Silvana Giachero – Psicóloga Forense
El asesinato de Luna Etchegoyen, de apenas 13 años, a manos de su padre en Maldonado, no es un crimen inexplicable pero si un hecho aislado. Este filicidio es resultado trágico de una combinación de factores: una personalidad probablemente rígida y posesiva, antecedentes de violencia no atendidos en toda su magnitud y un sistema de protección que, al levantar medidas cautelares sin valorar adecuadamente el riesgo, o porque su sistema está saturado de falsas denuncias ,dejó a la niña expuesta al peor desenlace.
Filicidio: definición y categorías
En criminología y psicología forense se utiliza el término filicidio para designar el homicidio de un hijo cometido por uno de sus progenitores. El psiquiatra Phillip Resnick (1969) clasificó estos crímenes en cinco categorías:
1.Altruista: el padre cree “salvar” al hijo de un sufrimiento.
2.Psicótico: producto de una alteración grave de la percepción de la realidad.
3.No deseado: cuando el hijo es visto como una carga.
4.Accidental: tras episodios de maltrato que se escalan sin intención homicida.
5.Vengativo: el hijo usado como instrumento de castigo o venganza.
El caso de Luna se encuadra con claridad en este último: el filicidio vengativo.
¿Venganza contra quién?
El disparo no fue contra Luna como persona, sino contra lo que representaba:
•Contra el rechazo: cuando la niña le dice que prefiere esperar a su “madre” (una figura afectiva de referencia) el padre vivió tal vez eso como una traición intolerable.
•Contra el sistema: un Estado que lo había separado de su hija, que lo había investigado por maltrato, y que después levantó las medidas cautelares como si el riesgo hubiese desaparecido.
•Contra sí mismo: el suicidio posterior indica una lógica de “cerrar la escena”, sin aceptar juicio ni condena, dándole un sello de que él tenía el control
Así, el filicidio vengativo no es solo contra la expareja o contra la figura rival, sino también contra la autonomía del hijo y contra el sistema que le quitó poder, sin haber trabajado estratégicamente en este escenario .
La niña como objeto de poder
La literatura forense es clara: algunos padres con personalidades narcisistas o autoritarias no conciben a sus hijos como sujetos autónomos, sino como posesiones (Bourget & Bradford, 1990). En estos casos, cuando el hijo demuestra independencia o se alinea con otra figura, ese gesto se interpreta como un acto de rebelión que debe ser castigado.
El filicidio es la expresión extrema de lo que también observamos en otros planos: la instrumentalización de los hijos en conflictos de adultos. En la alienación parental, los hijos son usados como voz o rehén emocional; en el filicidio vengativo, el hijo es eliminado para infligir el máximo daño.
Factores de riesgo ignorados
Lo más alarmante es que no fue un arrebato inesperado. El padre ya había intentado matar a su hija antes. Había medidas cautelares. Existían denuncias de agresión, él era militar, tenía un arma, y aun así, el sistema consideró que podía volver a tener acceso? O se le pasó por alto ?
La investigación de Liem & Koenraadt (2008) sobre homicidios intrafamiliares los denomina “homicidios prevenibles”: aquellos en los que existían señales previas de riesgo, pero no se actuó con la contundencia necesaria.
Aquí, el levantamiento de medidas cautelares fue el punto crítico. No se trató de “exagerar o no exagerar”: se trató de entender que, frente a antecedentes tan graves, la única exageración posible era liberar a la niña de la protección institucional.
Falsas denuncias y casos graves: un equilibrio torcido
Uruguay vive una situación compleja: el sistema judicial y de protección está saturado de denuncias, algunas infundadas, muchas atravesadas por conflictos adultos. Este fenómeno genera una consecuencia perversa: cuando aparece un caso realmente grave, el riesgo de que se lo subestime aumenta y estoy segura que este hecho fue clave en este desencadenante
No es casual que, tras miles de expedientes, el sistema pierda capacidad de diferenciar lo banal de lo letal. Pero es allí donde más urgente se vuelve contar con protocolos serios de evaluación de riesgo, capaces de distinguir entre una disputa instrumental , alienación parental y un peligro real de muerte.
Evidentemente falta mucha formación académica y expertos
Hipótesis forenses
•Personalidad rígida y posesiva: un coronel retirado, habituado a jerarquías y obediencia, incapaz de tolerar un “no”.
•Fijación vengativa: la niña lo había denunciado y prefería otros vínculos, lo que él interpretaba como afrenta.
•Premeditación: ya había intentado antes, lo que descarta el arrebato impulsivo.
•Falla institucional: el levantamiento de medidas cautelares fue un error que dejó el terreno libre.
Conclusiones
El filicidio de Luna Etchegoyen no fue solo un acto de violencia individual, sino un fracaso colectivo: de la contención personal, de la respuesta institucional y de una sociedad que aún no logra priorizar siempre la voz del niño ya que no está preparado para diferenciar cuándo es protducto de alienación e implantación de memorias y cuando es realmente verdad y grave .
Entonces así como sucede esto en el otro extremo hay cientos de niños traumatizados y familias destruidas por que por las dudas lo separamos antes de que sea realidad y pase algo grave . Cuando en estos casos lo grave está ya pasando , están siendo también instrumentalizados para vengarse del otro progenitor , siendo una forma grave de maltrato infantil
El caso de Luna desnuda algo más profundo: en Uruguay no tenemos suficientes profesionales ni operadores formados para mirar realmente por los niños.
Por un lado, ocurre lo que pasó con Luna: había antecedentes, intentos de homicidio, denuncias, medidas cautelares… y aun así el sistema no vio el riesgo real y la dejó expuesta.
En el otro extremo, hay cientos de niños traumatizados y familias destruidas por separaciones forzadas “por las dudas”, en contextos de denuncias instrumentales o disputas adultas. Allí el niño también es víctima de una violencia grave: ser usado como arma en la venganza contra el otro progenitor. Eso también es maltrato infantil severo, aunque menos visible.
La paradoja es brutal: cuando el peligro es concreto y extremo, como en el caso de Luna, no se protege lo suficiente. Y cuando el peligro es dudoso o inventado, se actúa con una dureza que termina causando daño irreparable.
La verdadera deuda del sistema es con los niños: dejarlos de usar como escudo, rehén o excusa, y empezar a verlos como sujetos de derechos.
El desafío es simple y complejo a la vez: dejar de centrarse en las madres o en los adultos, y bajar la mirada un poco, hasta la altura de un niño, para verlos y reconocerlos como lo que son: sujetos indefensos que dependen absolutamente de nuestra protección y que pueden ser usados ,manipulados y violentado por cualquier adulto incluso su propios progenitores sin importar el sexo.
