Por qué la cantonización no resuelve el problema real del Uruguay
Mi amigo Carlos Abel Olivera (Yucayo) es un crack. Su artículo «La Falange de la Libertad» es brillante, provocador y necesario. Tiene razón en que «la asimetría no es un destino, sino una elección» y en que «las instituciones son tecnologías de convivencia» que no necesitamos haber inventado para implementar. Su llamado a la acción, su rechazo al escepticismo y las excusas, su invocación a los griegos de las Termópilas —todo eso lo comparto profundamente.
Pero creo que su propuesta tiene un punto ciego: no es el mapa lo que falla en Uruguay, es el diseño actual que habilita conductas exclusivas y excluyentes, que convierte los departamentos en feudos y los políticos en castas. Y ninguna arquitectura institucional —cantonal, regional o marciana— puede modificar una configuración emocional colectiva que se reproduce generación tras generación. Déjame explicar por qué, y qué propongo en cambio.
Los hechos hablan: $64 millones en catering, 32% de pobreza infantil
Mientras escribimos artículos sobre cantonización, mientras Yucayo sueña con «cantones soberanos» y «competencia virtuosa», la administración pública uruguaya gastó en 2025 al menos $64.000.000 en servicios de catering. Sesenta y cuatro millones de pesos en sanguchitos y cafecitos para reuniones de funcionarios.
El top 10: UTE ($8.679.000), MEC ($6.792.000), Udelar ($5.988.000), BSE ($6.567.000), Intendencia de Montevideo ($5.293.000), Intendencia de Canelones ($4.350.000), ANEP ($4.140.000), MDN ($3.916.782), Poder Legislativo ($2.934.000), BROU ($2.100.000).
Al mismo tiempo, el 32.3% de los niños uruguayos vive en situación de pobreza. Mientras te suben UTE, OSE, ANTEL, saneamiento, FONASA, y crean nuevos impuestos.
¿Qué va a cambiar la cantonización de esto? Si Flores se convierte en cantón soberano, ¿van a dejar de gastar en catering mientras los niños pasan hambre? La estructura tal como está diseñada no modifica la conducta.
Feudos y el caso Andrés Lima
Yucayo propone 19 cantones para escapar del centralismo montevideano. Pero los 19 departamentos actuales ya funcionan como feudos —y no precisamente virtuosos.
Documenté en mi artículo anterior el caso de Andrés Lima en Salto: entregó 49 terrenos municipales a cooperativas de militantes del FA a cambio de votos. Hay un audio filtrado de la dirigente Karina Correa confirmando la práctica: «Cada lista que apoya a Lima tiene a su cargo una cooperativa… se les va a pedir la militancia». Clientelismo puro. Compra de votos personales con recursos públicos.
Y no es el único. Documenté 17 casos de irregularidades graves en intendencias uruguayas en los últimos 30 años. Sergio Botana en Cerro Largo: 13 denuncias penales, la intendencia quedó con deuda de $1.600 millones, hoy es senador. Guillermo Besozzi en Soriano: imputado por 7 delitos incluyendo peculado y cohecho, compitió en elecciones y fue reelecto. Carolina Cosse en Montevideo: déficit multiplicado por 8, de $439 millones a $3.640 millones en un año.
¿Cuántos terminaron en condena efectiva? Cuatro. De diecisiete. El problema no es que sean 19 departamentos o 19 cantones. El problema es que no hay consecuencias a las conductas impropias valiéndose de la mentira y el cinismo de una forma que linda en lo grosero.
La paradoja uruguaya: decimos confiar, pero nos robamos
Yucayo propone cantones soberanos asumiendo que los uruguayos van a autogestionarse responsablemente, como Suiza. Pero miremos los datos que fundamentan mi propuesta IRDA.
En las encuestas de Latinobarómetro, Uruguay lidera la región en «confianza interpersonal». Alrededor del 30% dice que «se puede confiar en la mayoría de las personas». Suena bien. Pero miremos la conducta:
Uruguay tiene 3.205 hurtos cada 100.000 habitantes. El promedio mundial es 783. Cuatro veces más.
