Es comprensible que tu cerebro, ese órgano rudimentario que solo entiende de «sumar» y «restar» pesos en la billetera, entre en cortocircuito ante la genialidad de la política energética actual. Pero no te preocupes, para eso estamos los iluminados de la macroeconomía: para explicarte por qué ese 14% acumulado en naftas y ese glorioso 21% en gasoil son, en realidad, una caricia al alma del trabajador y un turbo para la producción nacional.
Es cierto, Uruguay tiene uno de los combustibles más caros del planeta Tierra (y posiblemente de Marte, si hubiera estaciones de servicio allá). Pero lo que tú llamás «caro», el Gobierno lo llama «Exclusividad Premium».
Al aumentar el precio del gasoil, por ejemplo, el gobierno está planteando una estrategia que se no se le ocurrió a ningún otro gobierno en el mundo. Te lo explico. Tranquilo.
Razoná conmigo: Si el gasoil es prohibitivo, el productor rural deja de usar el tractor y vuelve a la tracción a sangre. ¿Resultado? ¡Cero emisiones de carbono y un físico de gladiador para el peón de campo! Uruguay se vuelve competitivo al exportar carne «producida con sudor humano real», un nicho de mercado carísimo en Europa, que incluso aún ni se ha creado. Seremos pioneros en ese rubro.
Tú, en tu ignorancia supina, creés que el aumento te empobrece. ¡Error! El Gobierno, en su infinita nobleza, sabe que sos un gastador compulsivo.
Al cobrarte la nafta a precio de perfume francés, te están obligando a practicar el «Mindfulness Logístico».
Ya no vas al súper en auto; vas caminando, lo que mejora tu salud, reduce el gasto en mutualistas y, por ende, mejora el salario real (porque no gastás en medicamentos para el colesterol). Es una jugada maestra de ajedrez tridimensional que tu mente, ocupada en llegar a fin de mes, no logra procesar.
El Gobierno afirma con orgullo que fuimos los que menos subimos los combustibles. Es una verdad absoluta, si ignoramos el pequeño detalle de que ya estábamos en la estratósfera.
«Si ya estás en la cima del Everest, subir un escalón es un esfuerzo menor que el que hace alguien que está en el llano». Esa es la lógica. Somos líderes mundiales en estabilidad de precios altos. Mientras otros países sufren la volatilidad de precios bajos, nosotros nos mantenemos firmes en la excelencia del costo elevado. Eso da previsibilidad: ya sabes que, pase lo que pase, el mes que viene serás un 7% más pobre. Esa certeza no tiene precio.
Aquí te dejo una tabla comparativa para que intentes, dentro de tus limitaciones, entender el bien que nos hacen:
- El flete es más caro: Se fomenta la lectura (el camionero tiene más tiempo para leer mientras espera un flete que rinda).
- La comida sube por el gasoil: El Gobierno combate la obesidad nacional por la vía del mercado.
- El sueldo rinde menos: Menos dinero circulando baja la inflación (en la teoría de un universo paralelo).
- Uruguay es menos competitivo: Al revés: somos tan cracks que producimos caro y le venderemos sólo a los países ricos que quieren artículos de lujo y exclusivos, que como cualquier abombado sabe, cuestan más, y quienes compren pagaran sin chistar, con lo cual produciremos menos y ganaremos mucho más.
No intentes entender la macroeconomía. Es una ciencia mística donde los aumentos son «ajustes de competitividad» y el vaciamiento de tu cuenta bancaria es «dinamización del consumo futuro».
La próxima vez que veas el surtidor de la estación de servicio marcar un nuevo récord histórico, no llores. Sonreí, inflá el pecho y pensá: «Gracias, señores iluminados, por protegerme de la tentación de tener dinero sobrante».
Ser el país con la nafta más cara del mundo es un título de nobleza. Y la nobleza, como todos sabemos, siempre sale cara.
