Soberanía Celular y Confederación Líquida: el Uruguay que podemos ser.

El presente artículo pretende ofrecer un proyecto para que el Uruguay salga del estancamiento. Aspira a ser breve y conciso, de forma tal que genere conceptos claros que puedan ser asumidos o criticados.

Pienso que la propuesta hace posible las de Oscar Ventura (link), Beatriz Lopez (link) y Jorge Martínez (link) al no incluir el pecado capital de estas tres: depender de la voluntad del sistema político. Ahora, como lo prometí, estamos los cuatro en la misma falange.

Diagnóstico

  • Uruguay está estancado desde hace décadas (educación, seguridad, economía, pobreza, demografía).
  • El actual sistema normativo e institucional es incapaz de enfrentar las reformas que saquen al país del estancamiento (cada intento de reforma, en los más disímiles campos, ha fracasado).

Hipótesis

Se requiere una solución que:

    1. En un solo movimiento habilite los múltiples cambios necesarios y deseados.
    2. Habilite diversas soluciones, de forma que puedan ser satisfechos diferentes puntos de vista y no se precisen consensos paralizantes.
    3. No dependa de la voluntad del sistema político.

Propuesta

Convertir al Uruguay en un país confederado, con la “Localidad” como unidad básica de soberanía o de “propósito” (similar a las “Comunas” en Suiza).

Características:

  1. Cada Localidad (usamos como base las 652 “localidades” del Censo 2023) asume tantas funciones como pueda y quiera (educación, salud, seguridad, planeamiento urbano, etc.).
  2. Para cumplir con funciones que no pueda asumir individualmente o sea más eficiente asumir en mayor escala, puede coaligarse a una o más Localidades. De esta forma, se pueden crear diferentes “clúster” de localidades dependiendo del objetivo, pudiendo una misma Localidad integrar varios “clúster” a la vez. (“Jurisdicciones Funcionales, Superpuestas y Competitivas” de Eichenberger & Frey)
  3. Cada Localidad puede, a voluntad de sus votantes, fusionarse con otras o subdividirse.
  4. Funciones centrales sugeridas: Relaciones Exteriores, Defensas u otras a definir. En cualquier caso, las mínimas posibles.

A modo de ejemplo, Suiza tiene 2,131 comunas. El número ha disminuido progresivamente debido a fusiones voluntarias para mejorar la eficiencia administrativa (de más de 3.000 en el siglo XIX a 2.131 actualmente).

Coexisten comunas con menos de 100 habitantes (Corippo con 12) con otras de cientos de miles (Zurich con 440,000). De la misma forma, las funciones que asume cada una son muy diversas.

Ventajas de diseño y operación

  • Axiológica: Una potente legitimidad de sus actos, basados en muchos casos, con la democracia directa. Es el fin de la “infancia cívica”.
  • Económica: Cada Localidad funciona acorde a sus posibilidades y las prioridades de sus ciudadanos, con la información de primera mano, generando los enlaces que requiera y asumiendo responsabilidad directa por sus decisiones.
  • De anti fragilidad: Las 652 Localidades (pueden ser más si Montevideo se divide en sus 62 barrios pues las localidades censales y municipios integran realidades muy diferentes) generan 652 alternativas en formas de gobierno, normas etc. forman meta estructuras fluidas y voluntarias (clúster de Localidades). Las buenas experiencias se copian, las malas sirven de experiencia sin generar “fallos sistémicos” de un modelo centralizado.

Ventajas de implementación

  • “Bypassea” el establishment corporativo que frena hoy cualquier reforma (sistema político, élites sindicales y empresariales) poniendo la “llave” en manos de la ciudadanía.
  • Mensaje claro y conciso: “Para que usted decida siempre y no cada 5 años” generando una soberanía de “escala humana”.

Retos

  • Organizar un movimiento ciudadano que impulse la propuesta desde cada localidad.
  • Construir una propuesta de transición que permita trasladar, con los menores impactos negativos posibles, la soberanía a la localidad (Reforma Constitucional, Leyes, Instituciones).
  • Una vez lograda la reforma, existen dos retos esenciales: el aprendizaje ciudadano en el ejercicio de la gobernanza local, el aprendizaje en la coordinación horizontal entre Localidades.

El «pero» cultural que no es: «anarco-conservadurismo» uruguayo.