En rapiñas: 522 cada 100.000. El promedio mundial es 105. Cinco veces más. Estas estadísticas se refieren a la CONDUCTA.
Vivimos con rejas, alarmas, cámaras. El 48% de los uruguayos no se siente seguro caminando solo de noche en su barrio. La conducta revela el estado emocional real, no lo que la gente dice en una encuesta.
El robo es la manifestación más pura de no ver al otro como legítimo otro. Quien roba no reconoce al otro como un igual. Lo ve como fuente de recursos a extraer. ¿Los gobernantes hacen lo mismo? ¿No es eso lo que hace Andrés Lima regalando terrenos públicos por votos para su persona? ¿No es lo que han hecho sindicalistas quedándose con los dineros de los aportantes? ¿No es lo que hacen muchos políticos dejando ganar concursos por la ventana de gente incompetente? Usan lo público para el ejercicio de su poder personal y así cultivar su «chacra de poder» (adicción al placer que el poder otorga).
Las personas que hacen esto no tienen sentido comunitario alguno. Tenemos una narrativa de comunidad que no se sostiene en la conducta real.
¿Cómo es el patrón en la toma de decisiones uruguayas?
El patrón de toma de decisiones en Uruguay no es genuinamente negociador, sino de pacificación por concesión, los temas difíciles no se hablan y siquiera se ponen sobre la mesa o si se hablan corres el riesgo de ser cancelado, convertirte en un outsider y así, pegan donde más duele… la posibilidad de quedarse sin trabajo. Un miedo atávico a pasar hambre y con eso juegan. De todas formas, se soluciona a través de comisiones «llamando al amigo del amigo» con resultado tendiendo a cero.
El caso de los sindicatos es ilustrativo: no hubo negociación propiamente dicha, sino compra de paz sindical… y ¡pagaron! El gobierno y las empresas pagaron el precio requerido a cambio de conformidad, lo cual puede ser políticamente eficaz en el corto plazo, pero no constituye negociación —constituye silencio comprado que a largo plazo tiene los resultados que hoy tenemos a la vista.
Yucayo propone darle a cada cantón «la posibilidad en sus manos que hoy no tienen». Pero hay un supuesto que nunca examina: una vez con el poder en sus manos, ¿cómo lo van a usar los uruguayos cuando el patrón de toma de decisiones es frágil y lento en un contexto de chacras?
Hoy tenemos 19 sistemas feudales donde todo se espera del Estado y del intendente de turno —que decide a su antojo y por amiguismo, que no se arriesga, que espera, que evita el conflicto. Eso no es prudencia. Es desidia y falta de coraje sistemático: comprar la paz de hoy con la guerra de mañana.
La máquina de picar carne uruguaya
El uruguayo no actúa desde sí mismo. Actúa desde el miedo a ser juzgado. Esa es la máquina de picar carne: juzgar al otro sin saber nada de él ni de las circunstancias en que actúa. La tentación de la superficialidad, la envidia y la vanidad entran en juego y generan los resultados. Esto tiene un nombre: presión social. Y en Uruguay es altísima.
Por eso decimos una cosa y hacemos otra. Por eso en las encuestas «confiamos» pero vivimos con rejas. Por eso hablamos de transparencia, pero gastamos $64 millones en catering mientras el 32% de los niños vive en pobreza. Por eso los índices internacionales —desde mi mirada, hoy antiguos— dicen que somos la democracia número 15 del mundo, pero cuando analizamos la convivencia real y los indicadores de conducta, hay una incongruencia feroz.
El Índice Anticipatorio de Realidad Democrática (IARD) que desarrollé en mi artículo «Uruguay pre-autoritario» lo demuestra con datos duros: Uruguay es hoy un país pre-autoritario. El siguiente paso es Cuba y Venezuela. Pero negamos lo que nos rompe los ojos —hasta que nos suben los impuestos. Y ahí ya es tarde. ¿Es tarde?
