Ormuz: el bloqueo del desbloqueo del bloqueo

Enrique Guillermo Hernandez

Parece una farsa, un guion satírico mal ensayado, pero es la cruda geopolítica del siglo XXI. El tablero internacional nos acaba de regalar la jugada más delirante y, sin embargo, más efectiva de la temporada: el bloqueo del bloqueo que, de forma casi mágica, está logrando desbloquear el bloqueo.
En el Estrecho de Ormuz hoy la tensión se corta con un cuchillo y la estrategia de asfixia, contra todo pronóstico de los analistas tradicionales, está demostrando resultados palpables.

La patada al tablero
Todo este ajedrez al borde del abismo comenzó hace apenas cuarenta y ocho horas, cuando el vicepresidente J.D. Vance decidió patear el tablero. Al abandonar intempestivamente las negociaciones de paz en Islamabad y declarar que las exigencias iraníes eran inaceptables, Washington dejó en claro que la vía diplomática tradicional había caducado. Era el momento de apretar la yugular.

Decodificar a la Casa Blanca
Para comprender este circo de intereses hay que quitarse la careta y mirar bastante más allá de los titulares alarmistas. Cuando Donald Trump sale a vociferar que va a barrer del mapa a cualquier buque iraní, el mundo occidental se lleva las manos a la cabeza. Pero atención, lectores: para decodificar los comunicados del inquilino de la Casa Blanca, hay que observar detenidamente a quién le está hablando.

El idioma que sí se respeta
En el Medio Oriente no sirve el lenguaje de los trajes a medida y las cartas de «enérgica condena». En ese vecindario, si se pretende amenazar, se hace exhibiendo todo el arsenal. Trump no anduvo con poesía en sus redes sociales: advirtió que cualquier iraní que dispare será «volado al infierno» (blown to hell), comparando explícitamente su táctica de aniquilación con la que utiliza la guardia costera contra las veloces lanchas del narcotráfico en el Mar Caribe.
Lo que a los oídos europeos les suena a bravuconada, es el único idioma que se respeta en la región. Prometer el apocalipsis absoluto es la cuota de entrada para sentarse a imponer condiciones.

El embudo militar en cifras
La estrategia operativa es un embudo militar sin precedentes. El Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) anunció un bloqueo sistemático a los puertos iraníes. Las cifras son lapidarias: antes cruzaban el estrecho unos cien barcos diarios; hoy es un desierto marítimo. Apenas tres embarcaciones, entre ellas el Rich Starry y el Elpis, lograron cruzar ayer bajo la estricta lupa estadounidense, única y exclusivamente porque no se dirigían a puertos iraníes. En el mismo lapso, los destructores de la coalición obligaron a seis mercantes a dar media vuelta hacia el Golfo de Omán.

Niebla de guerra y relato
Por supuesto, en la niebla de la guerra, el choque de relatos es el plato principal. Mientras agencias como Reuters aseguran que un petrolero de propiedad china logró romper la línea, el CENTCOM jura públicamente que nadie vulneró su cerco en las primeras veinticuatro horas. *Pekín observa en silencio, pero con la mano en la funda*, recordando que es el cliente predilecto de Teherán.

El abrelatas diplomático
Y es precisamente en este escenario de asfixia donde el brutal traductor demostró su eficacia. La exhibición obscena de fuerza hizo saltar los fusibles correctos. Apretaron la tuerca económica hasta que crujió la estructura financiera de las exportaciones de crudo. Como resultado, y ante el inminente estrangulamiento, presenciamos el giro de tuerca magistral: este mismo jueves, Irán ha accedido a reabrir en Washington la misma mesa que Vance había dinamitado en Pakistán.

La moraleja del ajedrez
En el ajedrez de las grandes potencias, nadie da puntada sin hilo. Conviene no dejarse engañar por los gritos para la tribuna;  el lenguaje pesado de los destructores y las amenazas sin filtro terminaron siendo, paradójicamente, el mejor abrelatas diplomático de la semana.

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