¿Precisamos Intendentes?

La pregunta incómoda que nadie quiere hacer

Cada vez que se habla de reformar el Estado uruguayo, la conversación gira en círculos conocidos: representación proporcional en las Juntas Departamentales, autonomía real para el tercer nivel de gobierno, eliminar las listas sábana, independencia financiera de las intendencias respecto al gobierno nacional.

Todo eso está muy bien. Son reformas necesarias, sensatas, largamente postergadas.

Pero hay una pregunta más incómoda que nadie se atreve a formular: ¿para qué necesitamos un intendente que «decida» dónde va la máquina de carreteras?

El sistema actual: clientelismo con olor a nafta

Pensemos en algo tan simple como un pozo en la calle.

Hoy el proceso es el siguiente: hay un pozo frente a tu casa. Si tenés contactos, le pedís al edil de tu zona que interceda. El edil le pide al intendente. El intendente evalúa si tu calle es «prioridad» — lo cual en la práctica significa: ¿votaste bien? ¿Conocés a alguien? ¿Tu barrio es estratégico para la próxima elección?

Quizás en dos años lo arreglan. Quizás nunca. No hay forma de saberlo, no hay registro público de tu pedido, no hay consecuencias si te ignoran.

El clientelismo político -que todos denuncian pero nadie desmantela y el frente amplio tiene 450 lugares en todo el territorio nacional para «comer la oreja a gente que se siente sola»- sobrevive precisamente porque la brecha entre lo que el político dice y lo que hace es invisible. Una vez más repito: MIREN LO QUE HACEN LA TRAMPA ESTÁ EN EL DISCURSO. El intendente promete arreglar tu calle. El pozo sigue ahí tres años. No queda constancia de la promesa incumplida. En la siguiente elección, promete lo mismo. Y muchos le vuelven a creer.

La discrecionalidad como negocio

El problema no es la burocracia. La burocracia, bien gestionada, es necesaria.

El problema es la discrecionalidad. Que una persona -el intendente, el director, el jerarca de turno- tenga el poder de decidir arbitrariamente a quién se le resuelve el problema y a quién no.

Esa discrecionalidad es la materia prima del clientelismo. Es lo que se intercambia en la trastienda: «Te arreglo la calle, pero acordate en octubre». Es lo que permite que un funcionario público termine regalándole una casa a quien no debería o se ponga las luces a la entrada del balneario donde vive y deje todo lo demás oscuro. Eso se llama usar dineros públicos para beneficio privado e individual. Es lo que hace que los recursos vayan a donde conviene políticamente, no a donde se necesitan y así los ciudadanos somos esclavos del político de turno que además creó un sistema cerrado donde decide su salario y siquiera discute el 99% del presupuesto y así ya han pasado 4 elecciones. Es por ello que muchas veces escuchamos lo que dicen y repetimos: «pero en ¿Qué país vive este político para decir lo que dijo?» Justamente vive en su mundo protegido y con dinero en el bolsillo siempre. Cuando Fernando Pereira dijo que los pasacalles que decían: «el gobierno te mintió salieron quince mil dólares» ¿de qué creen que hablaba? Hablaba de su mundo hasta que salió el twittero que los hizo y mostró una foto de las latas de pintura y los pasacalles hechos de forma casera. En el discurso muestran su mundo y en los hechos se ve la realidad. Otro ejemplo es cuando Carolina Cosse decía que «no hay rumbo» hablaba del gobierno de Lacalle o de su propio partido político. Resulta obvio ¿no?

Y ninguna reforma institucional -por más bienintencionada que sea- va a eliminar eso mientras el sistema dependa de que alguien «decida». Las decisiones nunca son racionales y esto es algo muy humano…

La comparación que nadie hace

Uruguay tiene 3.5 millones de habitantes y 19 intendentes. Eso es un intendente cada 184,000 personas.

China tiene 1,400 millones de habitantes y 2,854 divisiones administrativas a nivel de condado. Eso es una división cada 490,000 personas casi tres veces más gente por unidad administrativa que Uruguay.