OSE: desidia institucionalizada
Un ejemplo brutal a nivel Estado. Cuando los expertos israelíes vinieron durante la crisis hídrica, su diagnóstico fue demoledor: «Ustedes tienen agua de casualidad». No por planificación. No por gestión. No por inversión. De casualidad. Porque llueve.
Décadas sin invertir en infraestructura. Sin planificar para el crecimiento. Sin anticipar sequías que cualquier modelo climático predecía. La planta de Arazatí se discutió y aún no se construye. Ministros del actual gobierno le dan la espalda a Arazatí porque no fue propuesto por ellos… ponen sus egos INDIVIDUALES por encima de Uruguay y ¡todavía los votan! aunque la aprobación de Orsi va merecidamente en caída libre. Este es el nivel de toma de decisiones en muchos ámbitos en el Uruguay y es aquí donde debemos poner el foco.
Eso es desidia institucionalizada. Otros le llaman «pública felicidad porque lo importante es la gente». Pero la conducta DEMOSTRADA dice otra cosa. Y es ahí —en la conducta— donde hay que trabajar para la transformación.
El cambio real
La autonomía es la condición constitutiva del vivir: un ser vivo actúa desde sí mismo, cambia desde sí mismo. Todo funciona mejor cuando lo que creamos es congruente con la naturaleza constitutiva de lo que hablamos. Pero el uruguayo actúa desde el miedo a ser juzgado. Eso no es autonomía. Es parálisis colectiva.
Para cambiar la cultura debemos cambiar la conducta. Y para cambiar la conducta tenemos que cambiar el diseño. Pero no el diseño del mapa, ya tenemos «19 departamentos fuertes» (perdón por el mal chiste) —el diseño de los incentivos, la transparencia y las consecuencias. Así lo manejamos en una nota anterior.
Ningún cantón soberano va a cambiar eso.
El error de 140 años: preguntar quién gobierna
Como citó rigurosamente el Dr. Ventura, desde 1962 hasta 2012 hubo al menos ocho propuestas serias de regionalización. CLAEH, CINVE, CIDE, ITU, OPP, la propuesta de Lucía Topolansky. Todas fracasaron. ¿Por qué?
Porque todas preguntaban lo mismo: ¿Quién gobierna qué territorio? … el ego es grande… ¿y la gente? Todas asumían que, si dibujábamos mejor el mapa, el sistema funcionaría mejor.
Yucayo, con toda su brillantez, repite el mismo error, solo que más radical. En lugar de 6 regiones propone 19 cantones. Pero sigue preguntando «quién gobierna». Sigue pensando en cajas y jefes de caja. El mapa no era el problema. El mapa no es el problema.
Mi propuesta: de «quién gobierna» a «cómo circula»
¿Y si el error de 140 años es la pregunta misma? ¿Y si en cambio preguntamos: ¿Qué fluye y cómo circula?
Esta pregunta pone el foco en los procesos, no en las estructuras. En las relaciones, no en las jerarquías. Un sistema vivo no se define por sus partes, sino por sus relaciones. Lo que hace funcionar un territorio no es tener intendente. Es que el agua llegue limpia, los residuos se procesen, las calles estén transitables, los recursos vayan donde lo necesitan LAS PERSONAS en el contexto en el que habitan.
Propongo una app —»MiTerritorio»— donde cada ciudadano puede:
- Reportar: «Hay un pozo en esta esquina». El sistema georeferencia, prioriza, rutea.
- Verificar: ¿Se arregló? El ciudadano cierra el ciclo, no el funcionario.
- Intercambiar: Conectar lo que sobra con lo que falta, sin pasar por el Estado.
- Ver: Mapa en tiempo real. Transparencia total. Presupuestos abiertos.
El flujo sería: Ciudadano informa → Sistema procesa → Recursos fluyen → Ciudadano verifica
Esto resuelve el problema real: el ciudadano no tiene forma de verificar si lo que le dicen es cierto ni de generar consecuencias cuando no lo es. La app crea evidencia ciudadana, verificación distribuida, baja la presión social y aumenta la participación real. Eso es más transformador que mover líneas en un mapa y se mantienen los 19 departamentos con sus identidades y no se requiere reforma constitucional.