Uno de los cuestionamientos a la propuesta de llevar la soberanía a nivel local es el de que los uruguayos sean conservadores y que no se puedan autogestionar.

Es cierto, los uruguayos son conservadores, pero ese «conservadurismo» tiene apellido: anarquista. Este término (anarco-conservadurismo) de Carlos Filgueira define mucho mejor la cultura oriental. «Son ingobernables» dijo resignado Lorenzo Latorre.

El Uruguay no se opone frontalmente: te dice «ok», da la vuelta y luego hace lo que se le canta. Así funcionamos.

Es una rebeldía silenciosa, de «facto» y no de «iure», es un acto individual. No responde bien al verticalazo.

Cualquiera que haya dirigido personas en Uruguay lo sabe: el mando debe ser ejercido con mesura, pues la sublevación está a flor de piel. Lo saben los políticos que no logran impulsar cambios reales.

Lo extraño en el Uruguay no es la autonomía (que le es natural) sino justamente el unitarismo vertical que le es culturalmente ajeno y es un injerto artificial de principios del S. XX que el cuerpo social rechaza, insisto: con su conducta anárquica.

La responsabilidad sobre los hombros = los pies sobre la tierra.

Los diseños normativos e institucionales condicionan la forma de pensar, premian y castigan, contribuyen a instalar valores.

Que las decisiones colectivas (reservadas al Estado) se tomen a nivel de Localidad, obliga a madurar a los individuos pues asumirán en el corto plazo las consecuencias de sus decisiones: más gastos implicará más impuestos, más restricciones a la inversión implicará más desempleo, las ineficiencias en la coordinación con otras localidades se pagan con servicios deficientes.

Las decisiones suizas que celebramos (rechazar la renta básica universal, por ejemplo) nacen del mismo lugar: peso sobre los hombros = pies sobre la tierra.

El diseño de «soberanía celular», condiciona a la madurez ciudadana. elimina la enajenación que provoca un gobierno central y distante.

¿Qué vamos a hacer para empezar?

  • Redactar un Manifiesto que resuma la propuesta y difundirlo por todo el país, agregando ejemplos concretos para mostrar la problemática actual de estancamiento y asimetría, así como las posibilidades que se abren con las soberanías locales.
  • Crear: sitio web, canal de YouTube, tik tok, Instagram, Facebook, “wiki” para listar cambios normativos necesarios y posibles soluciones, simuladores de impuestos y normativas locales con situación actual y situación potencial a partir de cambios. Elaborar artículos de prensa escrita, lograr presencia en radio y televisión.
  • Recorrer el país intercambiando con la ciudadanía, generando alianzas con líderes y ciudadanos locales (hoy en día ya hay interesados en varios lugares).
  • Generar casos “piloto” simulando la organización propuesta en Localidades elegidas: recopilar evidencia y mejorar. En la medida de lo posible, generar también clúster experimentales.

Lo que buscamos es hacer realidad el Artículo 1 de la Constitución: que la República Oriental del Uruguay sea “la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio” y no de las corporaciones que hoy la manejan, reconstruir el país de abajo hacia arriba, devolviendo el poder a los ciudadanos (“mi autoridad emana de vosotros y cesa ante su presencia soberana”).

No tiene banderas políticas, no ofrece soluciones, sino que LA SOLUCIÓN es liberar a los individuos para que puedan, en conjunto, generar las suyas. Un país de muchas «polis» diferentes, marchando juntas hacia un futuro de progreso común, cada una aportando lo mejor de sí.

Muchas veces se tila de «soñador», «utópico», o «apasionado» (como antítesis de racional) a quien se atreve a mirar los problemas a los ojos, descartar las soluciones que en realidad no están disponibles y que solo son una ilusión o un placebo y encarar (dijera mi amigo Jorge Martínez Jorge) la «larga marcha» hacia los cambios reales.

Nadie dice que sea fácil, pero es un camino que depende de los ciudadanos (en lugar de tener que suplicarle quejosamente a un político con la certeza de no lograr cambios sustanciales) y el premio es definitivo: que el camino siga dependiendo de los ciudadanos.

Es la aplicación práctica de la frase de Artigas “Nada podemos esperar, si no es de nosotros mismos”.

¡Adelante Orientales!

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