Pero pongámoslo más claro: Guangzhou (la antigua Cantón) tiene 18.6 millones de habitantes. Cinco veces Uruguay. Funciona como una sola unidad administrativa. No tiene 19 feudos con 19 señores decidiendo discrecionalmente dónde va la máquina que tapa los pozos.

Uruguay entero cabría cinco veces dentro de una sola ciudad china de segundo nivel.

¿De verdad necesitamos un caudillo con discrecionalidad cada 184,000 personas para decidir a quién se le arregla la calle y a quién no? ¿O será que esa estructura existe precisamente porque es funcional al clientelismo?

APPMi Territorio: la alternativa que nadie controla

Existe otra forma de hacer esto.

La aplicación llamada Mi Territorio que luego @yucayo la rebautizó Prometeo funciona así:

Vos reportás el problema. Sacás una foto del pozo, la luz quemada, el contenedor desbordado. La app registra automáticamente la ubicación GPS exacta y los metadatos de fecha y hora. No podés inventar un pozo que no existe.

Otros verifican. Vecinos de la zona pueden confirmar: «sí, el pozo está» o «ya lo arreglaron». Si cinco personas reportan el mismo problema, sube la urgencia. Si alguien dice que se resolvió, otro vecino puede subir foto verificando. La validación es ciudadana, no burocrática.

Blockchain registra todo. Cada reporte queda grabado en un registro inmutable. Nadie puede borrar que el pozo estuvo 847 días sin arreglar. Nadie puede alterar la fecha del reporte original. El intendente no puede decir «eso nunca pasó» porque quedó registrado para siempre.

Los datos deciden la prioridad. Más reportes + más antigüedad + más gravedad + mayor cantidad de personas que afecta= más arriba en la lista. El algoritmo es público, cualquiera puede auditarlo. No hay «criterio del funcionario». La máquina de carreteras va donde hay más pozos reportados, no donde el intendente tiene compromisos electorales.

¿Pero quién controla eso?

La objeción inmediata es predecible: «Eso es tecnocracia. ¿Quién controla a los que manejan la app?»

La respuesta es: nadie y todos.

No hay un funcionario detrás filtrando reportes. No hay una oficina que pueda «perder» tu reclamo convenientemente. No hay un técnico decidiendo qué es válido y qué no.

El código es abierto cualquiera puede ver exactamente cómo funciona el algoritmo. Los datos son públicos cualquiera puede verificar qué se reportó, cuándo, y si se resolvió. El ciudadano se registra con sus datos personales pero aparece con un nombre ficticio así nadie puede perseguirlo. La verificación es ciudadana son los vecinos los que confirman o desmienten. Si los ciudadanos mienten se les pone una multa y si aportan valor a lo largo del año se les hace un descuento en la contribución inmobiliaria.

¿Quién controla? Los mismos ciudadanos que hoy no pueden controlar a nadie. La diferencia es que ahora tienen las herramientas para hacerlo. ¿Se dan cuenta que Uruguay no es una democracia plena?

Lo que el clientelismo necesita para existir
(En este momento, está pasando un auto 10:29 am con un megáfono haciendo publicidad del frente amplio e invitando a la gente a un espectáculo pago con dineros públicos) Contaminación sonora, volumen comprobado y como siempre IMPUNIDAD TOTAL.

El clientelismo político necesita tres cosas para sobrevivir:

1. Discrecionalidad — que alguien pueda decidir arbitrariamente (pero el discurso es lo colectivo es lo más importante cuando es la justificación para que se sientan buenos)
2. Opacidad — que no se pueda verificar qué se hizo y qué no
3. Desmemoria — que las promesas incumplidas se olviden. ¿Se imaginan tener el historial de HECHOS verificables sobre cómo se usan nuestros dineros públicos? Seguramente los únicos que no quieren esto serán los Intendentes y empresas prebendarias. Hoy todos los sobrecostos, lo pagamos todos los ciudadanos.