Las reglas del juego: IRDA o IARD (índice anticipatorio de realidad democrática.
Flujos, app, transparencia. Todo suena bien. Pero ¿qué impide que esto se corrompa igual que el sistema actual? Nada, si no diseñamos las reglas correctas.
Para que cualquier sistema funcione sin depender de la buena voluntad política, necesita tres pilares simultáneos. Lo llamo IRDA: Índice de Realidad Democrática Anticipatoria o IARD índice anticipatorio de realidad democrática.
Pilar 1 – HACER (medible): Cada flujo debe tener métricas claras. Números públicos porque el dinero es de todos los uruguayos. En tiempo real.
Pilar 2 – DEMOSTRAR (verificación independiente): El ciudadano que reportó el pozo confirma si se arregló, no el funcionario.
Pilar 3 – CONSECUENCIAS (automáticas): Si no cumplís, pasa algo. Transferencias condicionadas. Inhabilitación automática. Responsabilidad patrimonial que no prescribe.
Sin IRDA, cualquier diseño fracasa. No importa si son 19 cantones, 6 regiones o 1 sistema de flujos.
¿Qué necesita Uruguay realmente?
Lo que Uruguay necesita es algo que: (1) pueda implementarse sin reforma constitucional, porque las reformas fracasan hace 140 años; (2) tenga efectos visibles rápido, para generar confianza ciudadana; (3) rompa la inercia centralista sin crear nuevas burocracias; (4) sea difícil de capturar por los mismos grupos corporativos.
Evaluemos las cuatro propuestas de Contraviento:
Olivera (19 cantones): Requiere reforma constitucional. No tiene efectos rápidos. Riesgo de 19 nuevas burocracias. Narrativa clara pero impracticable a corto plazo.
Ventura (6 regiones): Implementable sin reforma. Efectos medios. Riesgo de 6 nuevos feudos si no hay IRDA. Políticamente vendible.
López (flujos + app + IRDA): Implementable ya. Efectos rápidos y visibles. No crea estructuras, crea procesos. Difícil de capturar porque el ciudadano verifica directamente. Puede parecer abstracto y no lo es.
Martínez J. (agencias autónomas): Implementable sin reforma. Efectos medios. Riesgo de nuevas agencias capturadas. Pragmático.
La mejor opción: empezar por lo que se puede hacer mañana mismo
Mi propuesta es combinar lo mejor de cada una en fases:
Fase 1 (inmediata, sin reforma): App MiTerritorio + reglas IRDA. Implementable ya, bajo costo, alto impacto en participación y transparencia. Transferencias condicionadas a resultados verificables, no a discursos.
Fase 2 (corto plazo, leyes ordinarias): 6 regiones administrativas como propone Ventura, sin eliminar los 19 departamentos existentes. Agencias autónomas por resultados como propone Martínez: educación, desarrollo productivo, infraestructura regional.
Fase 3 (mediano plazo, si funciona): Reforma constitucional gradual para formalizar lo que ya funciona, no imponer estructuras nuevas. Ahí sí podemos hablar de cantones soberanos si la evidencia lo justifica.
¿Por qué no empezar por Olivera? Porque requiere reforma constitucional y Uruguay no tiene la crisis existencial que motive ese salto. Si no hay co-emocionalidad compartida el cambio no será posible. Las reformas radicales fracasan cuando no hay urgencia compartida. Yucayo tiene razón en el diagnóstico, pero su solución requiere un consenso que hoy no existe.
¿Por qué no Ventura solo? Porque sin mecanismos de transparencia y consecuencias (app + IRDA), las 6 regiones se volverán 6 nuevos feudos políticos. Como Salto con Andrés Lima, pero más grandes.
