiado añejos que envejecen mal. Producto de esa monolítica judeofobia es este libelo titulado “Qué somos”.

 ¿Qué somos?

El sábado pasado, un día invernal helado, unos pocos cientos de personas manifestamos frente a la embajada de EE.UU. cómplice e impulsor del genocidio. No vi un solo dirigente del Frente Amplio, ni de ningún partido integrante, ni de otro partido parlamentario, ni dirigentes sindicales y un puñado apenas de estudiantes de la FEUU. Seguramente los sionistas cómplices del genocidio y la embajada israelí de los asesinos aquí en Montevideo, festejaron. No tiene nada que ver con lo que sucede en otras ciudades del mundo. Inclusive en Israel y en EE.UU.

He aquí, textual, el primer párrafo de la diatriba valentista, en la que el otrora comunista de choque (verbal, obviamente) se conduele de haberse sentido más solo que el Coreano Azul de la Rambla. Ni dirigentes del frenteamplio, ni de otros partidos, ni dirigentes del pitceeneté y apenas un puñado -que es lo son- de “estudiantes” de la FEUU. Una vida entre nosotros, y el italiano Valenti no sabe que en Uruguay la militancia se ejerce de lunes a viernes, a ser posible en horario de oficina, salvo esos pocos que figuran en planillas rentadas de las escasas fuerzas organizadas.

La curiosa pregunta -formulada en plural-, seguramente retórica, puede interpretarse como justificación que lo impulsa a publicar el dicterio antijudío, desde la soledad de su autoproclamada superioridad moral, seguramente furioso de comprobar que hasta al antisemitismo más cerril no le gusta salir en fines de semana.

Así visto, el qué somos tal vez debió ser un “qué soy”, si tras una vida entera con la verdad revelada en la mano, su defensa irreductible del terrorismo de Hamás apenas llega a su propio metro cuadrado.

Una recorrida por el libelo valentista

En un segundo párrafo, dice “Tenemos antecedentes totalmente diferentes. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, con la derrota de los alemanes, de los nazis, porque esas categorías no pueden separarse, hubo en Montevideo en el año 1945 una enorme manifestación.

En esa manifestación se atacaron y se incendiaron dos comercios céntricos, La Sibarita y la Confitería EL Oro del Rhin, además la gente enardecida asaltó el local del diario El Dia en 18 de Julio y Yaguarón porque habían izado las banderas de todos los países aliados, menos la Unión Soviética y obligaron a colocarla. La absoluta mayoría de los manifestantes no eran de izquierda, eran ciudadanos, seguramente batllistas. La izquierda era muy pequeña. Eran uruguayos de ley y ante las atrocidades de los nazis y sobre todo los campos de concentración recién conocidos se sublevaron. Nosotros vemos el campo de concentración gigante de Gaza todos los días y al asesino de Natanyahu hablando y mintiendo cotidianamente”.

Desbarra, Valenti. Dice que “tenemos antecedentes totalmente diferentes”. Suponemos que el plural aquí refiere a los uruguayos y no a la izquierda, su izquierda. Si es así, es cierto. Las sociedades cambian a medida que transcurre el tiempo y con él, las gentes que las componen. Es cierto, en 1945 tras el final de la horrenda Segunda Guerra Mundial (cuando él y yo no éramos ni nacidos) hubo en Uruguay manifestaciones de alegría por el triunfo de los aliados y la derrota del nazi-fascismo alemán, italiano y japonés.

No se sabe a santo de qué, como no sea para justificarlos, que alude a tres hechos de violencia de corte netamente nazi-fascista, el ataque e incendio a La Sibarita y la Confitería Oro del Rhin, así como el asalto al Diario El Día, histórico bastión periodístico del Batllismo que se hizo merecedor de la furia “popular” por no haber colocado la bandera de la Unión Soviética junto a la del resto de los Aliados. Admite Valenti que la enorme mayoría de los ciudadanos participantes no eran de izquierda, que por entonces era muy chiquita, pero eran uruguayos “de ley” horrorizados por las atrocidades cometidas por los nazis (solamente) y el descubrimiento de los atroces campos de concentración nazis (solamente, del Gulag stalinista, nada, silencio sepulcral). Y cierra ese párrafo, con un “nosotros”. ¿Qué nosotros? El nosotros que “vemos el campo de concentración gigante de Gaza todos los días y al asesino de Natanyahu hablando y mintiendo cotidianamente”.