Mi Territorio ataca las tres simultáneamente:

– La prioridad la definen los datos, no una persona
– Todo queda registrado públicamente, en tiempo real
– Blockchain garantiza que nada se pueda borrar ni alterar

Además se establecerá un flujo para el mejor aprovechamiento de las herramientas y materiales.

Si la asignación de recursos es pública y basada en datos verificables, ¿qué queda para negociar en la trastienda? ¿A quién le regalás la casa si no controlás nada?

No es el fin de la política

Que quede claro: Mi Territorio no propone eliminar la política ni reemplazarla por un algoritmo.

Las Juntas Departamentales pueden -y deben- seguir existiendo para fiscalizar, legislar, definir políticas públicas. Los debates sobre qué tipo de ciudad queremos, cómo distribuir recursos entre zonas, qué prioridades estratégicas adoptar: todo eso sigue siendo político y debe seguir siéndolo.

Pero la gestión operativa los materiales, las máquinas, el mantenimiento cotidiano no necesita un caudillo que «decida» discrecionalmente. Necesita un sistema que funcione de manera transparente y verificable. Y así evitaremos que por ejemplo, un grupo de políticos decidan hacerse una piscina en su vivienda con dineros públicos.

Mi Territorio no es el reemplazo de la política. Es el reemplazo del intermediario corrupto.

«Eso es poco humano»

Ya escucho la objeción: «Es una mirada fría, organizacional, poco humana.»

¿Poco humano?

¿Sabés qué es poco humano? Que tengas que conocer a alguien para que te tapen el pozo. Que tu calle se arregle según cómo votaste. Que tu reclamo se «pierda» si no sos del palo. Que tengas que mendigar lo que te corresponde por derecho.

Eso es poco humano: ser esclavo del favor político.

Mi Territorio no deshumaniza. Libera. Te saca de la dependencia del caudillo y te da herramientas para exigir como ciudadano, no para pedir como súbdito.

La mirada es organizacional, sí. Porque el problema es organizacional. No es que los intendentes sean malas personas, solo demuestran quienes son ante las oportunidades, es que el sistema está diseñado para que la discrecionalidad sea moneda de cambio. Cambiás el sistema, cambiás el resultado. Sin necesidad de esperar que aparezca un intendente «bueno».

¿Querés saber qué es profundamente humano? Uruguayos articulando acciones entre sí para mejorar Uruguay y así creando algo que nos es escaso: SENTIDO COMUNITARIO. Vecinos verificando si el pozo se arregló. Ciudadanos coordinando recursos sin pedirle permiso a nadie. Comunidades organizándose con herramientas propias, no prestadas por el poder de turno.

Mi Territorio es el valor humano uruguayo puesto en acción. El político de turno es el que te trata como ganado electoral.

La democracia como verificación permanente

Nos enseñaron que la democracia es votar cada cinco años y después esperar. Elegimos al intendente, al presidente, a los legisladores, y rezamos para que cumplan.

Pero eso no es democracia. Es delegación ciega. La democracia real debería ser la capacidad de verificar, todos los días, si te están cumpliendo. No confiar: verificar. No pedir por favor: exigir con datos.

Entonces, ¿precisamos intendentes?

Precisamos que alguien coordine. Precisamos que alguien rinda cuentas. Precisamos instituciones que funcionen.

Lo que no precisamos es un señor feudal que decida discrecionalmente quién merece que le tapen el pozo y quién no. Eso no es democracia. Es clientelismo con sueldo público. Esto también llevaría a usar mejor los recursos en los 19 departamentos para que por ejemplo las máquinas que tenemos estén en uso permanente para mejorar el territorio.

Y la tecnología para superarlo ya existe.

¿Se imaginan cuánta libertad nos dará la tecnología cuando los ciudadanos se involucren directamente en la mejora de su propio territorio?