Conclusión: lo más importante es empezar
Yucayo tiene razón en que «Uruguay muere de escepticismo, excusas llenas de miedo y falta de voluntad» … no es falta de voluntad es falta de flexibilidad cognitiva por la cantidad de chacras cerradas. Y cito un ejemplo más porque está lleno: «El intendente de Artigas Emiliano Soravilla habilitó entradas gratis al camping municipal durante las fiestas, concentrando el público y perjudicando gravemente a los privados, que recaudaron 50% menos. Además, pese a la prohibición vigente y a anunciar mayor fiscalización de pirotecnia, inauguró el evento «Artigas Mágica», desatando el enojo generalizado de los artiguenses» fuente: la derecha diario Uruguay. Por eso mismo no podemos darnos el lujo de proponer soluciones que requieran consensos imposibles y reformas que fracasan hace 140 años. Es la conducta de los intendentes de diferentes partidos donde el patrón de la toma de decisiones es el mismo.
El sentido comunitario no se decreta. Se cultiva. Y se cultiva diseñando sistemas donde comportarse como comunidad tenga sentido —donde la transparencia sea la norma, donde el ciudadano verifique, donde haya consecuencias automáticas cuando alguien no cumple sin hacer de ello una máquina de picar carne de juzgar al otro sin saber para bajar la presión social y aumentar la cohesión social, sino que un mecanismo de mejora permanente donde ensayo y error danzan hasta que el mecanismo fluye totalmente.
Los departamentos están diseñados para cajas y control, al punto tal que hoy en día los gobernantes nos ven como cajas registradoras a ser saqueadas a través de impuestos directos, indirectos y algo más. Yucayo piensa en más cajas, más pequeñas. Yo propongo pensar en flujos y conexiones, en personas que se encuentran al salir de las chacras, de los feudos y del clientelismo político. Flujos en que los presupuestos sean transparentes y las personas se involucren. Si las personas no se involucran la gente seguirá deprimida, frustrada, resentida y sobre todo se sentirá ajena al país en el que habita.
De caudillos a redes. Es una propuesta que no cambia la identidad de los departamentos —cambia quién tiene el poder y el poder es de la gente no del ególatra de turno- increíblemente, debemos recordarles a los intendentes que son servidores públicos.
El actual intendente Miguel Abella quien defendió los precios exorbitantes de Uber y taxi en fin de año (desde 300 a 500 dólares) ¡otra chacra!!! prohibió el party bus de Punta del Este (rescataba a chicos que querían volver a sus casas sanos y salvos) pero lo usó durante la campaña. ¿El resultado? Cientos de chicos caminando 48 paradas a las 7 u 8 am por toda la costa poniéndolos en riesgo a los más jóvenes que no tienen dinero para pagar su traslado. ¡Menos ego y más ecosistemas bien diseñados por favor! En este sentido, «la paciencia tiene un límite y se llama dignidad»
Como bien dijo el Ec. Pablo Rosselli en su tweet en relación a la plataforma de viajes Viatik «1) Apenas surge la innovación, empresas hacen lobby para frenarla. 2) Autoridades se hacen eco de la presión y la prohíben de entrada, sin amparo legal y sin evidencia alguna de impactos adversos. 3) Imposible innovar bajo esa aprensión regulatoria»… algo sobre lo que ya escribí en la columna Uruguayos: el gris que asfixia. – CONTRAVIENTO
Es hora de cambiar la pregunta. Y es hora de empezar por lo que se puede hacer mañana, no por lo que requiere consensos imposibles. ¡No más comisiones por favor con resultado cero!
Yucayo, te admiro por tu inteligencia y la fuerza que tienes para sacar la pesca adelante, así como el coraje en decir las cosas por su nombre. Esto en Uruguay ya es raro y tenerte en Uruguay ya es un lujo, ¡gracias por ello! Pero empecemos por donde podemos. La app puede estar funcionando en seis meses y no precisamos cambiar la constitución. Los cantones soberanos, si algún día llegan, llegarán porque demostramos que otra forma de gestionar es posible. No al revés.
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Artículo de referencia: La Falange de la Libertad (Carlos Abel Olivera)
Mi artículo anterior: ¿Por qué Uruguay necesita dejar de pensar en departamentos?
Fundamentos IRDA: Uruguay pre-autoritario
