Veo el mundo en estos días, a Estados Unidos sacando a Maduro de Venezuela (porque puede) y los venezolanos celebrando, Estados Unidos confiscando buques petroleros (porque puede), abandonando organismos internacionales (porque puede).
La realidad es que siempre pudieron y al mundo se le olvidó y pensó que al poder puro y duro (da igual si el de la US Navy, el de Maduro, o el de los Ayatolas) se le detiene con comisiones flácidas y organismos huecos. Esa distorsión de la realidad hizo que los burócratas flácidos, ONGs de ceños fruncidos y manifestantes policromáticos abusaran muchísimas veces de un poder que en realidad no tenían.
La realidad es que siempre pudieron y al mundo se le olvidó y pensó que al poder puro y duro (da igual si el de la US Navy, el de Maduro, o el de los Ayatolas) se le detiene con comisiones flácidas y organismos huecos. Esa distorsión de la realidad hizo que los burócratas flácidos, ONGs de ceños fruncidos y manifestantes policromáticos abusaran muchísimas veces de un poder que en realidad no tenían.
No puedo dejar de pensar que, por primera vez en mucho tiempo, se está desmontando esa costra hipócrita que se fue formando por décadas: cientos de organizaciones parasitarias llenas de burócratas que jamás resolvieron nada (al contrario). Comisiones, organismos de Derechos Humanos integrados y presididos por violadores contumaces de dichos derechos, ambientalismo hambreador impuesto desde la riqueza sin pensar en la miseria que generan sus absurdas cruzadas. Países enteros oprimidos por décadas gracias a complicidades y discursos grandilocuentes pero vacíos.
Hace unos días se liberaron presos políticos en Venezuela, pareciera que los sangrientos Ayatolas estén por caer en un sufrido Irán que vive una revolución silenciada por la gran prensa. ¿Quién sabe cuánto le quede al nefasto régimen de La Habana?
Hace años que la gente se aburrió de los hipócritas, de la falsedad del status quo, del secuestro de la sociedad por minorías que imponen sus preferencias a golpe de violencia, de aprovecharse de la tolerancia de las mayorías y a caballo del erario público, de una casta local y mundial que parasita a las sociedades con maneras aristocráticas.
Por eso, año tras año, en la política se alzan los outsiders: el mundo busca autenticidad, no importa si buena o mala, pero autenticidad.
Ahora, la cortina ha caído y la realidad se presenta tal cual es, nos guste o no nos guste.
Como dijera Cantinflas en «Su Excelencia»:
Estamos peor, pero estamos mejor. Porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad.