Hoy perdemos tiempo escuchando discursos que venden ilusiones. CANSAN Y ABURREN. Además ya sabemos que el «gobierno te mintió» confirmado por ellos mismos. Promesas que se repiten elección tras elección mientras los pozos siguen ahí, las luces siguen quemadas, los problemas siguen sin resolver.

Hay otra forma: mirar los datos y su congruencia con la realidad. Además no hay un tema menor aquí el dato tiene que ser congruente con la naturaleza de lo que se mide, de lo contrario es manipulación a través del dato. Verificar, no confiar. Exigir, no mendigar.

Porque cuando no podés verificar nada, cuando dependés del favor del caudillo, cuando tu voz no cuenta -y el político te maltrata (caso Charles Carrera en videos públicos)- dejás de ser ciudadano y te convertís en esclavo. Y eso trae lo que ya conocemos: malestar, desesperanza, vidas sin sentido, suicidio y comunidades rotas.

¿Vamos a seguir con la misma dinámica de conducta donde una ciclovía que salió 1 millón de dólares el siguiente intendente ahora quiere sacarla al igual que otros bancos que salieron 400.000 dólares? ¿Queremos seguir así? Demasiado EGO. El político no debería ni aparecer como en Suiza. Lo que tenemos no es bueno es pésimo si nos atamos al miedo y a la tentación de la certidumbre (algo que los políticos te dicen para engañarte: «les damos la certeza» ¿no se dan cuenta que en ese discurso está la trampa? Conexión ganadera hizo exactamente lo mismo. Su argumento de venta fue: «Invertí en el negocio más seguro de la historia». Cuando alguien dice eso es porque su lema oculta su acción… quedó demostrado. ¿Aprendemos? Precisamos datos y verificación de HECHOS, es simple.

Mi Territorio devuelve el poder a donde siempre debió estar: en los vecinos que viven el problema, no en el político que lo administra.

¿Qué vamos a elegir? ¿Seguir esperando que el próximo intendente sea «el bueno»? ¿O empezar a construir las herramientas que nos hagan libres de cualquiera de ellos? Esperar es un error hay que hacer de forma diferente, organizada y donde se comprueben los hechos.
Agesic podría comenzar a hacer esto… solo si los ciudadanos así lo eligen. ¿Lo eligen? O tal vez mejor será que los ciudadanos lo hagamos y punto.

¿Precisamos intendentes? para mí no. Precisamos un gerente de proyecto que instrumente equipos en función de un urbanista que diseñe la ciudad y no improvisaciones que cambian la dirección cada año o cada 4 años.

¿Cómo surge esta idea?

Esta idea nace de un debate en el equipo de @contraviento @ONVentura, @yucayo -quien rebautizó el nombre de la appMiterritorio como Prometeo quien en un acto, motivado por su amor a los humanos y el deseo de ayudarles, permitió a la humanidad desarrollar la civilización y el progreso técnico-, y @jorgemartinezjorge quienes conversaban y proponían sobre cantones y descentralización. Yo leía en silencio pensando: ¿Qué puedo aportar acá? en ese momento pensé «Nada«.

Hasta que @LizabethBedat preguntó: «¿Por qué @belolo22 no opina sobre esto de los cantones?

Esa pregunta me destrabó y me abrió la puerta a animarme a reflexionar en profundidad sobre posibles soluciones. Y acá estamos.

Gracias a todos. Esto es lo que pasa cuando un equipo debate en serio: alguien escucha, alguien pregunta, y aparece algo que ninguno tenía solo y sobre todo porque queremos ver otro Uruguay donde la gente sea protagonista de su propia vida y no esclava de un Estado que además está ausente en la educación y la seguridad algo que es lo básico que debería hacer nada más.


Encontrará los antecedentes en los artículos:
1) https://contraviento.uy/2025/12/26/por-que-uruguay-necesita-dejar-de-pensar-en-departamentos/
2) https://contraviento.uy/2025/12/29/cuatro-visiones-de-transformacion-coincidencias-y-discrepancias/

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