Desde 2007 y hasta el 7-O ese “campo de concentración” con algo así como 2 millones de habitantes, era gobernado por Hamás, la organización terrorista surgida de la Hermandad Musulmana fundada por el filonazi Hasan Al-Banna. El “campo de concentración” gazatí tiene costa con el Mar Mediterráneo en toda su extensión, y frontera al Sur con Egipto. Desde 2005, que Israel desalojó unilateralmente la Franja, ese “campo de concentración” es regido con mano de hierro por Hamás. Para ello cuenta con la colaboración, o mejor dicho, complicidad de la inefable UNRWA que desde hace 7 décadas gerencia el multimillonario negocio de la “ayuda humanitaria a los refugiados”.

¡Qué poco antijudíos somos “nosotros”!

Es lo que parece decir en lo que resta del libelo. Tal como lo previniera en el título, parece que la ira le sigue creciendo hasta volverse furibundo.

A modo de ejemplo, cuando dice “Ya nadie con dos dedos de frente y un poco de información, no de prensa de izquierda – cada día menos – sabe que Hamas fue formada y financiada por el gobierno de Tel Aviv en particular por Netanyanhu desde hace muchos años. Lo declaró en el Parlamento de Tel Aviv”.

A posteriori, agrega “Sabe perfectamente, porque lo han dicho los grandes diarios norteamericanos, británicos, franceses y cadenas de tv, que el ataque terrorista a Israel durando casi 24 horas del 7 de octubre del 2023, no solo fue permitido, conocido, sino que uno de los ejércitos y de los servicios mejor preparados y armados del mundo demoraron casi 24 horas en socorrer a los miles de habitantes de la región. Fue frio y premeditado. Es exactamente como el asalto y el incendio al Parlamento Alemán organizado por los nazis, del año 1933 que le permitió a Hitler tomar plenamente el poder.”

Líneas más abajo, agrega el furibundo Valenti “¿Alguien puede creer que, en 22 meses de ataque ininterrumpido de las tropas israelíes a Gaza, de la destrucción de hospitales, escuelas, mezquitas y todas las casas habitación, no hayan encontrado más que un solo rehén de los capturados por Hamas? Los único tres israelíes que se estaban rindiendo con una bandera blanca fueron fusilados por los hebreos. Todos datos oficiales.”

En resumen…

En resumen, en esos pocos párrafos, confusos, mal redactados, impropios del periodista que supo ser -y ya no es, claro está-, sin citar una sola fuente, le asigna al gobierno israelí, y en particular al demonio de Netanyahu, el haber sido los creadores y financiadores de Hamás.

Pero no solamente eso, sino que, cuando el nivel de delirio antisemita parece imposible de ser superado, Valenti acusa a Israel de haber provocado, inducido, permitido el pogromo del 7-O, un operativo de falsa bandera frío y premeditado, que compara con el incendio del Reichstag por los nazis para arrasar con el poder en Alemania.

Y al final, anunciando una nueva columna con más elementos, encuentra la respuesta para el título ¿qué somos?: “¿Y nosotros que somos? Naturalmente la izquierda, que duerme su tranquila siesta, a todos los niveles, sino los uruguayos democráticos, los que defendemos el derecho a la vida, el derecho humano básico.

Aquí el deterioro del Sr. Valenti se hace tan evidente como el elefante dentro del bazar, con una frase que hace añicos cualquier noción de sintaxis. Haciendo un esfuerzo, el lector podrá inferir del galimatías que ese “nosotros” refiere a “los uruguayos democráticos, los que defendemos el derecho a la vida” y no la izquierda que duerme la siesta.

Es evidente que el autor, condicionado por una vida de ideología y dogmatismo, padece de un nivel de confusión importante que se manifiesta en el hecho de expresar su lamento por esos pocos cientos de manifestantes y, a la vez, se refiere a ellos, y a él mismo, como los uruguayos que defendemos el derecho a la vida.

Constituye un abuso pretender hablar en nombre de aquellos que, como él mismo confiesa, malamente puede querer representar. En todo caso, sería más propio de un video grabado por su Gaucho Power, capaz de analizar la alta política de alpargatas, termo bajo el brazo y leyendo un guion propio de Juceca.

Hasta para ser antijudío, se necesita un mínimo de decoro.

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