Detrás del discurso

En Ciencia Política y Comunicación, los mensajes ocultos o subconscientes detrás de los discursos se conocen comúnmente como comunicación no verbal, lenguaje hipnótico o neurocomunicación política. En el mundo de la posverdad se influye en el ciudadano a través de emociones y percepciones, más que por la razón.

El discurso presidencial del 2 de marzo no escapó a esta lógica. Por mas que sepamos de las carencias retóricas y hasta de porte presidencial que el propio Orsi ya ha confesado reconocer, tonto seria obviar que el discurso fue parte de una estrategia comunicacional.

El presidente tiene un grupo de asesores en comunicación y a nadie sorprendió verlo leer un discurso pergeñado por “pluma ajena” con furcios y apelaciones a temas ignotos que desnudaron la autoría. Al humilde y campechano Yamandú jamás se le hubiera ocurrido decir tres o cuatro veces “yo tomé esa decisión”. Reafirmarlo una y otra vez solo desnuda que eso lo escribió otra persona. Y lo que es peor. Genera la sospecha sobre si realmente fue él quien tomó esas decisiones. ¿Será cierto entonces lo del Triunvirato?

En cualquier caso es el discurso presidencial y la responsabilidad siempre recaerá sobre la cabeza de quien lo lee. (Cuanta nostalgia nos asalta recordando grandes oradores de otrora)
Que Orsi se haga cargo de lo que dice o lo que lee es lo único que importa.

Analizar lo leído el 2 de marzo citando taxativamente los logros auto conferidos, las medias verdades, las mentiras, las pocos realizaciones reales y una docena de promesas es una tarea impropia para quienes nos creemos analistas políticos. Texto sin contexto en la comunicación política de hoy en día es conformidad con la superficie. Hacer la plancha citando un discurso liviano y pobre en contenidos. Eso se lo dejo a los pibes noteros de los informativos de tv (sin generalizar obviamente)

El contexto justifica -en todo caso- la imperiosa necesidad de autoafirmación por parte del presidente, la disciplinada respuesta Pavliana de aplausos fócidos de una platea oficialista y la desesperada búsqueda de fidelización de un “amor no correspondido” de buena parte del electorado frentista que hoy no simpatiza con la gestión presidencial. Hasta parecía que tenían un guión escrito de cuando aplaudir cual focas en Mundo Marino.

Es que no hay análisis del discurso que soslaye la abrupta caída en la aprobación de la gestión en todas las encuestas de opinión pública. No se puede tapar eso ya. Hasta Cifra o Bottinelli están mostrando una brecha preocupante entre la aprobación y la desaprobación de gestión. En el caso de Cifra empieza a preocupar también la caída en la simpatía que genera la figura del Presidente. Es sabido que no siempre están alineadas las preferencias entre gestión e imagen personal. Por tanto el discurso leído sin digerir este contexto es como mirar un partido de futbol sin pelota y sin arcos.

Orsi tenía la imperiosa necesidad de mostrar una enorme sucesión de nimiedades travestidas de logros para reafirmar su mesocrática “revolución de las cosas simples”. Pero además y para superar fuego amigo y del otro necesitaba imperiosamente “vender realizaciones y grandes titulares” a futuro. Lo más resonante fue el Ministerio de Justicia (un chiche soñado por el dr. Diaz) y alguna obra publica referida al transporte interurbano y el Hospital de la Costa (no tiene mas remedio dado que necesita neutralizar la imagen del Hospisl del Cerro de administración Lacalle).
Y como gran obra anunció dos cárceles para 50 personas.
¡Déjate de embromar Yamandú!
Lo del Ministerio de Justicia hay que impedirlo aunque algo me dice que vamos a plantear mal ese tema. No se trata de rechazarlo porque ahí va a ir jorge Diaz. Hay que rechazarlo porque es una herramienta que no puede quedar en manos de un gobierno pro Chavista. Con Jorge Díaz a la cabeza o sin él. Lo de la obra pública para complacer empresas de transporte también habría que revisarse.

El discurso de Orsi busca mimetizarse en nuestra falsa imagen de ser hoy aún una democracia perfecta. Ya no lo somos.
Sus intentos por ofrecer imagen de Estadista que respeta políticas de Estado son estériles dado que los hechos refutan sus palabras. Dinamitar Cardama, Arazati, reforma educativa, etc sin importar el valor intrínseco de la Seguridad Jurídica no hay discurso -por hermoso que fuere-que lo pueda disimular. Los bostezos de Caro Cosse durante el discurso fueron toda una confesión de aburrimiento

Los olvidos a las 15 renuncias de jerarcas en 12 meses, las decenas de empresas importantes que cerraron o los interminables conflictos en la Pesca o el Puerto o Conaprole forman parte del más estruendoso silencio que jamás hubiéramos imaginado en el speach de balance al primer año de gestión. Menos ayun los papelones internacionales con pasaportes mal confeccionados. Y de postre esperábamos que fijaran en fecha para el tan anunciado “Plan de Seguridad pública” que lleva ya un año de atraso.

Fue insólito oír la promesa de Orsi respecto a una próxima intervención del barrio Cerro Norte. En un país sensato eso seria consecuencia de un plan previo de Seguridad. En nuestra Republica de Sinaloa del Sur primero van a sitiar a un barrio de zona “roja” y luego-tal vez- , ojalá o cuando a Negro “se le cante”, tendremos los uruguayos (asustados de tanta balacera) un Plan de Seguridad pública.

Detrás del discurso : No existe la revolución de las cosas simples. Fue la revolución de la Nada. Es simple. Terminoy todo en un pobre debate público sobre pasacalles. Pobre pais.

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